Murió Piculín Ortíz, leyenda del básquet que jugó en la NBA y fue miembro del Salón de la Fama

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José 'Piculín' Ortiz, leyenda del baloncesto puertorriqueño

José “Piculín” Ortiz, referente indiscutido del baloncesto de Puerto Rico y miembro del Salón de la Fama de la FIBA, murió en las primeras horas del martes a los 62 años a raíz de un cáncer colorrectal. El ex basquetbolista deja detrás una trayectoria que se extendió casi 25 años e incluyó cuatro participaciones olímpicas, pasos destacados por la NBA y los clubes más emblemáticos de España, y un legado que, en palabras de la presidenta del Comité Olímpico local, lo convirtió en un símbolo nacional en el país norteamericano.

Durante la madrugada, Ortiz falleció en el Hospital Ashford de San Juan, Puerto Rico, acompañado por su esposa Sylvia Ríos y su hija Neira, como reportó la Federación de Baloncesto de Puerto Rico en un comunicado oficial. Su última gran victoria en la cancha se produjo en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, cuando el equipo de Puerto Rico venció a Estados Unidos, en lo que fue su primera derrota en la máxima cita del deporte con un plantel integró de jugadores que militan en NBA, un hito que el ex jugador consideraba uno de los momentos más memorables de su carrera.

Conocido por usar el ya histórico número 4 en la camiseta y apodado “El Concord”, Piculín nació el 25 de octubre de 1963 en Aibonito y creció en Cayey. En 1987, fue seleccionado en el draft de la NBA por Utah Jazz con el puesto 15, siendo el segundo boricua en llegar a la liga tras Butch Lee. Su figura trascendió las fronteras del Caribe: jugó en el Real Madrid, el FC Barcelona y el CAI Zaragoza en España, participando activamente en la Liga ACB y conquistando la Copa del Rey y el subcampeonato de la Copa de Europa con el club catalán.

Piculín fue una estrella del básquet mundial (AP)

Su recorrido internacional incluyó clubes clave de Grecia como Aris Tesalónica, con el que obtuvo la Copa Korac, y otros equipos como Gymastikos Larissas e Iraklis Creta. A nivel nacional, Ortíz se consolidó como uno de los jugadores más laureados en la historia del Baloncesto Superior Nacional de Puerto Rico, donde logró ocho campeonatos y debutó internacionalmente en los Juegos Panamericanos de Caracas en 1983.

Su muerte provocó un inmediato reconocimiento en el ámbito deportivo. Sara Rosario, presidenta del Comité Olímpico de Puerto Rico, expresó su tristeza en un comunicado: “Puerto Rico pierde hoy a uno de sus más grandes atletas y a un verdadero símbolo de lo que representa competir por nuestra bandera. Piculín fue mucho más que un extraordinario baloncelista; fue un líder, un referente y un atleta que encarnó los valores del olimpismo en cada escenario en el que representó a nuestro país”.

Alex Cora, único puertorriqueño en conquistar la Serie Mundial de Béisbol como mánager, utilizó la red social X (Twitter) para agradecerle la huella en el deporte y la sociedad de la isla: “Gracias por tantos buenos momentos. Qué grande eres”. La despedida general incluyó mensajes que subrayaron su influencia: “Hoy Puerto Rico pierde más que un atleta. Pierde una leyenda. Tu legado vivirá en cada cancha y en cada generación que inspiraste”.

Ortíz con la camiseta del Real Madrid (Real Madrid)

En esa misma línea, la prensa local homenajeó de gran forma a uno de sus deportistas más reconocidos a nivel internacional. El diario puertorriqueñoo Nuevo Día publicó gran cantidad de notas tras su muerte, entre la que sobresalió un artículo bajo el título: “Dar lo mejor por nuestra patria”. En el video, Ortíz dejó un mensaje en el que resaltó la importancia de defender la camiseta del país en los grandes acontecimientos.

La carrera de José “Piculín” Ortiz se completó con su retiro en 2006 y su ingreso al Salón de la Fama de la FIBA en 2019. Su impacto fue especialmente recordado por su capacidad de liderazgo en la selección nacional, a la que representó en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, Barcelona 1992, Atlanta 1996 y Atenas 2004, además de su participación como un emblema en Mundiales y Juegos Panamericanos.

Con una estatura deportiva que lo llevó por las ligas más competitivas del mundo, Ortiz logró mantener una constante fidelidad a los colores de Puerto Rico. Su muerte no sólo marca la desaparición de un atleta de alto rendimiento, sino también la pérdida de un referente indiscutible en la historia del baloncesto puertorriqueño y latinoamericano.