Jugó en Racing e Independiente y fue mundialista con la Selección: “Scaloni es como Bilardo y Menotti juntos”

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Gabriel Calderón compartió la selección juvenil y la mayor con Diego Maradona

“Yo vengo de una familia más pobre que cualquier villa de la Argentina. He pasado frío, hambre y miedo”, cuenta sobre su infancia Gabriel Calderón, qué más allá de haber vivido en París, Sevilla, Lausana, Sion, Abu Dabi y Doha, entre otras ciudades, nunca se olvida de sus orígenes. Y cada dos por tres regresa a Rawson, Chubut, su lugar de nacimiento, para recordar sus inicios en el fútbol en el club Germinal, donde estuvo hasta los 14 años antes de mudarse a Buenos Aires.

Calderón construyó una carrera que lo llevó de Racing e Independiente a la selección argentina, con la que disputó el Mundial de Italia 90 y llegó a la final. Después de retirarse, se transformó en un trotamundos del fútbol y vivió experiencias en culturas muy diferentes. Hoy, sigue de cerca distintas ligas, mantiene vínculos con excompañeros y se dedica también a proyectos inmobiliarios, aunque reconoce que está prácticamente alejado de los bancos de suplentes. Volver a dirigir en Argentina, asegura, no está entre sus planes.

La historia de Calderón forma parte de una trayectoria poco habitual: la de un futbolista que vistió las camisetas de los dos grandes rivales de Avellaneda. El 18 de octubre de 1981, Independiente y Racing se enfrentaron por el Torneo Nacional en La Bombonera. Ganó el Rojo por 2-1, con dos goles suyos. Unos días antes, el delantero había dejado la Academia para sumarse a Los Diablos Rojos y en la previa a dicho encuentro, los hinchas racinguistas le dedicaron una canción: “Oh, oh, lo cagamos a Independiente, le vendimos a Calderón”. Luego de la victoria del Rey de Copas, la hinchada roja respondió con el cántico “oh, oh, Calderón los cagó”, rememora el goleador sobre lo que vivió aquel día, en uno de los encuentros más recordados entre ambos conjuntos.

Oscar Ruggeri, Juan Simón, Diego Maradona, Pepe Basualdo y Gabriel Calderón. La imagen corresponde al Mundial Italia 90

En la Selección, el chubutense, de 66 años, reconoce una influencia decisiva de César Luis Menotti, a quién considera el entrenador que más lo ayudó a crecer. Destaca especialmente las enseñanzas tácticas que le permitieron ampliar su lectura del juego. También repasa su experiencia con el equipo de Carlos Bilardo en Italia 90, la final frente a Alemania, y una jugada que, a su entender, habría tenido otra resolución con el VAR.

Al mirar el presente del seleccionado argentino, Calderón sorprende con una comparación contundente: considera a Lionel Scaloni “el mejor entrenador de la historia del seleccionado nacional”. Valora sus títulos, pero sobre todo su capacidad para construir un equipo competitivo alrededor de un Lionel Messi más maduro, y conseguir el máximo rendimiento colectivo. “Scaloni es Bilardo y Menotti juntos”, sentencia en diálogo con Infobae.

– ¿Qué es de tu vida hoy, Gabriel?

– Sigo viendo fútbol por todos lados. Mi hijo vive en España, tengo dos nietos y vengo siempre a Argentina durante el invierno. Después, me voy para allá en el verano, para estar con mi hijo y mi hija. También estoy por hacer una inversión inmobiliaria en Paraguay y ando moviéndome con mis cosas. No tiene nada que ver con el fútbol.

– ¿Seguís en contacto con gente del fútbol?

– Sí. Hace tres semanas estuve en París en una reunión de jugadores. Era la primera vez que iba, y me encontré con compañeros a los que no veía desde hacía 36 años. Estuve con Erling Haaland. Siempre estoy en contacto con gente del fútbol. Tengo amigos y compañeros de mi época en distintos países y mantengo relación con personas que conocí cuando trabajé en el fútbol árabe. En los Mundiales, por ejemplo, muchos periodistas me llaman porque fui entrenador de clubes importantes. Son amistades y vínculos que quedaron de diferentes países, culturas e idiomas.

