Épico. Histórico. Emotivo. El partido entre Argentina y Egipto por los octavos de final del Mundial 2026 tuvo escenas de emoción profunda y dejó grabada una muestra de carácter de la selección de fútbol que dirige Lionel Scaloni y lidera en la cancha Leo Messi.
Cuando el equipo argentino parecía caminar inexorablemente hacia la eliminación de la Copa del Mundo, una ráfaga de goles llegó en el epílogo del partido y en un espacio de 13 minutos Argentina pasó de estar 2 a 0 abajo en el marcador, a ganar la clasificación a los cuartos de final por 3 a 2.
¿Cómo fue que esto sucedió? El partido comenzó difícil para los dirigidos por Scaloni, ya que pese al dominio de la pelota se encontró con un seleccionado egipcio dispuesto a disputar la tenencia del balón y a atacar con la misma agresividad para pasar al frente en el marcador. Así consiguió ponerse en ventaja, con un centro cruzado que Yasser Ibrahim conectó de cabeza a los 14 minutos para vencer a Dibu Martínez.
El partido no se quebró allí y mantuvo la misma tendencia, con Egipto agazapado para salir de contra y Argentina buscando sin éxito abrir un hueco en el bloque defensivo del seleccionado africano. Pero con el trámite de esa forma llegó el segundo golpe egipcio: Mostafa Ziko amplió la distancia en un contra letal a los 67 del segundo tiempo y puso un 2 a 0 que parecía definitivo.
Argentina cargaba con el peso de los dos golpes en el arco propio y el ánimo golpeado por el penal que había errado Leo Messi a los 20 minutos del partido, antes de la primera pausa de hidratación.
Allí apareció todo el carácter de la scaloneta. Apoyado en la fortaleza de Leandro Paredes y persistencia de Enzo Fernández y Alexis Mc Allister, lo fue a buscar y encontró el descuento con un cabezazo de Cristian “Cuti” Romero, luego de un centro con gran precisión de Messi. El descuento le revivió el ánimo a la Argentina que redobló el empuje en busca del empate.
Y la hazaña llegó tan solo cuatro minutos después: otro centro llovido que Gonzalo Montiel logró bajar luego de fajarse con los defensores le quedó a Messi, a media altura pero tapado, para que el capitán argentino apele a uno de los tantos recursos que posee en su pierna zurda y en su cabeza para inclinar el cuerpo y sacar una volea maravillosa, recta, que pegó primero en el travesaño y luego quedó en la red del arquero egipcio, Mostafa Shobeir Oufa, de enorme actuación.
La locura se apoderó de las tribunas en el estadio de Dallas y en las calles de la Argentina, donde a los hinchas les empezaba a volver el alma al cuerpo. Sin embargo, allí el seleccionado argentino mostró el oficio de campeón del mundo defensor del título y logró capear el nerviosismo sin desesperarse para evitar que Egipto logre armar una nueva contra para rematar de una vez el cotejo. Algo que no pasó.
Cuando el alargue del partido se veía en el horizonte, a los 92, en el segundo minuto de adición, emergió la figura de Lautaro Martínez, el goleador del Inter, que con una jerarquía notable se llevó la pelota por el costado derecho de la resistencia egipcia, mantuvo el control cerca del banderín del córner y usó su talento para desmarcarse de dos defensores de Egipto y lanzar un centro quirúrgico, teledirigido con destino a la cabeza de Enzo Fernández, que desde un vértice del área chica cabeceó a contrapierna del gran arquero del conjunto africano y decretó la remontada.
Hazaña de la selección de Scaloni que logró lo que ninguna selección argentina había logrado hasta ahora en un Mundial: dar vuelta un partido a falta de 11 minutos para el final, en una furiosa recta final










