En el corazón de La Rioja, donde el sol castiga la piedra y el viento del cerro Velasco susurra historias de poder, existe un lugar que parece suspendido en el tiempo. No es la famosa “Rosadita” con su pista de aterrizaje, sino un rincón mucho más íntimo y enigmático: la cabaña de Carlos Saúl Menem en la Quebrada de Las Burras.
Hoy, recorrer los seis kilómetros que separan al pueblo de este refugio es realizar un viaje arqueológico a la década de los noventa. Lo que alguna vez fue el epicentro del descanso presidencial y el escenario de cumbres políticas informales, hoy ofrece una postal de abandono que estremece.
Para conocer cómo es su estado actual, el periodista y youtuber riojano Sergio David Alaniz consiguió permiso para ingresar a la emblemática propiedad del expresidente. En un video que superó los 2,2 millones de reproducciones, mostró cómo es llegar hasta la cima, cómo se encuentra el parque circundante a la casa, cómo son sus ambientes por dentro y los objetos que todavía conserva.

Las llaves de acceso a la cabaña de Menem
El ascenso hacia la quebrada, a unos 1.789 metros sobre el nivel del mar, comienza con un cambio de guardia simbólico. Donde antes se erigía un fortín de palos en honor a Ceferino Namuncurá, hoy queda un templete solitario. La imagen del “santito popular” fue trasladada más cerca del pueblo, dejando su lugar original sobre una roca gigantesca a una gruta de la Virgen del Valle. Es el primer indicio de que en estas tierras, lo que antes era central, hoy ya fue desplazado por el tiempo.
Para llegar a la cabaña, hay que sortear un sistema de seguridad que, en su apogeo, nada envidiaba a las grandes haciendas internacionales. La propiedad de 7.000 hectáreas contaba con un esquema de “anillos de seguridad”, que los lugareños simplificaban como los “tres portones”.

Alaniz explicó que pudo entrar gracias a un hombre que vive en el pueblo y que desde los últimos meses de la presidencia de Menem quedó a cargo del cuidado de la propiedad. “Ese encargado conserva las llaves y permite el ingreso a quienes se acercan con intención de conocer el lugar. No se las niega a nadie que quiera visitar la cabaña”, explicó Alaniz a Infobae, que también es vecino de Anillaco.
“Si bien en algunas ocasiones, el cuidador acompaña a los visitantes y, en otras, les presta las llaves para que recorran la vivienda por su cuenta, yo fui solo por mi cuenta. Le dijo que quería documentar su estado de conservación”. aclaró.

Alaniz describió que la situación actual contrasta con lo que ocurría cuando Menem era presidente. “Durante aquellos años, el acceso a la montaña estaba fuertemente restringido y llegar hasta la vivienda sin autorización resultaba prácticamente imposible”, contó.
Y agregó: “Esa restricción también generaba un problema particular para los habitantes de Anillaco. La montaña no es solamente un paisaje: allí se encuentran las vertientes de agua y los sectores naturales que los pobladores utilizan para pasear, observar aves y refrescarse durante el verano”.
“Para llegar a la parte alta de la montaña sí o sí hay que pasar por la cabaña”, explicó Alaniz. Por eso, el sistema de portones y alambrados fue motivo de discusiones en el pueblo. “En la actualidad, la posibilidad de solicitar las llaves facilita el paso de quienes quieren subir, incluso cuando nieva y los vecinos se acercan para fotografiar el paisaje”, relató.

Un zoológico privado en la puna riojana
Entre el primer y tercer portón, Menem creó un ecosistema exótico que hoy sobrevive como una leyenda urbana y un problema ecológico. Inspirado quizás en la Hacienda Nápoles, el riojano pobló su quebrada con ciervos de tres especies, antílopes, pecaríes y pavos reales. “Se dice que liberó 400 cardenales rojos traídos de Tucumán para que el aire se llenara de trinos”, deslizó Aliniz.
“Con el fin de su mandato, la suerte de estos animales fue dispar. Algunos terminaron en granjas en Aminga, pero muchos otros, como los jabalíes de 300 kilos, fueron liberados y hoy vagan por las montañas del cordón del Velasco, representando un peligro real para los senderistas y un dolor de cabeza para los ganaderos locales”, precisó Alaniz.
Según reconstruyó, cuando se acercaba el final de la presidencia de Menem, los animales comenzaron a quedar sin el mantenimiento necesario. Una fundación llamada Madre Selva estaba vinculada con su cuidado, pero, tras el cambio de gobierno, el esquema de asistencia se debilitó. “Algunos ejemplares fueron trasladados a un zoológico provincial que ya no existe”, recordó.

