“¡No te va a contestar!”: a 30 años del inolvidable Vélez-Boca que tuvo como protagonistas a Maradona, Chilavert y Castrilli

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José Luis Chilavert, Javier Castrilli y Diego Maradona, los grandes protagonistas de la noche de Liniers, en el momento del sorteo

Era uno de los mejores partidos que podía ofrecer el fútbol argentino en ese momento. O quizás el mejor. Planteles con excelentes jugadores, dos entrenadores de élite y la lucha por la punta de un Clausura que fue uno de los torneos más apasionantes de la era contemporánea en nuestras canchas. Aquel domingo 16 de junio, un día del padre nublado, lluvioso y frío afuera, pero ardiente dentro del campo de juego, que iba a quedar en la historia, por todo lo que dieron Vélez y Boca, con un frenético primer tiempo con cuatro goles y dos expulsados.

Chilavert, Maradona y Castrilli recargados. Cada uno a su manera, serían los grandes protagonistas de una noche vibrante como pocas, en un estadio José Amalfitani que desbordaba de expectativa, con ese murmullo latente de los espectadores en la previa, suponiendo que estaban en la antesala de un partido que podía ser inolvidable. Y no se equivocaron.

Los dos equipos llegaban a esa 13° fecha como parte de los cinco que se disputaban el liderazgo con muy poca diferencia. Gimnasia y Vélez estaban en la cima con 25 puntos, seguidos de Estudiantes con 24 y apenas un escalón por detrás, Lanús y Boca con 23. Esta es una simple muestra de la extrema paridad que tenía el torneo y que se iba a mantener a lo largo de todo su recorrido, ya que recién definió en la fecha final.

El campeonato anterior, Apertura 1995, parecía ganado por Boca, sin embargo, fue una enorme frustración. Había sido el del regreso de Maradona al club de sus amores, con su recordado mechón amarillo. Llegó a sacar 6 puntos de ventaja, pero se fue quedando y, a tres fechas del final, fue superado por Vélez, en la famosa tarde de la caída en la Bombonera ante Racing por el inusitado score de 6-4.

José Luis Chilavert, Javier Castrilli y Diego Maradona, los grandes protagonistas de la noche de Liniers, en el momento del sorteo

Ese mismo día, Mauricio Macri ganó las elecciones y un par de semanas más tarde, con el doloroso hecho consumado de haber perdido el torneo de manera increíble, decidió no renovar el contrato de Silvio Marzolini y apostar fuerte en su reemplazo: Carlos Salvador Bilardo, que no dirigía en el fútbol local desde el 14 de febrero de 1983, cuando se consagró campeón con Estudiantes y asumió en la Selección para iniciar su exitoso ciclo.

Había una enorme expectativa por su presencia en un cuadro de la magnitud de Boca y con el rico plantel con el que contaba. Sin embargo, el equipo era muy irregular, alternando triunfos sin mayor diferencia con sus rivales y algunas caídas duras, como el histórico 0-6 que recibió de Gimnasia en la propia Bombonera.

El cuadro de Liniers, dirigido sapientemente por Carlos Bianchi desde comienzos de 1993, no se cansaba de ganar y no aflojaba nunca. Se quedó con ese Apertura ‘95, como antes lo había hecho con el Clausura 1993 y las copas Libertadores e Intercontinental 1994. Pese a que perdía a algunas de sus figuras, como el caso del Pepe Basualdo que en febrero de ese 1996 pasó a Boca a pedido del Narigón, no resquebrajaba su estructura.

“Recuerdo que desde el primer momento fuimos dos equipos que salimos a hacernos daño, en el lenguaje futbolero, con la intención de ganar”. Así lo evoca Christian Bassedas, uno de los protagonistas de aquella jornada en diálogo con Infobae. “Fue un partido muy vibrante, teniendo en cuenta que por el lado de Boca estaban Maradona y Caniggia, y por el nuestro, Chilavert y todo lo que fue ese Vélez”.

