En la actualidad, las categorías formativas de la selección argentina femenina son un tejido de historias dispersas por el mundo, un mapa con nombres de adolescentes que encontraron su acento en otras latitudes pero eligieron la camiseta celeste y blanca. Entre las rutas que cruzan fronteras y pasaportes, la de Emma Azofeifa tiene la textura de una biografía plural: hija de un costarricense y una argentina, su andar por el deporte es una sucesión de estaciones en Costa Rica pero que se detiene en Argentina.
El caso de Emma Azofeifa sobresale no solo por su talento, sino por el entramado de decisiones y sacrificios que marcaron su camino hasta la selección dirigida por Christian Meloni. Nacida en Costa Rica, país de poco más de cinco millones de habitantes, la joven delantera heredó una pasión deportiva que atravesó fronteras y disciplinas.

Desde pequeña, el deporte ocupa un lugar central en su vida. Su madre, Mariana Luzuriaga Cavani, argentina, y su padre, costarricense, transmitieron esa herencia de actividad física y superación. Mariana fue tenista federada en Argentina y más tarde jugó vóley en GEBA, antes de mudarse a Costa Rica estudió Periodismo Deportivo y hoy se dedica al coaching deportivo. “Para mí el deporte es superimportante”, compartió la madre de Emma en diálogo con Infobae.
La vida de la joven futbolista estuvo atravesada por el movimiento y el esfuerzo desde edades muy tempranas. “A los cuatro años ya llamaba la atención por su contextura física, estaba marcada, muy musculosa. Tiene una mezcla de motivación y genética”, relató su madre. Emma comenzó gimnasia a poco más de un año y medio de vida, en una institución que formaba a deportistas olímpicos. Además, en la escuela practicó fútbol, en simultáneo con natación y atletismo, y se destacó por su velocidad y potencia, especialmente en pruebas de 50 y 100 metros.
Su infancia transcurrió entre distintas disciplinas. “Fue una chiquita que te dabas cuenta que iba a hacer algún deporte de alto rendimiento”, remarcó Mariana Luzuriaga Cavani. Y el fútbol, finalmente, prevaleció sobre el resto. A los trece años, Emma afrontó un cambio decisivo en su formación deportiva: dejó de entrenar con varones al incorporarse a la Sub-15 y fue seleccionada para el proyecto FIFA Talent de la Federación Costarricense de Fútbol. Desde ese momento, su rutina se volvió más intensa, asistiendo tres veces por semana a entrenamientos de aproximadamente tres horas, lo que fortaleció su vínculo con la selección y consolidó su motivación por el fútbol de alto rendimiento.

El proceso de convocatoria no se detuvo: cada semana, Emma recibía el llamado de la federación para sumarse a las prácticas, lo que le permitió adaptarse al entorno de selección y empezar a vestir la indumentaria oficial de Costa Rica. Pronto, su desempeño la llevó a integrar el equipo que participó en el Torneo Sub-15 de Concacaf. En el debut, Costa Rica venció 9-0 a Haití y Emma anotó uno de los goles.
Avanzando en su carrera, en enero y febrero de 2025, Emma fue convocada para disputar la primera fase de las Clasificatorias Femeninas Sub-17 de Concacaf, rumbo al Mundial de Marruecos. En el debut, la selección costarricense goleó 7-0 a Granada y Emma convirtió el quinto gol del partido. El equipo logró avanzar de fase y aseguró uno de los cuatro cupos de Concacaf para la cita mundialista.
Ya consolidada en el plantel, Emma integró la delegación de Costa Rica en el Mundial Femenino Sub-17 de Marruecos 2025. FIFA la incluyó oficialmente en la lista de jugadoras del torneo. Aunque el equipo quedó eliminado en la fase de grupos, la delantera tuvo participación activa y, en el partido ante Marruecos, fue la autora de la asistencia a Naima Moya para el único gol costarricense en ese encuentro. Ese mismo año, fue promovida a la selección Sub-20 de Costa Rica para disputar el torneo de Concacaf, un salto que confirmó su proyección dentro del fútbol femenino del país.
La exigencia física y el compromiso fueron constantes en la vida de Emma. Su madre recordó: “Fue un sacrificio enorme porque desde chiquita ella antes se levantaba muy temprano para ir al club del colegio de atletismo. Nunca le costó la actividad física y siempre tenía una motivación, como para ir a entrenar a las cinco de la mañana. Y vos decías: ‘¿Por qué atletismo?’”.

