Más que salario: qué valoran los jóvenes al momento de elegir un trabajo

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Jonathan Patiño tiene 25 años, vive en un barrio popular de José C. Paz, cursa la Licenciatura en Enfermería y, desde febrero, trabaja como camillero en un sanatorio privado. Para llegar debe invertir cerca de cuatro horas diarias en traslados

Durante años predominó la idea de que el salario era el principal factor al momento de elegir un empleo. Sin embargo, la investigación realizada a 636 jóvenes de contextos vulnerables de entre 18 y 26 años, muestra que la posibilidad de aprender, desarrollarse profesionalmente y acceder a un empleo registrado también ocupa un lugar central al evaluar una propuesta laboral.

Para comprender cómo toman esas decisiones, cada participante debió elegir entre dos ofertas laborales hipotéticas. Las propuestas combinaban cinco atributos: el salario, la contratación formal o informal, el tiempo de traslado, la flexibilidad horaria y la existencia de instancias de inducción y devolución sobre el trabajo realizado. A partir de las elecciones, la investigación estimó cuánto peso tiene cada uno de los factores y qué aumento salarial sería necesario para compensar condiciones laborales menos favorables.

“Los resultados de esta investigación invitan a revisar algunos de los principales estereotipos sobre las aspiraciones laborales de los jóvenes. Entre quienes buscan ingresar al mercado laboral formal, las decisiones no se explican únicamente por el salario. Valoran la posibilidad de acceder a un empleo registrado, adquirir experiencia, desarrollar habilidades y construir una trayectoria laboral”, explica Victoria Anauati, investigadora de la Universidad Católica Argentina (UCA) e investigadora asociada al Instituto Universitario CIAS.

Jonathan en su trabajo, su primera experiencia laboral dentro del sistema de salud

El peso de la formalidad, el aprendizaje y la flexibilidad

Los resultados muestran que la formalidad ocupa un lugar central. Frente a las opciones presentadas durante la investigación, un empleo informal necesita ofrecer un salario aproximadamente un 29% mayor para resultar preferido frente a una alternativa formal.

El aprendizaje y el acompañamiento también tienen un peso considerable. Un puesto sin instancias de inducción ni devolución sobre el desempeño requiere una compensación salarial cercana al 20% para mantener su atractivo.

La rigidez horaria equivale a una compensación estimada del 18%, mientras que un mayor tiempo de traslado demanda alrededor de un 15% adicional.

“El tiempo de traslado representa un costo importante y los jóvenes lo tienen muy presente. Sin embargo, nuestros resultados muestran que, cuando ese esfuerzo se traduce en un empleo formal con oportunidades reales de aprendizaje y desarrollo, muchos consideran que vale la pena asumirlo. Más que buscar el trabajo más cómodo o el salario más alto, buscan una oportunidad que les permita construir su futuro laboral”, agrega Anauati.

Los porcentajes no indican que el salario, el tiempo de viaje o los horarios dejen de importar. Permiten dimensionar, en cambio, cuánto valor los jóvenes asignan a las condiciones no monetarias de una propuesta.

La investigación muestra así una jerarquía de preferencias: la formalidad aparece como el atributo más valorado, seguida por la capacitación y el acompañamiento, la flexibilidad horaria y la cercanía.

La formalidad importa, pero no alcanza por sí sola

Además de analizar cada variable por separado, el estudio simula decisiones entre propuestas que representan situaciones frecuentes en el mercado de trabajo.

En una de ellas, los participantes debían optar entre dos alternativas. La primera con contratación formal, capacitación y acompañamiento, pero con una exigencia de 90 minutos de viaje, horarios rígidos y menor salario. La segunda, desde la informalidad, sin capacitación, más cercana y con mayor flexibilidad horaria, y además con un salario 15% superior.

Ante las opciones, el 58,3% eligió el empleo formal con acompañamiento, a pesar de las dificultades de traslado, la rigidez horaria y la diferencia salarial.

El resultado cambia de manera marcada cuando desaparece el entorno de aprendizaje. Al retirar la capacitación y el acompañamiento de la alternativa formal, su preferencia cae al 9%. La comparación sugiere que la formalidad es un diferencial importante, pero que su atractivo se potencia cuando está asociada con posibilidades concretas de aprender y recibir orientación.

En el escenario que reunió contratación formal, capacitación, acompañamiento, cercanía y flexibilidad horaria, la preferencia alcanzó un nivel cercano al 99%, incluso frente a opciones con mejores salarios.

