Un lobo marino de un pelo murió tras agonizar durante varios días con una herida de bala en Santa Teresita, ciudad del Partido de la Costa, en la provincia de Buenos Aires. El animal, un macho subadulto que rondaba los 200 kilos, fue hallado en condiciones críticas debajo del muelle y trasladado al Centro de Rescate de la Fundación Mundo Marino, donde murió poco después de su ingreso.
El operativo comenzó con un llamado recibido a la mañana por parte de la Fundación BioCosta, que alertó sobre la presencia de un animal varado en la playa. Al llegar al lugar, los integrantes del equipo de rescate notaron de inmediato algo que los alertó: el lobo marino no respondía ante la presencia de personas. “En estos casos los animales siempre son de responder porque son animales salvajes y son agresivos”, señaló Gastón Delgado, uno de los rescatistas que se apersonó al lugar.
Al acercarse, advirtieron en el hombro derecho del animal lo que describieron como un orificio compatible con una herida de bala, lo que llevó a contactar de inmediato a los veterinarios de Mundo Marino para coordinar el traslado.

La decisión no fue sencilla. Por el tamaño del ejemplar —cerca de dos metros de longitud y casi 200 kilos de peso—, el traslado implicó una logística considerable. Según explicó Delgado, en casos como ese se evalúa si es posible realizar una curación en el lugar o si se impone el traslado. En esta ocasión, el deterioro del animal era tal que se optó por llevarlo al Centro de Rescate de la fundación, en San Clemente del Tuyú.
Ya en el centro de Mundo Marino, el equipo veterinario intentó estabilizar al animal, pero el lobo marino murió poco después de su ingreso. La necropsia posterior arrojó un cuadro clínico que explicó el desenlace. “El proyectil provocó una fractura grave del hueso y una contusión pulmonar, lesiones que le causaron dolor y molestias intensas, afectaron su movilidad y comprometieron seriamente su estado general”, explicó Juana Caferri, médica veterinaria de la Fundación Mundo Marino.

La especialista precisó que, al momento del rescate, la herida ya presentaba signos de infección con varios días de evolución: “Había un fuerte olor pútrido y alteraciones en los tejidos compatibles con varios días de evolución”. El disparo, entonces, no había sido reciente. El animal había permanecido vivo durante ese lapso mientras la herida se deterioraba progresivamente.
La sepsis —definida por la veterinaria como la respuesta generalizada del organismo frente a una infección— fue lo que terminó con la vida del ejemplar de Otaria flavescens, nombre científico de la especie conocida popularmente como lobo marino de un pelo.
“El impacto no le provocó una muerte inmediata: el animal permaneció con vida durante varios días, mientras la herida se deterioraba y la infección avanzaba. Finalmente, la sepsis provocó un deterioro progresivo y fue la causa de la muerte”, completó Caferri.
Durante la necropsia, el equipo encontró restos de redes de pesca en el estómago del animal. Los lobos marinos de un pelo tienen por hábito acercarse a las artes de pesca para acceder a los peces capturados, lo que forma parte de su comportamiento natural de búsqueda de alimento.

La presencia de esos restos en el estómago del animal confirmó que había tenido contacto con artes de pesca, pero no permitió establecer si esa interacción estuvo vinculada con el disparo ni quién fue el responsable. Lo que sí quedó determinado fue que una acción humana provocó una lesión que resultó fatal para el ejemplar.
“El mar es el ambiente natural de estos animales y también es un espacio donde las personas desarrollan actividades productivas. Tenemos que encontrar formas de convivir y reducir esos conflictos. Un animal que se acerca a una red no entiende el daño económico que puede generar: está buscando alimento para sobrevivir. La respuesta no puede ser herirlo o matarlo”, afirmó Sergio Rodríguez Heredia, biólogo de la Fundación Mundo Marino.









