Jugó en River, San Lorenzo y Huracán, pasó por las juveniles y hoy proyecta una granja educativa: “Los animales me desconectan”

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San Román se radicó con su familia en San Martín, Mendoza

Después de retirarse en el 2023, José San Román encontró una nueva manera de mantenerse ligado al fútbol. Radicado en San Martín de Mendoza, trabaja en la representación de futbolistas junto a la empresa que lo acompañó durante toda su carrera. Al mismo tiempo desarrolla junto a su familia un proyecto completamente diferente: una granja educativa y de animales. En una hectárea ubicada a pocos minutos del centro de la ciudad, junto a su esposa proyectan un espacio con caballos, chanchos, corderos y gallinas, además de una propuesta de terapia equina. “Los animales me desconectan mucho”, cuenta en diálogo con Infobae. También colabora con el club San Martín, que actualmente compite en el Federal A, aportando desde su experiencia como futbolista.

Su historia futbolística comenzó en River Plate, donde hizo todas las inferiores y llegó rápidamente a Primera. El proceso fue tan acelerado que, con apenas 17 años, ya se entrenaba con el plantel dirigido por Daniel Passarella. Pepe debutó en Primera y llegó a pensar que su crecimiento iba a continuar de la misma manera. Sin embargo, la presencia de Paulo Ferrari como lateral derecho titular y, sobre todo, algunas decisiones tomadas sin la paciencia necesaria terminaron alejándolo del club. “Yo pensaba que tenía que ser todo ya”, reconoce hoy.

A los 18 años, pasó a Tigre, donde comenzó a consolidarse y construyó una carrera que luego lo llevaría por distintos clubes del fútbol argentino y europeo. Luego, su paso por San Lorenzo fue una de las etapas que más lo marcó, aunque no necesariamente de la manera que hubiera deseado. Llegó muy joven, después de tres temporadas en el conjunto de Victoria que atravesaba una fuerte inestabilidad institucional y deportiva. Entre cambios de presidentes, entrenadores y problemas económicos, San Román admite que no estuvo completamente enfocado en el fútbol y que dejó pasar oportunidades. “Con 20 años tenía mi departamento, mi vida hecha y no estaba tan enfocado en el objetivo de jugar”, explica el exdefensor derecho.

Aquella experiencia también fue el antecedente de una de las decisiones más particulares de su carrera: pasar a Huracán, el clásico rival, donde logró recomponerse, tener un gran año, disputar la final de la Copa Sudamericana y clasificar a la Copa Libertadores.

Su carrera también tuvo capítulos en Europa. Pasó por el Zaragoza de España, donde integró el segundo equipo durante seis meses, en un proyecto que finalmente quedó trunco, porque el equipo aragonés logró una remontada inesperada y permaneció en Primera. Luego, jugó en Países Bajos, una experiencia que recuerda con especial cariño, y más tarde, llegó a Chipre, donde vivió, según reconoce, “el mejor año a nivel familiar”. Allí, atravesó buena parte de la pandemia, con las particularidades de vivir en una isla que permitió una reapertura mucho más rápida. Su último destino europeo fue Italia, donde disputó la Serie D y aprovechó la experiencia para intentar aprender el idioma antes de regresar definitivamente a la Argentina y cerrar su carrera en San Martín.

En Europa, jugó en Italia, España, Países Bajos y Chipre

– ¿Qué es de tu vida hoy, Pepe?

– Hoy estoy retirado del fútbol. Sigo trabajando con la empresa que me representó durante toda mi carrera, con Gustavo Goñi a la cabeza. Se llama Universal Twenty Two, la empresa que siempre me representó. Estoy trabajando con ellos, radicado acá en mi pueblo. Viajo mucho a Chile, tenemos jugadores ahí y también en la zona de Cuyo. También estoy dando una mano en el club San Martín. Es el único equipo de mi ciudad que está hoy en el Federal A. Nos conocemos todos acá y me pidieron que diera una mano desde mi experiencia.

– ¿Y el emprendimiento familiar también está vinculado al fútbol?

No, cero vinculación con el fútbol. Es más, por el lado del campo. Es una granja educativa, de animales. Es algo que siempre quisimos con mi señora. Todavía no largamos el proyecto. Estamos en proceso de armar todo para que sea un proyecto familiar. Vivo a diez o quince minutos de lo que sería el centro de la ciudad, en una zona rural y de campo. Tenemos una hectárea y apuntamos a tener una granja educativa para niños. Tenemos animales, caballos, chanchos, corderos y gallinas.

– Tu retiro fue en San Martín, ¿no?

– Sí, en 2023. Me retiré después de que ascendimos al Federal A. Durante toda mi carrera, mi señora me acompañó, al igual que mi familia, y ella también es mendocina. Los últimos dos años ya me quedé, planté bandera con mi hijo en el colegio y empezamos a pensar en este proyecto de la granja educativa, de los animales. Vivimos en el mismo predio, entonces de a poquito lo vamos construyendo.