Chilavert, a despecho de sus potentes remates, acarició la pelota en este tiro libre, convirtiendo un golazo contra Navarro Montoya

Boca salió con el esquema que Bilardo mantenía inalterable en sus alineaciones desde hacía varios años: Navarro Montoya en el arco, un líbero (Gamboa), dos stoppers (Fabbri y Mac Allister) para tomar a los delanteros rivales, laterales volantes (Basualdo y el Kily González), un volante central de equilibrio (Carrizo), dos enlaces (Maradona y Verón), para abastecer a los delanteros (Caniggia y Scotto). En el repaso, asombra la calidad de los integrantes. Sin embargo, no todos se sentían cómodos con ese sistema. Quizás quien más lo sufría era el colorado Mac Allister, lejos de su natural función de marcador lateral.

El Vélez de Bianchi seguía su línea del 4-4-2 que tantos resultados le había dado. Una táctica sin misterios, simple, efectiva y con roles definidos: Chilavert; Zandoná, Banegas, Pellegrino, Cardozo; Herrera, Gómez, Bassedas, Camps; Pandolfi y el Turu Flores. Hacía zona en el fondo, los dos volantes mencionados en primer término para la recuperación, los otros dos para crear y una excelente dupla de ataque.

Christian Bassedas fue uno de los símbolos de aquel Vélez emblemático. Además del gran partido, para él era una jornada distinta por un motivo especial: “Enfrentar a Maradona era hacerlo con el ídolo de todos, al futbolista más querido y al que admirábamos. Por supuesto que intimidaba cada vez que agarraba la pelota, porque si bien en el fútbol profesional no hay licencias, notoriamente con él en la cancha, el espectáculo tenía otro sentido. Pienso que ésto es algo que no solo me pasó a mí, sino que le ha ocurrido a todos: uno quiere ganar el partido, nosotros éramos un equipo muy fuerte de cabeza y por eso goleamos esa noche, pero es innegable que de reojo lo miraba, porque uno lo quería y lo quiere todavía”.

Al convertir el gol de tiro libre, Chilavert salió corriendo a abrazarse con Carlos Bianchi

La primera emoción fue a los 15 minutos, en el mejor momento de Boca. Maradona inició un contragolpe y a la altura de la medialuna se la cedió a Verón que ingresaba por la izquierda. El remate de la Bruja se estrelló en el travesaño, picó en el área chica, por donde apareció una ráfaga rubia con el 8 en la espalda, que respondía al nombre de Claudio Paul Caniggia, para abrir el marcador con un certero golpe de cabeza.

Había sido el mejor cuarto de hora de Boca desde que el Narigón asumió a comienzos de ese año, con toques, rotación, asociaciones y buen juego. La ventaja en el score era justa, pero apenas iba durar cinco minutos, porque a los 20 se produjo la jugada más polémica de aquella ardiente noche de Liniers, como la recordó Bassedas: “Logramos el empate a partir de una genialidad de Pandolfi que la pinchó desde afuera del área, la pelota pegó en el travesaño y el Beto Camps cabeceó al arco. Los árbitros convalidaron el gol, pero a partir de allí nada fue igual. Para mí, la pelota estaba adentro, pero hoy con el VAR, habría que ver si esa decisión se reafirmaba, porque fue una cuestión de centímetros”.

Mientras los futbolistas de Vélez se apiñaban sobre el autor del gol en el delirio del festejo, Navarro Montoya le juraba a Javier Castrilli que la pelota no había ingresado en su totalidad, cuando él le dio un puñetazo ante el golpe de cabeza de Camps. El árbitro había dudado un instante, pero como el juez de línea, Alberto Barrientos, en excelente ubicación, corrió hacia la mitad de la cancha, convalidó la conquista. Lo concreto es que nunca quedó claro, con las muchas repeticiones que entregó “Fútbol de Primera”, ya en un tiempo de avance tecnológico notable, si en balón había traspuesto la línea.