– ¿Qué recordás de tu llegada al primer equipo?

– Estaba por cumplir 19 años. Después de un partido, el asistente bajó y me dijo que al día siguiente iba a entrenar con la Primera de Racing. Empecé a trabajar con el plantel y me dieron la oportunidad de jugar un torneo. Recuerdo que participé en un partido y me fue muy bien. A partir de ahí, tuve continuidad. Después, llegó César Menotti y me convocó para el seleccionado juvenil que fue a Japón. Salimos campeones junto a Diego Maradona y Ramón Díaz. El año anterior no había estado en la clasificación porque no venía jugando bien, pero desde entonces seguí en el camino de la Selección.

Junto a Erling Haaland durante una reunión de jugadores en París

– ¿Qué significó Menotti para tu carrera?

– Fue el mejor entrenador que tuve. Lo encontré en una edad de aprendizaje extraordinaria y mi crecimiento con él fue enorme. Yo tenía condiciones, pero necesitaba un director técnico que me ayudara a desarrollarlas. Llegó en el momento justo y me enseñó cosas fundamentales para crecer, que me ayudaron a llegar a ser internacional y jugar once años en Europa. Era un buen jugador, pero para alcanzar el máximo nivel necesitaba seguir aprendiendo.

– ¿Y cuál fue la enseñanza más importante que te dejó?

– Lo primero fue el aspecto táctico. Como muchos jugadores argentinos, tenía buena técnica, manejaba las dos piernas y podía moverme por distintas zonas del ataque, pero miraba la pelota y no toda la cancha. Una vez, nos paró a Ramón Díaz, a otro compañero y a mí, y nos hizo mirar dónde estábamos parados. Fue la primera vez que levanté la cabeza y miré el espacio, no solamente dónde estaba la pelota. Menotti me dio herramientas para desarrollar mi inteligencia futbolística. También me enseñó movimientos: hacer que fuese a buscar la pelota y atacar el espacio, o venir a recibir y después picar. Sin esas enseñanzas, quizá me habría quedado en ser un buen jugador.

– ¿Cómo se dio tu salida de Racing y posteriormente tu llegada a Independiente?

– Es una buena pregunta y no sé si todo el mundo conoce la historia. En 1977, había debutado en Primera. Un año más tarde, me fui a Lanús, pero no rendí. Es en el único club que no anduve bien y es mi única cuenta pendiente de mi carrera. Luego, regresé a Racing, donde jugué hasta 1981. Yo estaba en Racing y tenía que jugar el domingo contra Independiente. En el entrenamiento del viernes previo, el Pato José Pastoriza me dijo que me fuera porque había equipos que querían verme. Después me enteré de que él no me quería y que Independiente sí estaba interesado. Fue una situación particular, porque no hay tantos jugadores que hayan pasado por los dos clubes. La decisión no dependió solamente de mí; hubo cuestiones de los entrenadores y de los dirigentes. Entonces, en dos días me fui de Racing y debuté en Independiente. Luego, en 1983 me fui al Betis de España. Salimos campeones por primera vez en la historia de la liga y estuve dos años. Más tarde, me llamaron de Francia para jugar en el PSG la UEFA, por recomendación de un entrenador suizo que conocía mi rendimiento. Después volví a Suiza y allí terminé mi carrera.

– Destacándote en Europa te llamaron de la selección argentina para disputar el Mundial de Italia, jugando la final contra Alemania…

– Sí, fue una experiencia enorme. Al principio yo pensaba que, si quedábamos eliminados en la primera fase, volvería a Argentina con el equipo. Pasamos la primera ronda, después vino Brasil y fuimos avanzando hasta llegar a la final.

– ¿El partido más importante fue ganarle a Brasil o a Italia?

