En la cama de un hospital, mientras agradecía estar viva, Carla Lucero se hizo una pregunta simple y poderosa: “¿Podré volver a jugar al tenis?”.
Tenía apenas 21 años y había sufrido un gravísimo choque sobre la ruta 36, a la altura de Alcira Gigena, en Córdoba: el micro en el que viajaba desde Villa del Dique hasta su Río Cuarto natal fue embestido por el conductor de un camión que transportaba piedras y se cruzó de carril. En el accidente murieron dos personas y hubo ocho heridos.
Carla sufrió fracturas en el fémur derecho y en una pierna, luxación de cadera y lesiones en las costillas que le provocaron un edema pulmonar. Estuvo tres meses sin poder caminar.
“Tuve que aprender a ponerme de pie y andar de nuevo”, dice hoy, 14 años después, desde Cagliari, al sur de la isla italiana de Cerdeña. Allí se instaló en marzo de 2023 para sumarse al equipo de trabajo del Tennis Club Cagliari, una institución de relevancia en el mapa tenístico de Italia, potencia de este deporte en la actualidad.
Carla comparte el proyecto deportivo con otro argentino: Martín Vassallo Argüello, ex número 47 del ranking ATP y director técnico de la estructura donde ella se desempeña como responsable del área de competición. “La decisión de mudarme acá la tomé a fines de 2022. Martín me propuso la posibilidad de venir a trabajar. Lo pensé, lo hablé con mi familia y con la gente de mi trabajo de ese momento. Todos me apoyaron. Eso me ayudó a tomar la decisión más tranquila, sabiendo que contaba con ese respaldo. Además, siempre había tenido ganas de hacer una experiencia en Europa. Todo se alineó”, recuerda en el inicio de la charla con Infobae.
Antes de cumplir los 20 años, Lucero tenía una carrera en ascenso en el circuito internacional: alcanzó el puesto 371° del ranking mundial de la WTA el 7 de junio de 2010 y su trayectoria registra además un título de individuales y siete de dobles en el circuito ITF y representó a la Argentina en la Fed Cup. Desde 2019 integra además el Salón de la Fama de la Asociación Argentina de Tenis (AAT).
Pero aquel 9 de febrero de 2012 todo cambió. Lucero había entrenado por la mañana en Villa del Dique y tomó un micro para cubrir los 125 kilómetros que la separaban de su casa en Río Cuarto. Sus recuerdos del choque son ínfimos. “Subí y me quedé dormida rápido”, evoca.
Estuvo un mes en silla de ruedas y otros dos con muletas. El objetivo inmediato, para ella, dejó de ser ganar partidos y escalar en el ranking: primero debía ponerse de pie.
Sin embargo, y contra los pronósticos iniciales, Carla mostró una evolución muy favorable y nueve meses después regresó al circuito profesional. La recuperación, sin embargo, nunca fue fácil. “Tuve que entrar seguido al quirófano por distintos ajustes, especialmente en la zona de la cadera. Era un desgaste adicional, tanto físico como mental”, recuerda.
Pese a los obstáculos, Lucero logró mantenerse varios años más como profesional. Y en febrero de 2019, fue convocada por la capitana Mercedes Paz para jugar la Zona Americana de la Fed Cup en Medellín, Colombia. En ese país, dos meses más tarde, disputó su último torneo: el ITF W15 de Bucaramanga, donde alcanzó la final antes de cerrar definitivamente su etapa como tenista.
Durante los largos períodos de rehabilitación, Carla encontró tiempo para formarse fuera de la cancha. Estudió Periodismo Deportivo y Producción en Medios Audiovisuales en la Universidad Nacional de Córdoba, una preparación que más tarde complementaría con su nueva faceta como entrenadora.
Hoy acompaña a jugadores en torneos del circuito World Tennis -ex ITF-, Tennis Europe y Futures, y participa en el área del tenis femenino dentro de la institución. “Tenemos un hermoso grupo de trabajo y estamos consolidando un sector muy fuerte de tenis femenino. El club también le da mucha importancia a los equipos de las Series A y B, que en Italia tienen un nivel muy alto. Además, viajo bastante acompañando a los chicos a torneos. Me adapté muy rápido”, cuenta.
La llegada a Italia también implicó otro desafío: el idioma. “Cuando llegué apenas chapoteaba el italiano”, dice entre risas. La adaptación, sin embargo, fue más sencilla de lo que imaginaba. “Me enamoré a primera vista de Cagliari. Tiene puerto, playas, un centro histórico precioso y buen clima casi todo el año. Además, la vida de club es algo que siempre disfruté desde chica, primero en Río Cuarto y después en Villa del Dique. Poder revivir eso acá es hermoso”, destaca.
Si algo modificó para siempre el accidente fue su manera de entender el deporte: aquella experiencia, sostiene Carla, es hoy una herramienta de trabajo con los chicos que entrena. “Ahora me doy cuenta de que tengo muchísimo para aportar. Haber pasado por el accidente y por tantas lesiones me dio otra perspectiva. Siempre les digo que disfruten más del camino. El tenis es un deporte muy exigente y cuando sos joven sentís que si los resultados no llegan rápido, se termina el mundo”, reflexiona.
Su experiencia también le permitió descubrir una vocación que nunca había imaginado. “Si soy sincera, nunca me había visto en el rol de entrenadora. Necesité pasar un proceso y un tiempo afuera de la competencia para descubrirlo”, menciona.

La nueva etapa de Lucero coincide con el período más exitoso de la historia del tenis italiano. El país viene de conquistar las últimas ediciones de la Copa Davis y la Billie Jean King Cup, mientras figuras como Jannik Sinner, Lorenzo Musetti, Jasmine Paolini o Sara Errani afianzaron a Italia como una de las grandes potencias del circuito.
“La Federación Italiana apoya muchísimo el desarrollo de jugadores y entrenadores. Se vive un momento extraordinario y es una gran oportunidad para seguir creciendo. Este año estoy realizando el curso de Técnica Nacional, que es una certificación muy importante acá y también a nivel europeo”, explica.
Carla extraña los domingos en familia en Río Cuarto, los asados improvisados y las reuniones con amigos frente al lago. Pero encontró un nuevo lugar donde seguir creciendo: “Hoy casi no juego. Agarro la raqueta apenas para entrar en calor con las chicas. Lo que sí descubrí es que esa adrenalina que sentía como jugadora ahora la vivo acompañando a los chicos en los torneos y desde el banco. Se siente muy lindo”.











