Una nueva controversia nació en el fútbol inglés sobre una posible conexión entre los cabezazos y las lesiones cerebrales a largo plazo. Estas acusaciones han puesto a la Federación Inglesa de Fútbol (FA) bajo el foco público y judicial. En una defensa de 41 páginas presentada ante el Tribunal Superior, la FA sostiene que “no hay pruebas” que demuestren un vínculo causal entre los cabezazos repetidos o las conmociones cerebrales y el daño neurológico permanente en los futbolistas, según recogieron The Telegraph y The Times, quienes accedieron al documento legal.
La FA argumenta que no debe asumir un deber general de cuidado hacia los jugadores en lo referente a enfermedades neurológicas. En la demanda, que incluye a las familias de exfutbolistas como Nobby Stiles y Joe Kinnear, se rechaza que la práctica del fútbol sea responsable de patologías como la encefalopatía traumática crónica (CTE). Según alegaron, la hipótesis de que el cabeceo repetido, incluso sin conmoción, pueda causar daño cerebral a largo plazo, no ha sido comprobada. Además, la federación explica que los estudios existentes solo “indican que podría existir una relación”, pero “no establecen ningún vínculo causal” claro entre los remates de cabeza y la demencia.
La organización incluye en su defensa referencias a recomendaciones del Grupo de Conmoción Cerebral en el Deporte, presidido hasta 2022 por el doctor Paul McCrory, quien fue apartado tras acusaciones de mala conducta editorial y manipulación de publicaciones científicas. Según The Telegraph, la FA se apoya en estas fuentes para reforzar su postura de que la relación entre fútbol y daño cerebral sigue sin estar demostrada científicamente.
El argumento central se resume en la afirmación de que “en ningún momento relevante fue razonablemente previsible” que los futbolistas sufriesen enfermedades cerebrales debido a la práctica profesional. Además, niegan que deban asumir un deber general de diligencia hacia los millones de jugadores, postura que ha generado indignación entre familias y expertos.
Los argumentos de la FA sobre los cabezazos y las enfermdades
La evidencia científica ha crecido de forma notable en los últimos años. Uno de los estudios más citados fue dirigido por el profesor Willie Stewart en Escocia y financiado por la propia FA. Este trabajo, iniciado en 2017, concluyó que los exfutbolistas profesionales presentan un 350% más de probabilidades de morir por una enfermedad neurodegenerativa en comparación con la población general, según The Telegraph. El análisis también halló que los defensores, por su mayor exposición a remates de cabeza, tienen cinco veces más riesgo de padecer demencia que los arqueros, sin que se encontrara relación con otros factores de estilo de vida.
La doctora Ann McKee, reconocida autoridad en encefalopatía traumática crónica (CTE), sostiene que existen “pruebas abrumadoras” de que los traumatismos craneales repetitivos causan esta enfermedad. La especialista subraya que no solo las conmociones, sino también los golpes de menor intensidad acumulados durante años de práctica deportiva, son responsables de la aparición de la CTE.
En 2022, un grupo internacional de científicos aplicó los “Criterios de Bradford Hill” a la asociación entre impactos repetitivos en la cabeza y CTE. El resultado fue la identificación de “pruebas convincentes de una relación causal” entre ambos factores. Los hallazgos refuerzan la postura de quienes advierten sobre los riesgos neurológicos del fútbol, replicando argumentos empleados históricamente para otras enfermedades laborales.
El Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos sostiene en su sitio web que los impactos repetidos en la cabeza pueden provocar encefalopatía traumática crónica. Del mismo modo, la organización benéfica Headway UK señala que la asociación entre traumatismos craneales repetidos y afecciones neurológicas degenerativas está “bien documentada”.
Entre las pruebas clínicas recientes, un estudio de la Universidad de Stirling mostró una reducción del rendimiento de la memoria de entre el 41% y el 67% en futbolistas tras cabecear 20 veces un balón. Por su parte, la Universidad de Loughborough detectó e una investigación que las ondas de presión generadas por este tipo de remates superan los límites de sobreexposición del ejército estadounidense para militares en escenarios de explosión, sin que exista una diferencia significativa respecto a la época de los balones de cuero tradicionales.
Diversos forenses han atribuido la muerte de exjugadores a enfermedades laborales derivadas de su actividad deportiva. Casos como el de Alan Jarvis o Jeff Astle han sido reconocidos de manera oficial como fallecimientos vinculados a la práctica profesional del fútbol, como documenta la BBC.
Los protocolos aplicados por la FA
Frente a la creciente preocupación sobre el riesgo de lesiones cerebrales, la Federación Inglesa de Fútbol ha adoptado una serie de acciones y protocolos en los últimos años. De acuerdo con declaraciones recogidas en The Times, la FA señala que siempre han “estado a la vanguardia de los esfuerzos para ayudar a mejorar la seguridad de nuestro deporte”, destacando su papel pionero en la introducción de directrices integrales sobre el cabeceo tanto en el fútbol profesional como en el amateur.
Entre las medidas más notables, han prohibido la práctica del cabeceo en las categorías sub-11 y ha recomendado restricciones en los entrenamientos de fútbol base. Estas decisiones se han acompañado de la revisión y fortalecimiento progresivo de los protocolos de conmoción cerebral en todos los niveles del fútbol inglés, con el objetivo de alinear las prácticas nacionales con los estándares internacionales más exigentes.
La organización también ha financiado e impulsado investigaciones independientes, como el estudio dirigido por el profesor Willie Stewart, que analizó a casi 8.000 exfutbolistas profesionales y reveló un riesgo significativamente mayor de enfermedades neurodegenerativas en este colectivo, explicó The Telegraph. Además, han apoyado estudios recientes sobre los efectos inmediatos y a largo plazo del cabeceo que han aportado datos claves sobre la memoria y la presión intracraneal tras los impactos.
En sus comunicados, la FA insiste en que la relación entre los remates de cabeza y la salud cerebral a largo plazo aún requiere de análisis “objetivo, sólido y exhaustivo”, y subraya su compromiso con la seguridad y el bienestar de los jugadores.