– Cada partido fue una final, pero con la rivalidad que hay, ganarle a Brasil fue lo máximo. Igualmente, ante Italia en semis era como una final. Ellos por Diego querían crear un ambiente feo. Jugaban todos los partidos a las 21 y nosotros a las 16 con 45 grados de calor. Y decíamos: ´Mira cómo se acomodaron todo para llegar a la semifinal y todo lo que nos costó a nosotros´. Estoy convencido que a Italia la acomodaron para que sufran lo menos posible, por ser el país anfitrión. Frente al seleccionado local fue una final adelantada y eliminarlos en su casa fue un orgullo máximo…

– ¿El penal que no le cobraron a Argentina contra Alemania en la final habría tenido otra resolución con el VAR?

– Sí, para mí está clarísimo. Fue una falta que el árbitro (Edgardo Codesal) no vio. Estaba a un metro y no quiso inclinar la balanza a nuestro favor. No quiso cobrar el penal. En la otra jugada, el rival se tiró de manera inteligente y consiguió el penal. Pero en la acción nuestra, con el VAR, creo que se habría resuelto de otra manera. Cuando tenés una jugada así y no la cobran, después ya no podes hacer nada.

– ¿Por qué no volviste con el resto del plantel a la Argentina cuando terminó la Copa del Mundo?

– Cuando llegamos a esa instancia, fui el único jugador que no volvió a Argentina porque tenía que resolver un contrato con el Paris Saint Germain. Había arreglado las condiciones, pero apareció un intermediario que me pidió dinero y yo le dije que ya estaba todo acordado. Habló con alguien importante del club y decidieron llevar a otro jugador. Me quedé esperando en Roma para firmar y al final no se concretó. Son cosas que pasan en el fútbol.

– ¿Es cierto que Carlos Bilardo te pidió no firmar el contrato durante el Mundial para mantener la cabeza en la selección?

– Sí. Yo había explicado que el acuerdo estaba hecho, pero que firmaría después del Mundial. Entiendo que un jugador que está disputando una Copa del Mundo tiene que concentrarse en eso. Si te quieren en el club, pueden esperar. No tiene sentido meterle otras preocupaciones en la cabeza en un momento así, por eso desde que llegamos a Italia el entrenador nos pidió no pensar en otra cosa que no sea la Selección.

– Tras tu retiro en el Lausanne Sports de Suiza, dirigiste en Germinal de Rawson, tu lugar de nacimiento, único club en Argentina, y luego recorriste varios países como entrenador. ¿Nunca te interesó dirigir en el fútbol argentino?

– No. Al principio sí había querido empezar mi carrera en Argentina. Un club de la Segunda División se interesó por mí, pero alguien de la dirigencia decía que yo no conocía el fútbol argentino. Después, hice mi carrera afuera y ya no quise volver. Esa reflexión fue equivocada: en otros lugares tampoco conocía el idioma, la religión ni la cultura, y terminé saliendo campeón y clasificando a un Mundial. Pero no pude ir en contra de esa mentalidad y después no quise regresar a mi país.

– ¿Por qué no te interesa hoy trabajar en el fútbol local?

– Por los manejos internos de las dirigencias, las barras y esas cosas. Llevo muchos años afuera, y no va con mi mentalidad. Si me dicen que un jugador pertenece a un dirigente, a una barra o a un periodista, no quiero dirigir en un lugar así. No son todos los clubes ni todas las personas, pero hay muchos casos. Yo no me manejo de esa manera. Soy profesional: puedo hacerlo bien o mal, pero no acepto obligaciones ni condiciones de nadie. Además, llegado el momento, ponés en riesgo a tu familia. No quiero eso para mí.

– ¿Dejaste definitivamente el fútbol?

– Estoy casi al 99 por ciento afuera. De momento no me llegó una oferta que me interese y lo dejé así. No tengo muchas ganas de seguir, salvo que aparezca algo realmente interesante.

Una de sus experiencias como entrenador fue en Arabia Saudita

– ¿Qué te dejaron las experiencias en Arabia Saudita y en otros países?

