
En Argentina, donde la pasión por el fútbol atraviesa la vida cotidiana y cada movimiento en torno al deporte genera atención pública, el avance del fútbol femenino se ha convertido en un motivo de orgullo nacional y comparación internacional. El crecimiento reciente no solo ha impulsado debates sobre el nivel local frente a potencias extranjeras, sino que también ha dado mayor peso a las voces de las especialistas que analizan el presente y proyectan el futuro de la disciplina. En este contexto, la visita de Amy Griffin y Lisa Berg resultó especialmente significativa: ambas referentes compartieron sus aprendizajes, dialogaron con jóvenes promesas y se sumergieron en la experiencia de las divisiones juveniles de equipos argentinos, dejando una huella de intercambio y motivación en cada encuentro.
Amy Griffin representa una figura pionera en el fútbol estadounidense. Es exarquera de la selección nacional, fue parte del plantel que conquistó la primera Copa Mundial Femenina de la FIFA en 1991. Su trayectoria rompió barreras al convertirse en la primera mujer en obtener la licencia Premier de la Asociación Nacional de Entrenadores de Fútbol y una licencia de la Federación de Fútbol de los Estados Unidos. Además, dirigió a la selección nacional femenina de fútbol para sordas de Estados Unidos y encabeza la Academia Reign de Seattle, donde continúa aportando su experiencia en la formación de nuevas generaciones y en la construcción de espacios inclusivos dentro del deporte, liderado por mujeres.

El recorrido profesional de Lisa Berg evidencia una vocación por la formación y el desarrollo del fútbol en distintos continentes. Inició su camino como jugadora y atleta académica en la Universidad de Minnesota, donde integró el equipo de los Gophers hasta que una lesión truncó su carrera. Esa experiencia la impulsó a volcarse a la dirección técnica, primero como asistente voluntaria y luego como pieza clave en el cuerpo técnico de los Red Wolves de Arkansas State.
Durante los últimos años, Berg amplió su impacto internacional como subdirectora de la International Sport Connection, promoviendo el fútbol femenino y la mentoría de entrenadoras en países de África oriental y meridional. Desde 2011, su labor se centró como asesora técnica y asistente del seleccionado femenino de Uganda, combinando su formación en psicología del deporte y liderazgo con una filosofía orientada a crear oportunidades de desarrollo para mujeres y niñas a través del fútbol. Con licencias de la USSF y diplomas en entrenamiento de arqueros, Lisa sostiene que el deporte puede ser una herramienta real de transformación social y personal.
A lo largo de su trayectoria, México ha tenido un peso destacado: mientras residió en la Ciudad de México, colaboró con SheWins México en proyectos de empoderamiento femenino a través del fútbol. Actualmente, Lisa reside en San Diego, California, donde se desempeña como scout para la Right to Dream Academy en la MLS, fortaleciendo los lazos entre el talento joven y las oportunidades profesionales en el fútbol internacional.

La reciente visita de ambas exjugadoras a Argentina abrió un espacio de intercambio enriquecedor entre referentes internacionales y jóvenes talentos locales. Ambas especialistas ofrecieron charlas sobre liderazgo, mentoría y motivación, acompañadas de clínicas en distintas regiones del país. Durante una de estas jornadas en Parque Sarmiento, en diálogo con Infobae, Amy se refirió al primer grupo de futbolistas que conoció: “Me impresionó su nivel de interés en nuestras historias y su motivación para jugar y conocer quiénes eran como jugadoras. Me sentí como… Nos fuimos y dijimos… ¡Guau! Fue muy divertido escuchar lo que tenían que decir. Y me impresionó lo enfocadas que estaban durante todo el tiempo. Muchas veces adonde vamos la gente se distrae. Fue muy divertido escuchar sus historias”.
Lisa, por su parte, relató la dinámica de ese encuentro desde otra perspectiva: “Nosotros compartimos un poco de cómo empezamos a jugar con ellas y luego las vimos en sus primeros años de jugar. Así que pudimos observarlas, aprender de ellas y también enseñarles y experimentar el juego juntos. La idea de la Diplomacia de Deportes es unir a todos en una plataforma de deporte y encontrar similitudes en nuestros valores y todo eso. Así que fue otra cosa hermosa de tener clínicas, conectarnos con los entrenadores y los jugadores en estos espacios”. Amy complementó la visión al afirmar: “Somos mucho más similares. Incluso a través de la edad, generaciones y todo, estamos mucho más conectados de lo que estamos desconectados, por supuesto”. El paso de ambas entrenadoras dejó en evidencia cómo el fútbol, más allá de su dimensión competitiva, funciona como un motor de encuentros y aprendizajes colectivos.

