
El fútbol argentino despidió a uno de sus grandes formadores: Miguel Ubaldo Ignomiriello falleció este viernes a los 99 años, dejando tras de sí una huella profunda en generaciones de jugadores y entrenadores. Su deceso ocurrió tras varios días de internación en el Hospital Español de La Plata, ciudad que lo vio nacer y construir su leyenda.
El impacto de Ignomiriello se percibe en el testimonio de clubes y futbolistas que pasaron por sus manos. Tanto Estudiantes de La Plata como Rosario Central manifestaron públicamente su pesar, subrayando el carácter pionero y maestro de quien supo forjar equipos y jugadores que marcaron época. El club platense lo despidió como el “padre de la Tercera que Mata”, mientras que el cuadro rosarino destacó la huella imborrable que dejó durante su paso por la institución.
Miguel Ignomiriello nació el 11 de junio de 1927. Se inició como preparador físico y en 1953 obtuvo su diploma de entrenador, lo que marcó el inicio de una carrera que lo llevó a dirigir tanto equipos de primera división como juveniles, siempre con una mirada formadora y un método que privilegiaba el trabajo de base.

Su trayectoria abarca equipos como Gimnasia y Esgrima La Plata, donde tuvo su primera experiencia como director técnico en 1957, y Arsenal de Llavallol. Pero fue en 1963, al asumir como responsable de las divisiones inferiores de Estudiantes, cuando dejó una marca indeleble: allí formó el legendario equipo juvenil la “Tercera que Mata”.
Esta denominación nació de la actuación de aquella división juvenil que fue subcampeona en 1964 y campeona en 1965. De ese semillero surgieron nombres como Juan Ramón Verón, Eduardo Bocha Flores, Carlos Pachamé, Oscar Malbernat, Ramón Aguirre Suárez, Alberto Poletti y Eduardo Manera. Con ellos, y bajo el mando posterior de Osvaldo Zubeldía, el club conquistó el Metropolitano 1967, tres Copas Libertadores consecutivas y la Copa Intercontinental de 1968 frente al Manchester United.
El legado de Ignomiriello fue mucho más allá de Estudiantes. Dirigió a la Primera de Rosario Central entre 1967 y 1969, con un saldo de 107 partidos, 47 victorias, 36 empates y solo 24 derrotas. En ese ciclo, coincidió con jugadores emblemáticos y contribuyó al desarrollo de figuras como César Luis Menotti y el Trinche Carlovich. También pasó por clubes como San Lorenzo e Independiente.

La influencia de Ignomiriello no se circunscribió solo a la Argentina. Su recorrido lo llevó a dirigir equipos en Uruguay, Bolivia y Ecuador, como Nacional de Montevideo, Bolívar, Deportivo Quito, Emelec y Filanbanco. En todos ellos dejó constancia de su capacidad para detectar talento y potenciarlo.
Además de entrenar planteles profesionales, se destacó en la conducción de divisiones juveniles. En 1973, al frente del seleccionado juvenil argentino en el Torneo de Cannes, fue campeón con un plantel que incluyó a futuros íconos como Mario Kempes, Ricardo Bochini y Marcelo Trobbiani.
Ignomiriello también tuvo un breve, pero recordado, paso por la selección argentina mayor. Dirigió solo tres partidos, aunque el último de ellos quedó en la memoria como el encuentro de la “Selección Fantasma”. Ese combinado fue preparado especialmente para jugar en la altitud de La Paz ante Bolivia, mientras el equipo principal, dirigido por Omar Sívori, disputaba otros compromisos. El triunfo por 1 a 0 prácticamente aseguró la clasificación al Mundial de Alemania 1974.

El recorrido de Ignomiriello por el fútbol argentino es extenso y diverso. Dirigió equipos como Banfield, Chacarita Juniors, Atlético Tucumán, Unión de Santa Fe, Vélez Sarsfield, Deportivo Armenio, Defensores de Cambaceres, Talleres de Remedios de Escalada, Douglas Haig, Platense, Arsenal de Sarandí, Sportivo Italiano y La Plata FC. Su nombre aparece vinculado tanto a proyectos juveniles como a equipos de Primera, siempre con la premisa de formar jugadores.
Además compartió una etapa con Carlos Bilardo en Estudiantes. Ignomiriello fue mucho más que un entrenador: fue un hacedor de futbolistas y una referencia ética para quienes optaron por el camino del deporte. Los clubes que lo despidieron en redes sociales coinciden en destacar su rol como “maestro de generaciones” y figura central en la historia de cada institución que lo tuvo entre sus filas.










