
Paradójicamente, en la Argentina padecemos todas las consecuencias jurídicas, políticas, sociales, psicológicas, educativas, etcétera, de la aplicación de la teoría queer sin que ésta sea motivo de debates ni forme parte de la discusión pública, salvo muy marginalmente.
El queerismo entró como por un tubo, aceitado por el oportunismo de autoridades que encontraron en esto un camino corto hacia la construcción de una imagen demagógica de falsa inclusión y diversidad: Ley de identidad de género, DNI no binario, queerización de las universidades…
La despatologización de la disforia de género ha convertido al cambio de sexo en un simple trámite, la transición hormonal y quirúrgica es presentada como inofensiva y hasta reversible en algunos casos y todo ello en un proceso que puede —incluso debe— ser iniciado por la simple expresión de deseo de una persona, aun de un menor de edad.
Por eso es tan oportuna y necesaria la publicación de Nadie nace en un cuerpo equivocado en nuestro país.
Para presentarlo localmente, los autores del best seller, José Errasti y Marino Pérez Álvarez, visitaron Buenos Aires donde dictaron una serie de conferencias, en la Biblioteca Nacional, en la Cámara de Diputados y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, entre otros.

Los acompañó en este viaje Susana Al Halabi, especialista en problemáticas de suicidio en la adolescencia y doctora en Psicología de la Universidad de Oviedo.
La edición argentina del libro (por Booket, el sello editorial de bolsillo del Grupo Planeta), revisada y actualizada, cuenta con un epílogo de la doctora en Filosofía María José Binetti.
Esta publicación y la visita de Errasti y Pérez Álvarez son resultado de la gestión de Grace Spinelli fundadora de Padres Unidos contra la Ideología de Género en la ESI, agrupación que no ha cesado de denunciar la infiltración de esta doctrina en los contenidos de Educación Sexual Integral que se imponen en las escuelas.
Nadie nace en un cuerpo equivocado es una radiografía crítica de la doctrina queer, de la ideología de género y sus postulados contrarios a la lógica y a la ciencia, que tantos adoptan sin la menor reflexión ni razonabilidad.
Desde la salida de su libro en 2022, Errasti y Pérez Álvarez se han convertido en caballeros andantes contra lo que muchos llaman “terraplanismo sexual”, la idea de que el binarismo sexual, nacemos varones y mujeres, es una arbitrariedad, una construcción, un estereotipo impuesto, y que el género y el sexo son autopercepciones a las que la realidad y la naturaleza deben amoldarse.
También han sido blanco de censura y cancelación porque no es gratuito asumir este debate, lo saben bien los autores y lo explica José Errasti en el pequeño video que sigue, tomado de su charla en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Apenas se ponen en duda estas teorías, apenas se las intenta contrastar con la biología, por ejemplo, la réplica es la acusación de transfobia, un señalamiento que tiene por objeto acallar a los díscolos, descalificarlos.
“El ‘diagnóstico’ de transfobia implica que tú no estás capacitado para intervenir en la discusión, tienes un problema mental, una tara personal, un trastorno psiquiátrico que te impide entender que las teorías queer tienen razón”, dice Errasti, no sin ironía.
“Tú no estás legitimado para opinar sobre el tema porque odias”, agrega, y señala “la paradoja” de que “las únicas personas que están habilitadas para debatir sobre la teoría queer son las que la defienden”.
Como señala María José Binetti en el epílogo del libro, si bien en Argentina existe ahora un cierto margen para debatir estos temas —la Facultad de Filosofía que en 2023 se había negado en redondo a acoger una conferencia de Errasti y Pérez Alvarez ahora dio su visto bueno— todavía no se han desmontado los discursos queer ni toda la normativa inspirada por esta teoría, con excepción de un decreto que prohíbe la hormonización y las cirugías de género en menores de edad (no así la transición social o cambio de nombre).
En fin, queda mucho por hacer y, con la publicación de este libro, Padres Unidos aspira a aportar a esa tarea.
