
Durante una conversación difundida por LUCAS TYLTY, varias leyendas del fútbol compartieron sus experiencias más difíciles dentro y fuera de las canchas. Entre los temas principales surgieron el episodio vivido por Ronaldo antes de la final del Mundial de 1998 y los problemas físicos que marcaron la carrera de Gabriel Batistuta, además de otras anécdotas de Roberto Carlos y Roberto Baggio.
Ambos futbolistas, junto a otras figuras, relataron cómo enfrentaron el dolor, la soledad y las secuelas físicas a lo largo de sus trayectorias profesionales.
Ronaldo contó que antes de la final del Mundial de 1998 luchaba con una convulsión inesperada y que fue al hospital para hacerse estudios y confirmar que podía jugar sin ponerse en riesgo. Batistuta dijo que disputó partidos casi sin poder caminar por el tobillo, hasta que el daño fue total, y que después entendió que no era invulnerable.
Ronaldo describió en LUCAS TYLTY la tensión previa a aquella final como un pulso entre el miedo y la voluntad de querer jugar: “Estaba disputando con el fantasma de una convulsión que me tomó por sorpresa y con una inmensa voluntad de querer jugar”.

El exdelantero añadió que salió hacia el hospital para someterse a los estudios necesarios. “Para garantizar que podía jugar con seguridad, sin morir ahí en el campo”, dijo, y agregó que tampoco quería cargar con la idea de haber cedido en una final del Mundial.
También dijo que volvió al vestuario con los resultados en la mano y se preparó para jugar. Roberto Carlos, que compartía habitación con él, contó en el mismo espacio que ese día ni siquiera pensó en el partido: “Aquel día fue el peor día de mi vida”.
El exlateral recordó que su prioridad era verlo despertar y comprobar que estaba bien. También contó la primera reacción de Ronaldo al recobrar la conciencia: “Estoy todo dolorido. Parece que un camión pasó por encima de mí”.
Batistuta y las secuelas de jugar lesionado
Gabriel Batistuta situó el origen de sus problemas en una época con menos respaldo médico y humano para los jugadores. “No teníamos mucha gente que nos aconsejara. Estábamos solos”.

El argentino dijo que entonces no había acompañamiento integral, ni orientación psicológica, ni una estructura que ayudara a entender los límites del cuerpo. “Pensaba que tenía que jugar todos los partidos, porque había gente que pagaba la entrada, había hinchas de la Fiorentina o de la selección argentina y yo tenía que responder a todo eso”.
Después llegó su confesión: “Jugué con el tobillo que no podía caminar, pero jugué. Hasta que se rompió todo”.
Batistuta sostuvo que, si pudiera cambiar algo de su carrera, modificaría ese cuidado personal y la falta de asesoramiento que tuvo en sus primeros años. Más adelante, al recordar la operación que se hizo en la Roma tras salir campeón, dijo: “Ahí entendí que era un hombre común y mortal”.
También relató que esa operación le hizo aceptar algo que hasta entonces no admitía. “Entendí que no era el superhombre que tenía en mi cabeza” y que debía dejar de hacer lo que amaba.
Las lesiones que condicionaron sus carreras

Ronaldo amplió ese panorama de lesiones al hablar de sus rodillas y del modo en que su generación entrenaba. “Solo de rodilla me operé unas diez veces”, afirmó, antes de recordar una primera cirugía a los 17 años y otras nueve después.
El brasileño señaló la rotura del tendón rotuliano como el episodio más grave de todos. Dijo que entonces casi no había antecedentes claros de tratamiento y que la recuperación avanzaba entre incertidumbres, “como por un camino oscuro”.
También vinculó parte de esas secuelas a métodos de trabajo que, a su juicio, no se ajustaban a las características de muchos atacantes. Puso como ejemplo sesiones de larga distancia y recordó una etapa con Héctor Cúper en la que, según dijo, el calentamiento incluía correr tres kilómetros.

Ronaldo explicó que veía en Romário un modelo de preparación específico para la explosión en pocos metros. “Si pudiera volver atrás, habría sido mucho más firme en la idea de que no tenía que correr junto con Roberto Carlos y Cafú en un entrenamiento de larga distancia”.
Roberto Baggio añadió que convivió desde muy joven con una lesión que condicionó toda su carrera. Contó que se rompió la rodilla a los 18 años, que estuvo dos años sin jugar y que después necesitó trabajos particulares dos veces por semana, además de los entrenamientos con el equipo, para sostener el tono muscular.
Baggio dijo que se retiró “con mucho sufrimiento” y que su historia, como la de otros exjugadores, merecería contarse para ayudar a personas que atraviesan depresión u otras dificultades. “Cada uno de nosotros tiene una historia propia, única”, afirmó.
El retiro y la vida después del fútbol
El exdelantero dijo que la idea de no volver a competir siguió presente durante un tiempo. Después entendió que había otras cosas por hacer y que podía reinventarse, aunque definió el corte con la rutina del jugador como un momento difícil.

Roberto Carlos contó una experiencia opuesta en el tono, aunque nacida del mismo desgaste físico. “Le di gracias a Dios”, dijo sobre su retiro, y explicó que llegó un punto en que ni siquiera podía subir las escaleras de su casa por el dolor.
Batistuta, en cambio, contrapuso la pérdida del jugador con una vida nueva fuera del estadio. Dijo que ahora “hacer un gol” puede ser besar o abrazar a un hijo o a un nieto, y que aprendió a encontrar sentido lejos de la competición.









