
Hubo un tiempo en que el australiano Bernard Tomic era señalado como una de las grandes revelaciones del circuito ATP Tour. Campeón juvenil del Abierto de Australia con apenas 15 años y cuartofinalista de Wimbledon a los 18, parecía destinado a dar pelea en los escenarios top y a convertirse en uno de los nombres importantes de su generación.
Hoy, a los 33 años y ubicado en el puesto 185 del ranking mundial, volvió a meterse en el cuadro principal de un Masters 1000 después de siete años. Lo hizo en Shanghai, tras superar los dos partidos de la clasificación. La última vez que lo había conseguido había sido en Canadá 2019, mientras que en el torneo asiático no accedía al main draw desde 2016.
Tomic nació hace 33 años en Stuttgart, Alemania. Es hijo de John, de ascendencia bosnio-croata, quien trabajó como taxista antes de convertirse en su entrenador, y de Ady, biomédica de origen bosnio. Si bien nació en territorio alemán, se radicó desde muy pequeño junto a su familia en Gold Coast, una región costera ubicada al sur de Brisbane, Australia, donde comenzó a jugar al tenis a los siete años.
Su proyección se confirmó durante los primeros años de su carrera. En enero de 2016 llegó al puesto 17 del ranking, su mejor posición, y ganó cuatro títulos ATP: Sídney 2013, Bogotá 2014 y 2015 y Chengdu 2018.
Pero su carrera comenzó a desvanecerse. Se operó de las dos caderas en 2014, después de abandonar en el Abierto de Australia frente a Rafael Nadal, y luego tuvo problemas en la muñeca y el abdomen. A las lesiones se sumó, según él mismo admitió, una falta de estado físico y, con el paso de los años, también aparecieron episodios que pusieron en duda su compromiso dentro de la cancha.
En 2012, con apenas 19 años, Bernard ya había quedado bajo la lupa. Fue en la segunda ronda del US Open, ante el local Andy Roddick, quien lo superó por 6-3, 6-4 y 6-0, en 1 hora y 27 minutos. En el tercer set, el australiano ganó apenas cinco puntos. John McEnroe, que comentaba el partido para la televisión estadounidense, lo acusó de no esforzarse, mientras que el capitán australiano de Copa Davis de aquel entonces, Patrick Rafter, calificó lo ocurrido de “vergonzoso”. El oceánico negó haber especulado con el resultado y dijo que lo había superado el nerviosismo de jugar por primera vez ante unas 22.000 personas.

En 2014 registró el partido más corto de la historia del ATP Tour al caer ante el finlandés Jarkko Nieminen por 6-0 y 6-1 en apenas 28 minutos y 20 segundos, durante el Masters 1000 de Miami. Aquella tarde apenas ganó 13 puntos y el encuentro quedó registrado como el más breve del circuito masculino.
Dos años después, en la primera ronda del Masters 1000 de Madrid, protagonizó una de las imágenes más recordadas de su carrera. Tomic perdía 6-2 y 5-4 ante el italiano Fabio Fognini y enfrentaba tres puntos de partido con su rival al servicio. En ese momento, en lugar de intentar devolver el saque, se quedó prácticamente inmóvil, sostuvo la raqueta al revés y dejó pasar la pelota, que terminó en un ace para sellar el 6-2 y 6-4. La imagen recorrió el mundo y volvió a alimentar los cuestionamientos sobre su actitud dentro de la cancha.
En Wimbledon 2017 volvió a quedar en el centro de la escena. Después de decir que se había aburrido durante su partido de primera ronda frente al alemán Mischa Zverev, reconoció que pidió asistencia médica para cortarle el ritmo a su rival. Fue multado con 15.000 dólares y el patrocinador de sus raquetas rompió el vínculo. Un par de años más tarde, el torneo le retiró todo el premio de primera ronda, de 45.000 libras, por no cumplir con los estándares profesionales en una derrota de 58 minutos ante el francés Jo-Wilfried Tsonga por la primera vuelta.
Esta temporada, en los cuartos de final del ATP 250 de Los Cabos, volvió a quedar en el ojo de la tormenta por su desgano ante el británico Cameron Norrie, quien necesitó apenas 50 minutos para imponerse por un contundente 6-1 y 6-0.
Los problemas también alcanzaron a su entorno más cercano. En mayo de 2013, su padre fue detenido en Madrid tras propinarle un cabezazo al francés Thomas Drouet, quien se desempeñaba como sparring de su hijo, provocándole una fractura en el tabique nasal. El episodio derivó en una condena judicial y en una sanción que le impidió acceder a los torneos organizados por el ATP Tour durante un prolongado período.

El descenso fue vertiginoso. En mayo de 2018 cayó al puesto 243, su peor ubicación desde 2010, aunque ese mismo año ganó Chengdu. A fines de 2021, en el puesto 254, contó que había estado cerca de retirarse y que, unos dos años y medio antes, había dejado de tomarse el tenis en serio.
La reconstrucción comenzó en el World Tennis Tour. Entre 2022 y 2024 ganó cinco títulos de la categoría: dos en Cancún, dos en Santo Domingo y uno en Chennai. La señal más clara llegó este año, cuando ganó el Challenger de Lincoln, su primer título en el circuito ATP Challenger desde 2018, cuando se alzó con el trofeo en Mallorca.
Ahora, Tomic tendrá una prueba exigente en la primera ronda de Shanghai ante el italiano Matteo Arnaldi, 38 del mundo. En el torneo asiático, donde su mejor actuación fue alcanzar los cuartos de final en 2015, buscará demostrar que está a la altura de las circunstancias.