En la presentación de Nadie nace en un cuerpo equivocado, en la Biblioteca del Congreso, José Errasti, profesor titular en la Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo, contó que cuando en su registro en la facultad le pidieron su “nombre y su sexo sentido”, llamó a su colega Pérez Álvarez y le dijo “tenemos que tomar las armas”. “De pronto, todo el mundo habla del asunto, políticos, presentadores, artistas, y se implanta un discurso contrario al conocimiento”, fue la constatación que hizo en aquel momento.

Se trataba, dijo, de la “tergiversación de conceptos muy elementales y que la teoría queer o woke han descarrilado”. El sexo, según esta doctrina, “es un capricho de la naturaleza”.
“El libro —contó— generó polémica, violencia, cancelación. En Barcelona hubo que interrumpir por amenazas de incendiar la librería”. Y por supuesto, la ya mencionada acusación de transfobia. “Sólo pueden debatir los que están de acuerdo con la teoría queer”.
También contó que, “una vez publicado el libro”, comenzaron “a conocer familias afectadas”.
Es que “una mala filosofía puede causar graves daños”, advirtió. “Estas teorías generan consecuencias muy dañinas, se filtran en programas educativos, en los medios”, dijo.
El rey está desnudo
Ambos autores, al referirse a su lucha por restablecer verdades elementales, evocan la fábula de Andersen, en la que unos charlatanes y estafadores le venden a un Rey la idea de un traje nuevo, tan espectacular que solo unos pocos virtuosos lo pueden ver. El traje no existe y, aunque el Rey sale del Palacio sin ropas, a su alrededor nadie se atreve a decir lo que realmente ve —o no ve—, hasta que un niño grita “¡Pero si va desnudo!»
Difícilmente se encuentre una mejor metáfora de la ideología de género que lleva a tanto a enunciar “verdades” que a todas luces contradicen la realidad.
Marino Pérez Alvarez coincidió en que principal motivación para escribir el libro fue la preocpuación por las consecuencias “de esta mala filosofía”. La principal de ellas, es la “disforia de género de inicio rápido” que, señaló, “vivió un incremento de 60 por ciento en países occidentales” y, llamativamente, “afecta más a las niñas”.

El transexualismo era un fenómeno restringido a los varones hasta 2010, 2012, dijo Pérez Álvarez. La generalización de las redes sociales fue uno de los factores que contribuyó a su crecimiento dado el aumento de la resonancia, explicó.
“Se trata de un espíritu de los tiempos que está en el aire” y si antes, “el problema se solucionaba solo, con el paso del tiempo, en el 87% de los casos”, actualmente toda “una diversidad de malestares en la pubertad, especialmente en las chicas, se canaliza en términos de disforia de género”.
La difusión y aceptación de la doctrina de género, determina cuatro fases para resolver el malestar que el coautor de Nadie nace en un cuerpo equivocado describió así: 1°, la transición social que “parece inocua pero es una cinta transportadora que una vez que te subes es difícil salirse”; 2° el bloqueo puberal, es decir, fármacos que frenan el desarrollo sexual normal. Luego vienen la aplicación de hormonas del sexo opuesto y finalmente las cirugías.
“Las familias pierden centralidad —señaló— Los padres de pronto se encuentran con el hecho consumado. Tenemos los casos de celebrities de Hollywood para las que tener un hijo trans es vistoso”. Presionados por el entorno, bombardeados por un discurso de aceptación, “los padres se vuelven afirmadores”.

Algo similar sucede en el contexto clínico, siguió diciendo, donde la única terapia aceptada es la afirmativa. “En realidad la terapia sfirmariva es la única terapia de conversión que existe”, ironizó.
“Se reduce la disforia al cumplimiento de una agenda política que convierte el cuerpo de los niños en un campo de batalla de los adultos”, aseguró y denunció que “los estudios demuestran que esas terapias no sólo no resuelven, sino que añaden problemas”.
“El libro les sirvió a muchos padres para enfrentar este problema”, dijo y cabe esperar que entre nosotros suceda lo mismo.