En Sudamérica, el fútbol femenino avanza con determinación, aunque persisten diferencias notables con otras regiones, en particular con Estados Unidos, donde la estructura y el desarrollo del deporte presentan realidades divergentes. En el caso argentino, los clubes invierten en la formación de jóvenes futbolistas y refuerzan las estructuras de desarrollo con el objetivo de reducir la distancia frente a aquellos países donde la disciplina dispone de un historial consolidado de apoyo institucional y cultural. En Argentina el primer partido de fútbol femenino tuvo lugar en 1913. Mientras tanto, en norteamérica, los primeros pasos se remontan a partidos informales en universidades y clubes locales, con el primer encuentro documentado en 1916 en San Francisco.
El verdadero motor de cambio llegó en 1972 con la promulgación del Título IX, una legislación que prohibió la discriminación por sexo en programas educativos financiados por el Estado, lo que incluyó a los deportes. Esta medida impulsó una expansión sin precedentes de los equipos femeninos universitarios. Durante los años 80, el fútbol femenino estadounidense ganó presencia y legitimidad, gracias al compromiso de jugadoras y entrenadores que promovieron la disciplina en sus entornos. El salto internacional se produjo en 1991, cuando el equipo nacional de Estados Unidos —con Amy Griffin como integrante— conquistó la primera Copa Mundial Femenina de la FIFA, tras vencer a Noruega en la final, marcando el inicio de una era de protagonismo global.
El origen del fútbol femenino a nivel internacional remite a la Inglaterra de 1920, durante una época en la que las mujeres asumieron tareas en fábricas mientras los hombres participaban en la Primera Guerra Mundial. En ese contexto, el primer partido internacional enfrentó a las Dick, Kerr Ladies y a una selección francesa. Según relató Bárbara Jacobs en su libro The Dick, Kerr’s Ladies, la popularidad de aquel equipo creció rápidamente, generando una demanda constante de nuevos encuentros y sentando las bases para la expansión del fútbol femenino en Europa y el mundo.

Desde su mirada sobre la escena sudamericana, Amy resaltó la diversidad de niveles en el fútbol femenino y el potencial que observa en la región. Reconoció que cada jugadora llega con experiencias distintas, pero insistió en la importancia de avanzar paso a paso: “Su perspectiva de esperar que tengan esto y olvidar que si sólo toman su oportunidad en pequeños pedazos, probablemente pueden llegar más lejos de lo que piensan que pueden. Solo tienen que trabajar un poco más duro. Tienen que crear el camino. Eso es lo que hicimos. Creamos nuestro propio camino incluso cuando no había un camino. Has escuchado el cliché, si puedes verlo, puedes serlo. Claramente tenemos talento aquí”.
Lisa aportó su análisis a partir del entusiasmo que le genera la pasión futbolera argentina y el abanico de oportunidades en los distintos espacios de formación. “Para nosotras, ver los diferentes espacios, de futsal amateur a caminos profesionales que tienen equipos jóvenes, ha sido una experiencia maravillosa ver esa pasión jugar. También tuvimos la oportunidad de compartir historias sobre la resiliencia y la oportunidad de liderar lo que es el deporte. No importa si eres chico o chica, el deporte te da esa plataforma para practicar liderando, para practicar cómo caer y subir de nuevo”, compartió sobre la experiencia vivida.
La scout estadounidense también hizo hincapié en el valor inspirador de compartir historias y motivación para el crecimiento local. “En los Estados Unidos tuvimos la oportunidad de empezar un poco más temprano en términos de ser atletas, tener ligas, todo eso. Así que vemos mucha evidencia de que Argentina está progresando y para inspirar a la gente a tener paciencia es lo primero. Para asegurarse de que el talento está aquí, las herramientas están aquí, la gente está llevando esa pasión al desarrollo del juego, así que verán los resultados pronto”, sostuvo Lisa sobre el potencial de desarrollo y el camino de progreso que percibe en el fútbol femenino argentino.