Jonathan buscaba ingresar al sistema de salud y empezar a conocer la dinámica de una institución sanitaria. Esa oportunidad llegó después de participar en una capacitación de Fundación EMPUJAR, desde donde fue derivado a un Programa de Acompañamiento para Estudiantes de Enfermería impulsado por una de las empresas de su red

Un largo viaje para trabajar donde quiere crecer

Para Jonathan Patiño, de 25 años, la posibilidad de adquirir experiencia en el área que había elegido estudiar fue determinante.

Vive en un barrio popular de José C. Paz y proviene de una familia trabajadora. Como muchos jóvenes de su entorno, comenzó su recorrido laboral en empleos informales: trabajó en una verdulería, en un local de comidas rápidas y en atención al cliente de un comercio de electrodomésticos. Si bien esas experiencias le permitieron dar sus primeros pasos en el mundo del trabajo, ninguna estaba vinculada con la profesión que había elegido.

Actualmente cursa la Licenciatura en Enfermería en la Universidad Nacional de José C. Paz y, desde febrero, trabaja como camillero en un sanatorio privado, su primera experiencia laboral dentro del sistema de salud.

Para llegar a su lugar de trabajo invierte cerca de cuatro horas diarias en traslados. El recorrido comienza con un colectivo hasta la estación de José C. Paz, continúa con otro servicio hasta General Pacheco y termina junto con algunos compañeros en auto.

El viaje forma parte de una rutina exigente, que debe organizar junto con la cursada y el tiempo de descanso. Sin embargo, cuando decidió postularse, la distancia no fue el único aspecto que tuvo en cuenta.

Jonathan buscaba ingresar al sistema de salud y empezar a conocer desde adentro la dinámica de una institución sanitaria. Hasta ese momento había avanzado en su formación universitaria, pero todavía no contaba con experiencia laboral vinculada con sus estudios. Esa oportunidad llegó después de participar en una capacitación de Fundación EMPUJAR, desde donde fue derivado a un Programa de Acompañamiento para Estudiantes de Enfermería impulsado por una de las empresas que integran su red.

“Es un esfuerzo hacer ese viaje, pero este trabajo me permite ganar experiencia, aprender y crecer profesionalmente mientras sigo estudiando. Las oportunidades de este tipo no aparecen todos los días”.

La experiencia también incluyó dificultades propias de una primera incorporación. Durante sus primeros días tuvo dudas al momento de preparar un tubo de oxígeno. Un compañero se detuvo a explicarle el procedimiento paso a paso y lo acompañó hasta que pudo hacerlo por sí mismo. “Gracias a esa paciencia pude aprender y ganar confianza para hacerlo solo las veces siguientes”.

El acompañamiento cotidiano no eliminó las exigencias del trabajo ni el esfuerzo del traslado. Sí le permitió comenzar a desarrollar habilidades relacionadas con la profesión que espera ejercer en el futuro. “Priorizaría seguir en un lugar donde pueda aprender y desarrollarme. No me gusta estancarme. Para mí es importante seguir creciendo, ganar experiencia y prepararme para ser un mejor profesional”.

Su historia permite observar, en una experiencia concreta, cómo distintas variables pueden combinarse al momento de aceptar y sostener un empleo: el ingreso, la distancia y los horarios conviven con la necesidad de adquirir experiencia, encontrar referentes y construir una trayectoria.

Lo que muestran estos resultados para las empresas

Los resultados invitan a revisar qué aspectos vuelven más atractivas las primeras experiencias laborales para los jóvenes. Además del salario, la posibilidad de aprender, contar con acompañamiento, acceder a un empleo formal y visualizar un camino de desarrollo aparecen como factores relevantes al momento de elegir un trabajo.

“Por mucho tiempo se creyó que el sueldo era casi la única variable para captar talento joven, pero esta investigación demuestra que las decisiones de los jóvenes son mucho más complejas. Aprender, tener acompañamiento, acceder a un trabajo registrado y poder proyectar una carrera es también parte de lo que valoran al elegir un empleo. Para las empresas, entender esto es una oportunidad para construir primeras experiencias laborales más atractivas y sustentables en el tiempo”, afirma Germán Lojk, director ejecutivo de Fundación EMPUJAR.

El informe constituye la primera publicación de Radar de Empleo Joven, una iniciativa de investigación aplicada desarrollada por Fundación EMPUJAR para comprender las decisiones laborales de los jóvenes y los desafíos que enfrentan las empresas al incorporar talento joven.

“No basta con conocer por separado lo que necesitan las empresas y lo que esperan los jóvenes. El desafío está en entender cómo se cruzan esas dos realidades: eso permite romper con ciertos prejuicios, mejorar prácticas de contratación y ampliar oportunidades reales de inserción laboral”, concluye Lojk.