“Los padres nos tuvimos que hacer expertos”, acotó Grace Spinelli.
— ¿Por qué tienen tanta aceptación la teoría queer y sus planteos que hasta contradicen el sentido común?— fue la pregunta de Infobae a José Errasti.
— Lo primero que hay que señalar es que la teoría queer es extremadamente demagógica. Practica una alabanza de la subjetividad, una alabanza del poder del individuo para someter a la realidad, de tal forma que la voluntad vence a la realidad. Mi voluntad de ser mujer u hombre o ninguna de las dos cosas, o lo que fuera, es tan fuerte que consigo doblegar a la propia naturaleza. Es un discurso muy atractivo. Vivimos una época muy individualista, muy irracionalista, en la que el deseo, el deseo bruto, porque sí, tiene mucha más fuerza que el argumento, que el razonamiento, que la confrontación racional. Entonces, eso tiene todas las de ganar en la sociedad actual. Además, se rodea de un discurso de derechos humanos, de minorías oprimidas, de personas que tras milenios de invisibilización consiguen llegar a ser ellas mismas. Por supuesto que es todo falaz, sin duda, pero se rodea de esa música que lo hace especialmente atractivo. La gente se fija en la música más que en la letra. Eso explicaría en buena medida el éxito de esta teoría.
— ¿La vuestra sigue siendo una posición solitaria en España o se ha extendido el número de intelectuales que públicamente combaten la ideología de género?
— Bueno, efectivamente, en el momento en el que salió el libro, pocas personas en España defendían nuestra postura. Hombre, solos nunca estábamos. Por ejemplo, el feminismo, una de sus corrientes, siempre ha mantenido una posición crítica hacia la ideología de género, la teoría queer. Y también han dado la batalla, de forma muy valiente y sin miramientos. Es cierto que en el ámbito académico de psicología, por ejemplo, nosotros fuimos los que un poco rompimos el fuego. Tampoco es que hayan cambiado mucho las cosas en los últimos años. Un poco sí, pero siguen siendo muy escasos los autores o los profesores que desde la academia se atreven a alzar la voz y ganarse las antipatías del público.

— ¿Ha habido en España algún cambio de tendencia respecto a las políticas que se venían aplicando inspiradas en la ideología de género?
— Pues siguen en el mismo lugar en el que estaban. O sea, los partidos de izquierdas, en España el PSOE y formaciones a la izquierda del PSOE que vienen y van, que nacen y mueren muy rápidamente, Podemos, Sumar, etcétera, mantienen una postura pro-transactivista, y apoyan claramente la teoría queer y demás, y le dejan el sentido común a la derecha. Nosotros entendemos que la discusión sobre si el sexo es binario o no, sobre si un hombre puede ser una mujer o cosas por el estilo, es una discusión tan elemental que ni siquiera es de derechas o izquierdas, como no es ni de derechas ni de izquierdas decir que la Tierra es redonda, ¿no? Pero en la actualidad, la izquierda, llevada por su demagogia, por ganar un puñado de votos, ha hecho dejación del sentido común más elemental. Y entonces, la derecha no es que defienda la crítica a las teorías queer, es que sencillamente se ha encontrado con que es la única que dice que la Tierra es redonda. Entonces, no ha habido grandes cambios en España en los últimos años.
— ¿En ningún caso es real la disforia de género?
— Sí, sí, la disforia de género es real. Nosotros no decimos que no sea real. O sea, hay personas que se sienten muy incómodas, muy mal a gusto, que sienten grandes molestias vinculadas al hecho de ser varones o mujeres y a las que les gustaría, si apretando un botón pudieran convertirse en mujeres, por ejemplo, siendo varones o viceversa, apretar ese botón. Es decir, hay gente para la que efectivamente su sexo le supone una disforia. Igual que hay gente, por ejemplo, para la que su edad le supone una gran disforia, pues hay personas a las que envejecer les supone un gran sufrimiento. Y si pudieran apretar un botón y retroceder veinte o cuarenta años, lo harían sin dudar. En ese sentido, no discutimos que el sentimiento es real. Otra cosa es cómo se haya hecho real, cómo están aprendiendo a expresarlo, que las propias frases con las que lo expresan implican una ideología, la idea de que el sexo se puede cambiar y cosas por el estilo.