Desde la perspectiva de Amy, el trabajo en las categorías formativas es fundamental para el desarrollo sostenible del fútbol femenino. Subrayó que “la base es la salsa dulce, es la manera perfecta de empezar, y si puedes crecer oportunidades y crecer el nivel y la educación a la edad joven, creo que es la mejor manera de mejorar y sostener y crear algo que es casi inimaginable. Es difícil imaginarlo, porque es como un aún no”.
Lisa complementó esta visión al remarcar la importancia de construir una base amplia en el desarrollo deportivo: “En el desarrollo, necesitas una pirámide, así que cuanto más amplías es tu fundación, cuanto más gente está involucrada, cuanto más jóvenes son, no solo estás creando jugadores en el futuro, estás creando fans del juego que se sientan conectados y quieren educar a sus hijos futuros para disfrutar del juego. Tú, como padre, probablemente tuviste experiencia disfrutando del juego y ahora se lo estás pasando a tu hijo. Así que también es importante que las generaciones que empiezan jueguen, practiquen y tengan conexión con el juego, no importa si es niño, niña, mujer o hombre, porque entonces todo el mundo se involucra mientras crecen y cambia a la siguiente generación”.

Amy además resaltó el poder del deporte para unir a la comunidad: “Es una locura cuánto el deporte une a la comunidad. Es la única cosa. Pueden estar salvando el mundo en la medicina, pero no crea la comunidad de traer esa misma camiseta que trae a la gente que se sienta junto a ti, que de repente tienen esa comodidad”. Así, ambas referentes coincidieron en que el desarrollo desde las bases no solo produce futuras atletas, sino también un sentido de pertenencia y cohesión social difícil de replicar en otros ámbitos.
La experiencia de Amy Griffin como campeona mundial en 1991 le permite analizar con perspectiva los cambios que ha experimentado el fútbol femenino en las últimas décadas. Al comparar las oportunidades actuales en norteamérica con las de su época en la selección estadounidense, la entrenadora confesó: “¡Qué envidia! ¡Extremadamente envidia me da la cantidad de oportunidades que hay en Estados Unidos! Pero también creo que mi oportunidad surgió porque tuve mucha suerte, ya que la cantera de jugadores no era muy grande. Yo soy 5′4″, así que si la misma Amy Griffin apareciera ahora como jugadora de jóvenes, quizás no hubiera creado el equipo nacional, pero seguramente hubiera tenido más oportunidades para jugar en equipos de calidad. Así que, sí, estoy celosa de la calidad del entrenamiento y el acceso donde hay mucha gente como yo jugando, donde antes yo era la mentira, yo era el ojo. Así que sí, ha cambiado mucho y ha proporcionado muchas más oportunidades y otros avances para muchas mujeres”.

Consultada sobre el significado de haber alcanzado el máximo logro deportivo, Amy reflexionó sobre el paso del tiempo y su presente: “Es genial mostrarlo porque otras personas lo saben, pero soy un producto de lo que soy hoy, así que estoy nerviosa porque no soy esa persona, no soy la campeona mundial del 91. Ahora soy una mujer de 60 años. Así que me pregunto, ¿qué cosa más genial puedo hacer hoy? Eso es lo más importante. Es por eso que puedo venir a Argentina. Si puedo ayudar a compartir mi historia e inspirar a alguien más, creo que eso es lo más importante. Pero, honestamente, lo que me tomó para llegar allí, desearía que hubiera una medalla para eso. La parte de la medalla no importaba, pero llegar allí fue lo más importante”.
Como entrenadora principal de la selección nacional femenina de fútbol para sordas de Estados Unidos, Amy Griffin relató que su llegada al equipo en 2015 fue impulsada por el deseo de apoyar a un grupo históricamente infrarrepresentado. El puesto, al ser voluntario, no atraía candidatos y la ausencia de interés motivó a la entrenadora a asumir el desafío, a pesar de desconocer la cultura sorda. En ese proceso, reconoció que debió adaptarse rápidamente, enfrentando la incomodidad y aprendiendo de sus propios errores frente al equipo. Su disposición a equivocarse y a seguir adelante generó una conexión genuina con las jugadoras, quienes valoraron su esfuerzo y actitud abierta.