En junio de 2026, a los 17 años, Emma logró el objetivo de toda futbolista juvenil: debutar con la selección mayor de Costa Rica en un amistoso frente a El Salvador. Este hecho la posicionó como una de las promesas más jóvenes en alcanzar esa instancia. Tras ese recorrido, la delantera tomó una decisión inesperada y definitiva: dejar de vestir los colores de Costa Rica para sumarse a la Albiceleste. Este giro marcó un antes y un después en su carrera, abriendo una nueva etapa en el fútbol argentino tras un proceso formativo y competitivo íntegramente desarrollado en el sistema costarricense.
“El sacrificio que ella hizo por ir a Argentina, por cambiar de selección fue enorme, porque dejó su zona de confort, dejó su equipo de toda la vida para incorporarse a un equipo más competitivo, un país que tiene muchísima más gente. El hecho de que se haya ido para Argentina todavía fue como: ‘Guau, esta chiquita no se conforma y quiere mejorar y quiere buscar la mayor excelencia posible y no le tiene miedo a los retos’”, compartió su madre.
Detrás de esa elección se encuentra una fuerte identidad argentina. Su madre y toda la familia materna son argentinos: abuelos, tíos, primos. Incluso su abuelo, que cumplirá 102 años el próximo mes, fue nadador de aguas abiertas. La posibilidad de jugar en el seleccionado argentino le permitió a Emma acercarse aún más a sus raíces familiares y representar la camiseta albiceleste.

Mariana enfatizó en que, a pesar de su nacionalidad, nunca influyó en la decisión de Emma: “Yo sinceramente nunca la presioné. Todo fue decisión de ella”. La madre recordó la charla que mantuvieron cuando Emma le preguntó: “‘Mami, ¿qué hago?’”, a lo que respondió: “Yo te apoyo. Si querés quedarte, te quedás. Si te querés ir, te vas. Para mí sos lo máximo en cualquier selección que jugués”. “Ella fue la que dijo: ‘No, yo quiero salirme de la zona de confort’, y vaya que sí se salió”, completó Mariana.
El contacto con Christian Meloni marcó el inicio del proceso de cambio. A principios de año, el técnico se comunicó con el entorno de Emma para convocarla a una serie de amistosos frente a Chile con la Sub 17 y la Sub 20, que se entrenan en simultáneo. En ese momento, la joven aún no podía participar porque faltaba la aprobación del One Time Switch, la regla de FIFA que habilita un cambio de federación nacional bajo ciertos requisitos. Tras la gestión que conlleva un conjunto de requisitos rigurosos, el permiso fue concedido.
Mariana consideró que la decisión de su hija se vincula fuertemente con su familia argentina: “Creo que ella tiene ese honor y esa sangre. No es que acá en Costa Rica no lo tengan, pero tiene esa garra, esas ganas de vestir la camiseta de Argentina, porque obviamente hay todo un background atrás por parte mío y por mi familia que la ha ligado la sangre, la cultura y la identidad que nosotros tenemos, deportiva y sobre todo futbolística”.

Aun así, la transición no fue sencilla para Emma. Implicó alejarse de su entorno cotidiano y de la rutina familiar a los 17 años, además de aceptar que no podría volver a participar en campeonatos en los que representó a Costa Rica, como el Mundial Sub-17 de octubre, donde Argentina será uno de los equipos presentes.
Con decisión y madurez, Emma optó por el camino más largo, dispuesta a comenzar desde las categorías formativas del fútbol argentino. El cuerpo técnico la recibió con apertura y reconoció su proyección y disciplina. El esfuerzo de la delantera no pasó desapercibido en su nueva familia deportiva, que valora tanto su recorrido como su determinación.
Tras este salto, el futuro de Emma se orienta al plano internacional. Pronto continuará su carrera en Arizona State University, en Estados Unidos, donde competirá en la División 1 y la conferencia Big 12, mientras avanza en sus estudios. Antes de este desafío, la delantera jugó en el Sporting FC de Costa Rica, donde consolidó una trayectoria que la llevó de los clubes locales a la escena global.