— ¿Es siempre psicológicamente tratable?
— Nosotros entendemos que en la inmensa mayoría de los casos sí es tratable psicológicamente la disforia de género. No cerramos la puerta a que pueda haber casuística en la cual, tras intentarlo con terapias psicológicas durante un tiempo, estudiando el caso y siguiéndolo durante años en mayores de edad, llegue un momento en el cual no tengamos ya más recursos que ofrecer a la persona y no nos podamos negar si ésta pide la transición médica. No nos oponemos a la transición médica, pero siempre como última solución, última, cuando una persona sigue sufriendo y se han intentado otras intervenciones menos agresivas, no tengo argumentos para decir: ‘No, ni siquiera te vamos a dar la oportunidad de probar esta solución que nos pides’. O sea, la disforia siempre es real. Pero hay que entender por qué es real y en verdad qué significa, que no significará seguramente lo que parece en un primer momento. Y en cuanto a la transición médica no nos cerramos a ella como última solución en mayores de edad.

La presentación en la Biblioteca
Antes de la intervención de los autores, la abogada y doctora en Ciencias Jurídicas, Ursula Basset, describió el panorama del debate científico actual que está atravesado por “posiciones de naturaleza política y no científica”, donde muchas definiciones se toman “por presión” de distintos lobbies. Ello pone “en riesgo la posibilidad de investigar”, advirtió. “No se pueden expresar ideas diferentes y se corre el riesgo de no poder ejercer”.
También señaló la existencia de “un sacerdocio laico que excomulga” y genera “una oclusión del debate”.
Por ejemplo, “se habla de patriarcado sin la menor evidencia” y “la palabra género se utiliza para desbiologizar a la persona humana”, dijo. “La política identitaria se fagocitó la agenda de la mujer”, denunció, al punto que “la palabra ‘mujer’ se volvió discriminatoria”.
“Los niños son un campo de batalla, son usados por adultos que se sienten discriminados”, dijo. Aunque la legislación los protege hasta los 18 años porque están en desarrollo y consagra el derecho prioritario de los padres en la educación de los hijos “la ideología de género sostiene que el niño tiene derecho a la identidad y si la expresa y si es contraria a su biología tiene derecho a la transición”, señaló.
A su turno, María José Binetti, doctora en Filosofía, e investigadora CONICET-UBA y representante para Argentina de Women’s Declaration International —es decir que pertenece a esa corriente feminista a la que se refería Errasti, contó que cuando quiso invitar hace unos años a los autores de Nadie nace en un cuerpo equivocado, el Instituto de Género de la UBA le respondió: “No, porque no resulta acorde a las políticas académicas del Instituto”.
“¡La Facultad de Filosofía y Letras de la UBA ha sido declarada transfeminista!”, recordó. Y señaló que también lo es la UBA y el Consejo Interuniversitario. Es decir que la academia, que debería ser el ámbito del debate de ideas, está sometida a un dogma.
“América Latina fue líder en esta transgenerización, no tenemos filtro, no tenemos el sustrato intelectual de Europa”, señaló.
Denunció el uso de los llamados Principios de Yogyakarta, como si fuesen tratados vinculantes —sólo son el documento final de un congreso manejado por la doctrina queer— en documentos oficiales de la Argentina.
“La identidad de género no es un derecho humano”, aseguró. “La identidad de género es una ficción alentada con finalidad económica”, y puso como ejemplo la industria farmacológica, las cirugías de sexo y la explotación reproductiva (subrogacion de vientres).
“Hay que seguir la batalla por la derogación de la ley de identidad de género porque es inconstitucional”, concluyó.
[Los videos de las conferencias estarán disponibles en la página web de Padres Unidos]