Amy destacó que el entorno de trabajo en el fútbol para sordos le enseñó la importancia del apoyo mutuo y la resiliencia, factores que considera esenciales en cualquier disciplina deportiva. Subrayó que la sensibilidad y la capacidad de leer señales no verbales de las jugadoras sordas constituyen habilidades excepcionales, muchas veces subestimadas por quienes no conocen esa realidad. También recalcó que la experiencia de verlas jugar resulta transformadora para cualquiera que se permita observar más allá de los primeros minutos.
Sobre la falta de visibilidad y apoyo institucional, Amy advirtió que, mientras la categoría masculina cuenta con 30 equipos a nivel mundial, en el femenino apenas participan cinco selecciones. Considera que uno de los grandes desafíos sigue siendo garantizar el acceso y la inclusión de mujeres con discapacidad, una problemática que, según su experiencia, exige mayor sensibilidad y compromiso de parte de las federaciones deportivas. “Los jugadores oyentes tienen mucho que aprender de los jugadores sordos”, manifestó Amy.

La cuestión de los obstáculos para que las mujeres accedan a puestos de liderazgo en el fútbol sigue siendo central para Lisa, quien reconoció: “Sí. Creo que se nota por la baja cantidad de personas que aún ingresan. Y en algunos casos, parece que los líderes son ajenos a algunas de las barreras de entrada”. La experta explicó que, si bien existen agentes de cambio y aliados comprometidos con revertir esta realidad, la transformación aún no es suficiente. Subrayó que la apertura de espacios es un trabajo que requiere tanto conciencia como acción concreta de quienes ya ocupan lugares de decisión.
Para ilustrar la magnitud del desafío, Lisa relató: “Actualmente soy la única mujer que trabaja como ojeadora en el fútbol masculino profesional en Estados Unidos. Y quizás a nivel mundial, he oído hablar de cinco o seis mujeres trabajando en el ámbito masculino en todo el mundo”. Añadió que, en su entorno laboral, incluso se plantean preguntas críticas como: “¿Por qué no se postulan las mujeres para estos puestos? ¿Qué escribimos en la descripción del puesto que no atraería a las mujeres?”. Berg advirtió que las tecnologías utilizadas para seleccionar personal pueden limitar la visibilidad de las mujeres, ya que “no se integran en redes de mujeres, no revisan currículums o existen diferentes tecnologías que limitan la visibilidad”.

Pese a estas trabas, Lisa considera que el panorama muestra avances: “Hay mucha gente dispuesta a abrir los ojos y trabajar para el cambio”. Resaltó el valor de las redes sociales y la comunicación virtual, que “permiten llegar a diferentes redes sin necesidad de mucho dinero ni tiempo”. Además, defendió el papel de los programas de embajadores deportivos y la visibilidad de referentes como facilitadores de nuevas oportunidades: “Programas como este, donde hablamos de modelos a seguir, de tener a alguien que haya tenido éxito en el fútbol profesional o en la Copa Mundial, ya sea como jugador o entrenador… Y tal vez abrir espacios donde esas mujeres del país también puedan contarlas”. Para Berg, el apoyo de los medios y de quienes organizan estos espacios es clave para que la diversidad y el liderazgo femenino en el fútbol continúen creciendo.
Amy Griffin ha sido una de las voces más activas en advertir sobre los posibles riesgos del césped artificial con goma de miga, especialmente para los arqueros. Según sus datos, “los porteros eran más de 15 veces más prevalentes en la lista que cualquier otro jugador de posición”, y aproximadamente el 61 % de más de 300 casos recopilados de futbolistas con cáncer correspondía a quienes defendían el arco. La mayoría presentaba cánceres hematológicos como linfoma y leucemia, y “todos tenían algo más en común: años de jugar en césped artificial”.

En su experiencia en la Universidad de Washington, Amy relató: “Durante 15 años nunca conocí a un joven con cáncer. Y de repente, en 2009, aparecieron dos arqueros. Ambos tenían cáncer”. Cuando la lista de casos continuó en aumento, Griffin advirtió: “La lista siguió creciendo. Ahora la lista tiene más de 300. Y siempre ha sido alrededor del 61 % de esos 300 futbolistas porteros”. Explicó que el entrenamiento intensivo de los arqueros implica “tocar el suelo cien veces o más y están respirando, y sus caras están ahí abajo”. Para Amy, el problema central es la exposición: “Creo que lo único que hay que demostrar es que existe la posibilidad de exposición. Y eso es todo”.
La entrenadora también advirtió sobre los efectos del calor extremo en el césped artificial: “En un día de 27 °C (80 °F), la temperatura en el césped del campo puede llegar a los 71 °C (160 °F)”. Ante este panorama, rescató el ejemplo de los Países Bajos, que “prometieron retirar todo el césped artificial y plantar césped natural en los próximos cinco años. Y eso ya se ha hecho”. Griffin insistió en que “la concienciación lo es todo” y sostuvo que “la gente debería saber en qué superficie juega y elegir si hay otras opciones”.