– Fueron desafíos muy interesantes para mi crecimiento personal y cultural. Llegas a un país cuyo idioma no conoces y tenés que convencer a los jugadores, que saben que sos extranjero y que querés triunfar. En mi caso tuve una oportunidad especial en Arabia Saudita. Después del Mundial 2002, un representante del príncipe se reunió con alguien de la FIFA y pidió una recomendación. Habían contratado a entrenadores brasileños campeones del mundo, como Mario Zagallo y Carlos Parreira, pero no habían conseguido el rendimiento que esperaban. Desde la FIFA, le recomendaron a un argentino que tenía ganas de hacer carrera: yo.

– ¿Con qué antecedentes llegaste a esa oportunidad?

– En ese momento era instructor y llevaba varios años dando conferencias. Como entrenador, había trabajado seis meses en la Segunda División de Suiza, otros seis meses en Francia y también había tenido una escuelita de fútbol en Sevilla durante diez años, con chicos de cuatro a once años. No tenía un gran currículum, pero me dieron la oportunidad. Un periodista me preguntó en la presentación cómo podía dirigir a una selección sin experiencia ni antecedentes. Le contesté que tenía razón, pero que todos los grandes entrenadores empiezan alguna vez. Le pedí un año para ver si tenía razón él o si podía demostrar lo contrario. Lo mismo que le pasó a Lionel Scaloni en la selección argentina. Empezó a dirigir sin tener experiencia. Y me hace acordar a mis inicios.

– ¿Cómo fue tu trabajo con Arabia Saudita?

– Hicimos la mejor clasificación de la historia de Arabia: diez goles a favor, uno en contra, cuatro victorias y dos empates. El grupo también tenía a Corea del Sur, Uzbekistán y otro rival. Sin embargo, me echaron seis meses antes del Mundial y nunca supe por qué. Los jugadores me querían y reclamaron, pero el príncipe tomó la decisión y no hubo manera de cambiarla. Fue una pena, porque me quedé sin dirigir en una Copa del Mundo.

– ¿Después te recomendaron para dirigir a los grandes clubes de Arabia?

– Sí. Los mejores jugadores de la selección estaban en Al-Ittihad y en Al-Hilal, que son como River y Boca. Ellos me recomendaron y pude dirigir a los dos clubes. En Al-Ittihad y Al-Hilal tuve grandes experiencias; en uno había estado Marcelo Gallardo y en el otro Neymar. Fue gracias a los jugadores que confiaron en mí y me llevaron.

Por estos días Calderón está alejado del fútbol

– Dijiste que Scaloni te hace acordar a tu propia experiencia. ¿Por qué?

– Porque a él le dieron la selección argentina sin experiencia como entrenador y terminó convirtiéndose, para mí, en el mejor de la historia. A nivel de resultados, fue el que más rendimiento sacó. A mí me pasó algo parecido en Arabia: me dieron una oportunidad sin tener una trayectoria reconocida como técnico y pude responder.

– ¿Por qué consideras que Scaloni es el mejor entrenador de la historia de la Selección?

– Por los resultados: ganó dos Copas América, una Finalissima y una Copa del Mundo, y además llegó a otra final. Pero no es solamente eso. Con el mejor Leo Messi, el equipo de Alejandro Sabella llegó a la final de Brasil 2014; después, con Messi más grande, Scaloni fue capaz de armar un equipo y sacar el máximo rendimiento colectivo. Eso no es fácil. Argentina siempre tuvo buenos jugadores, pero hay que conseguir que funcionen como equipo.

– ¿Te sorprendió todo lo que logró como entrenador del seleccionado?

– Sí. En un primer momento pensé que darle la selección argentina a un empleado sin experiencia, no era un criterio muy razonable, porque no había nada que lo respaldara. La Selección tiene que sacar rendimiento. No puede ser un lugar para formar a un entrenador. Yo no lo haría de nuevo. Pero lo hicieron y encontraron a un técnico extraordinario.

– ¿Cómo lo comparás con Menotti y Bilardo, dos entrenadores que conociste y valoras?

– Quiero mucho a Menotti y a Bilardo, les estoy muy agradecido y creo que son muy buenos entrenadores. Pero Scaloni es el mejor por lo que consiguió y por cómo hizo jugar al equipo. Para mí, Scaloni es Bilardo y Menotti juntos.