El episodio más problemático involucró a unos 70 jabalíes que habían quedado en uno de los corrales de la propiedad. “El cuidador se ocupaba de ellos, pero dejó de recibir dinero para comprar alimento. Así que tomó la decisión de abrir la puerta del corral y que se fueran”, contó Alaniz sobre el motivo que desató las actuales consecuencias ambientales.
Una casa detenida en el tiempo: los objetos que todavía se conservan
Tras atravesar los tres portones y cruzar el último arroyo —un hilo de agua que alimenta a todo Anillaco— se revela la estructura. La cabaña, de un marcado estilo alpino, fue un regalo de empresarios europeos, aunque legalmente figura a nombre de Aldo Semino, a quien los vecinos siempre señalaron como un hombre de confianza del presidente.
“Todo era verde. Un verde asombroso que se mantenía con complejos sistemas de riego por aspersión en medio del desierto”, recordó Alaniz, quien estuvo en lugar en su época de esplendor.
Hoy, los álamos y sauces que rodean la casa están secos. El famoso lago artificial de 100 metros de largo, donde Menem hizo criar esturiones, es ahora un cuenco de tierra y matorrales. Aquellos peces, que llegaron de contrabando según las malas lenguas, terminaron en la “Villa Los Esturiones” en el pueblo, luego de que el lago sufriera fallas estructurales que amenazaban con inundar la zona.
Aunque el predio sufrió algunos episodios de vandalismo y varios objetos fueron retirados o trasladados, todavía quedan elementos que permiten reconstruir cómo era la casa cuando Menem la utilizaba.
Alaniz conoce parte de esa historia por sus propios registros. Su vínculo con la actividad periodística comenzó en 1989, cuando llegó la primera FM a Anillaco. Desde entonces, se mantuvo relacionado con las comunicaciones y, durante años, fue una de las personas del pueblo que contaba con una cámara para registrar acontecimientos.
Esa tarea lo llevó incluso a colaborar con la Policía en la toma de fotografías después de episodios vandálicos: “En la casa de Menem estuve dos veces ante hechos vandálicos, tomando fotografías”. Gracias a ese material, en el video que subió a su canal de YouTube @ConociendoArgentina95.1 pudo mostrar imágenes de cuando el parque del predio y la fachada de la casa estaban bien cuidadas.

Entre esas fotos antiguas también se encuentra la habitación matrimonial de Menem, que actualmente se encuentra clausurada. “Era una cama tremenda, hermosa, rústica, todo en algarrobo, y tenía todo un cubrecamas con cueros de zorro”, describió. “El acolchado tenía un detalle particular: los flecos estaban confeccionados con colas de esos animales”, indicó.

Las visitas de Maradona, Alain Delon y otras figuras internacionales
Durante los años de la presidencia de Menem, Anillaco se transformó en un lugar de paso para dirigentes políticos, deportistas y celebridades. La llegada de esas personalidades alteraba la rutina de una comunidad que, según recordó Alaniz, por entonces tenía alrededor de 600 habitantes.
En un pueblo donde prácticamente todos se conocían, la presencia de vehículos desconocidos era suficiente para despertar sospechas. “Cuando Menem llegaba al poblado, uno siempre sabía con anterioridad porque comenzaba a ver preparativos”, recordó.
“El expresidente siempre solía estar acompañado por alguna figura destacada. Por Anillaco pasaron Diego Maradona, Enzo Francescoli, Carlos Monzón, presidentes latinoamericanos y celebridades internacionales como el actor francés Alain Delon”, precisó.
Uno de los recuerdos más llamativos ocurrió durante una visita de Menem y Delon al Señor de la Peña, un sitio religioso de La Rioja que convoca a multitudes durante Semana Santa. “La escena fue extraordinaria para una localidad acostumbrada a una vida tranquila, aunque no todos los vecinos reconocieron inmediatamente al actor. Mucha gente lo veía y no sabía quién era. Después decían: ‘¿Sabe quién era Alain Delon? No me diga’. Lo habían visto y ni siquiera lo habían saludado”, contó entre risas.

El silencio de la montaña
Visitar hoy la cabaña de Anillaco genera una sensación agridulce. Por un lado, la magnificencia de la construcción y el entorno natural siguen siendo sobrecogedores. Por otro, el deterioro del techo, las plantas muertas y el mobiliario a la intemperie hablan de un ciclo que se cerró para siempre.
Para los habitantes de Anillaco, la cabaña no es solo un montón de madera y piedra; es el símbolo de una era donde su pequeño pueblo fue el ombligo del país. Hoy, entre el susurro del arroyo y el eco de los jabalíes que aún merodean la zona, la cabaña de Menem descansa, esperando que el tiempo termine de convertir la política en leyenda.

Para Alaniz, la importancia de la cabaña excede las discusiones partidarias. Para el periodista, la propiedad debería convertirse en un espacio de interés histórico para los riojanos y para los turistas que llegan al pueblo buscando conocer más sobre Menem.
“Anillaco, con 600 habitantes, tuvo un presidente. Es un hecho que creo que varias generaciones nos vamos a ir de este mundo y no vamos a volver a ver”, reflexionó.
Mientras intenta chequear unos fuertes rumores sobre una posible venta, el periodista sostiene que el lugar no debería quedar librado al deterioro. “La cabaña merece una discusión sobre su preservación, independientemente de las valoraciones que cada persona haga sobre la gestión del expresidente”, concluyó.