En cuanto al desempeño actual de Lisa Berg como scout, compartió cuál es el primer aspecto en el que se fija al observar a una futbolista es la proyección de su juego: “La diferencia radica en comprender cómo se mueve un jugador y en qué futuro jugará”. Enfatizó que “el juego femenino es diferente al masculino, porque evaluamos a los jugadores según su nivel actual, el impacto que tienen en el juego, cómo lo transforman”. Para la especialista, el scouting exige anticipar el potencial: “¿Qué hacen ahora que seguirá siendo relevante dentro de 10 años, 6 años, quizás en un ciclo de Mundial dentro de 3 años, 2 años, dependiendo del entorno en el que se integren?”
En su experiencia, la observación no puede quedarse en la técnica o el aspecto físico. “En el pasado, teníamos la tendencia a elegir jugadores más grandes y fuertes. Pero en realidad, los jugadores que se desarrollan más tarde llegan más lejos. Hay pruebas de ello”, aseguró. Además, destacó dos elementos como predictores reales de éxito: “La mentalidad de crecimiento, es decir, las personas que buscan el fracaso o entornos que los desafíen… y la capacidad de absorber información y aprender rápidamente”. Lisa explicó que “los aprendices verbales son pocos, pero la mayoría de nuestros sistemas están diseñados para ello”, por lo que presta atención a “la comprensión del juego, la capacidad de análisis, hábitos como esos y una exposición completa al juego”.
Sobre los avances en el rol de la mujer a cargo de puestos principales en el fútbol y las nuevas normas que impulsan a que ocupen lugares en selecciones nacionales, Berg recordó: “Viví en México, donde esta regla estuvo vigente durante ocho años. Ahora, la mayoría de los equipos de su liga profesional están entrenados por mujeres”. Aclaró que “la regla tenía como objetivo abrir espacios, preparar a las mujeres, no que las mujeres preparadas ocuparan esos espacios. En resumen, no pretende definir ni ser permanente, sino una forma de acelerar el acceso de las mujeres a esos espacios”. Finalmente, resaltó el poder del fútbol para conectar a distintas personas y culturas: “Nos conectamos a través del juego. Desarrollas empatía y comprensión”.

Para Amy Griffin, el futuro del fútbol femenino es incierto pero prometedor. “En mi caso, tuve la suerte de presenciar muchos cambios a lo largo del tiempo… Luego se estancó un poco y en los últimos tres años ha sido esto. Y creo que eso solo ocurre en una parte del mundo”, reflexionó. La entrenadora apuesta por una evolución que sea verdaderamente global y advirtió: “Cuando la parodia es un juego de todos, especialmente en el ámbito femenino, se vuelve más divertido, más excelente y ofrece más oportunidades de diversas maneras”. Reconoció que el crecimiento ya superó lo impredecible y afirmó: “Si hay mucha más gente haciendo eso, creo que la trayectoria será algo que ni siquiera hemos imaginado”.
Lisa Berg identificó el auge reciente a través de datos concretos: “Parece que cada semana se bate un nuevo récord de asistencia a un partido femenino en un estadio, de audiencia para una transmisión, del número de chicas que participan, del número de ligas o equipos”. Resaltó el papel clave de la tecnología para amplificar el alcance y el interés, incluso durante la pandemia. “En cuanto los niños y las familias lo ven, se acelera la mentalidad de: ‘Yo también puedo hacerlo. Quiero formar parte de ello y quiero saber cómo’. Así que con este auge tecnológico que está ocurriendo y todos estos récords, creo que veremos un gran cambio en los próximos cinco años. Lo emocionante de que Brasil sea sede de la Copa Mundial Femenina, traerla a Sudamérica, será algo que habrá que seguir de cerca incluso en los próximos doce meses”, concluyó la scout de San Diego.