Javier Castrilli y la expulsión a Diego Maradona, dando inicio un escándalo dentro del campo de juego

Siguió siendo un partido parejo, con la peligrosidad latente de Caniggia en cada ataque y las respuestas de Vélez, que tenía estudiado que el sector más endeble de la defensa de Boca era el izquierdo. Allí cayó un largo pelotazo de Chilavert para Pandolfi, a quien Mac Allister le cometió una infracción al borde del área. Era el lugar ideal para la zurda del arquero paraguayo que cruzó toda la cancha con una enorme convicción y con muchas ganas por su eterno duelo dialéctico con Navarro Montoya. Tomó apenas dos pasos de carrera, llegó a la pelota y la acarició de zurda, para que golpease apenas en el poste y se metiera en el arco para el delirio total del Fortín. Como nos los resumió Bassedas: “Fue una obra maestra de Chilavert. Su gol más exquisito y, en mi opinión, está entre los mejores diez tiros libres de la historia”.

Enfundado en su legendario buzo negro con el Bulldog en amarillo, inició una carrera con los brazos abiertos en dirección de Carlos Bianchi, que salió del banco de suplentes para estrecharlo en el abrazo que deseaba todo el pueblo de Vélez. Dos minutos más tarde, un empujón de Mac Allister dentro del área, fue sancionado por Javier Castrilli con tiro penal y desató la furia de los jugadores de Boca, sobre todo de Fabián Carrizo y Néstor Fabbri, quien vio la tarjeta roja. Y otra vez el duelo que volvió a ganar Chilavert, ejecutando la falta con precisión y justeza para vencer a Navarro Montoya.

Inmediatamente, los hinchas de Boca que estaban en la popular a espaldas del arquero de Vélez se treparon y derribaron el alambrado, generando un inmenso caos, que también se desató en el campo de juego. Fue allí cuando Javier Castrilli le mostró la tarjeta roja a Maradona por exceso verbal, propiciando un momento increíble y muy evocado, cuando le fue a pedir explicaciones de porque lo había expulsado, ante la pétrea actitud del juez: “Soy un jugador, explíqueme. Estamos hablando como hombres, como seres humanos”. En ese momento, Navarro Montoya le dijo la frase memorable: “No te va a contestar, Armando”. Y la reacción de Diego desesperado: “Si no me va a contestar es un botón”.

La tapa de El Gráfico con Chilavert en todo su esplendor

Pese a estar con dos jugadores menos, Boca logró acomodarse en el segundo tiempo, apostando a alguna contra salvadora de Caniggia. Recién a los 75, y por medio de un gol en contra de Gamboa, Vélez llegó al cuarto gol. Casi sobre el final, Bassedas escapó por la izquierda y se la cedió al Turu Flores, que marcó el definitivo 5-1. Quedaba tiempo para una expulsión más de Castrilli, a Carlos Mac Allister, también por exceso verbal.

Vélez daba una nueva muestra de su personalidad, ganando un partido clave, con una monumental actuación de su arquero, a quien Bassedas nos describió a la perfección: “En toda aquella historia, Chilavert fue un superhéroe para el mundo Vélez y para el equipo también. Siempre se preparaba de la misma manera, sin importar el rival. Su único objetivo era ganar y como los grandes de verdad, aparecía en los partidos más importantes. No salía como figura en los encuentros intrascendentes, sino en aquellos donde siempre había algo importante en juego”.

Pasaron poco más de 30 años, pero el recuerdo de aquella noche sigue latente. Se dio en medio de un torneo excepcionalmente parejo, con grandes figuras en muchos equipos. Para Boca fue un golpe duro, que le costó retrasarse en las posiciones y quedar alejado de la lucha por el título. Esa que Vélez disputó mano a mano con Gimnasia hasta la fecha final, donde se consagró campeón ante Independiente, otra vez con la decisiva actuación de Chilavert. El inmenso superhéroe de Liniers.