– ¿Cómo fue el post retiro? ¿Te costó después de una carrera tan larga?

– Es difícil. Por ahí uno pensó que estaba preparado. Yo estaba deprimido, lo sentía. De hecho, me ofrecieron seguir jugando en el Chacarero, en mi pueblo, y dije que no, porque yo veía el futuro en la representación, que realmente me gusta y me apasiona mucho. Hay que hacerlo con gente que me tuvo desde los 11 años, cuando conocí Buenos Aires. Goñi es como un padre para mí. Pensaba que iba a ser fácil, porque tenía decidido lo que iba a hacer después del retiro. Pero se hace difícil, porque empezás a tener más tiempo libre. Además, el trabajo de representación también lo manejás vos. Había un momento en el que sentía que me faltaba algo que hice desde muy chiquito.

– ¿Por momentos querías volver a jugar? ¿Extrañabas ese olor a pasto?

– No. A jugar voy con mis amigos todos los sábados y después nos quedamos tomando algo. No es el jugar en sí, sino entender que volvés a tener una vida normal. Que te sacan de una burbuja. El futbolista está acostumbrado a vivir en una burbuja donde te preparan y están pendientes de vos. El otro día escuchaba algo que dijo el Puma Gigliotti, que fue compañero mío. Él también trabajaba con Gustavo antes del retiro y charlamos mucho. Dijo algo muy real: la familia siempre estaba para el jugador y ahora tenía que estar el jugador para la familia, porque sos uno más. Antes uno salía a entrenar y se acostaba a dormir la siesta, porque tenía que descansar y todo el mundo se adaptaba a eso: hijos, mujer. Todos se adaptaban al descanso del jugador. Hoy no. Hoy por ahí te tenés que adaptar vos a tu mujer, a tus hijos, a llevarlos al colegio. Y es difícil, porque siempre mamaste algo que no es habitual en el rol de padre o de esposo dentro de la familia.

El lateral derecho pasó por el Sub 17 y el Sub 20

– Volviste a una vida normal después de tantos años. ¿Te costó?

– Tal cual. Cuesta. De hecho, mi hijo, mis amigos y hasta mi señora me cargaban porque en un momento tenía el pelo larguísimo y barba. La realidad es que nosotros, como jugadores, estábamos acostumbrados a que una vez por semana te cortaban el pelo porque lo tenías al servicio. Estabas en el entrenamiento tomando mate, llegaba el peluquero y, mientras tomabas unos mates, te cortaba el pelo. O en la concentración. Hoy, para cortarme el pelo, tengo que organizar toda una movida. Tengo que ir a la ciudad, que no está lejos, pero tenés que pedir turno, decir “voy a las cinco” y a las cinco de la tarde tenés que organizarte, porque quizá tenés que llevar a tu hijo al colegio. A mí me da una fiaca terrible hacer eso. Entonces digo: no me molesta tener el pelo desprolijo o largo. Y se reían de mí. Son cosas a las que te acostumbras y después es difícil salir de esa zona.

– Naciste futbolísticamente en River. ¿Qué significó arrancar en un club tan grande?

– Recién ahora me estoy dando cuenta de lo que significaba River. Yo lo mamaba y para mí era normal. Tuve la suerte y quizás tampoco me saco mérito de mi fortaleza, porque no me fui muy chico, y también de mi constancia en los entrenamientos y del talento. Llegué a River en inferiores, y rápidamente empecé a ser titular. Para un chico del Interior no es fácil. Enseguida llegaron las primeras citaciones a la Selección. Después, con 16 años, debuté en Reserva y a los seis meses me subieron a Primera con Daniel Passarella. Tenía 17 años. Ya estaba, junto con Diego Buenanotte, entrenando en Primera. La verdad es que yo lo hacía natural y tenía una buena producción. Entonces, con 18 recién cumplidos, debuté en River. Yo decía: “A la mierda, es todo fácil”. Pensaba que todo iba a seguir así.

– ¿Y qué pasó para que esa historia en River no continuara?

– Fue raro. Son decisiones para las que siempre digo que no tuve la maduración correcta. Todo se fue dando muy rápido, y no entendía que tenía que hacer un proceso, que no me tenía que ir de un equipo grande. No entendía que el cuatro titular de River era Ferrari, que jugaba todos los partidos porque físicamente estaba bárbaro. Como yo había tenido esos pasos tan rápidos, todo se me hizo fácil. Pensaba que con 18 años ya tenía que ser el titular de River. También mi representante tenía buena relación en Tigre, entonces me llevaron apenas había debutado en River. El primer semestre me costó, en un torneo en el que Tigre peleó el campeonato con Lanús, pero en el segundo semestre ya era titular.

– ¿Hoy, desde la representación, tratás de que los chicos no cometan ese mismo error?

– Sí. Se fue dando todo muy rápido y no entendía que tenía que hacer un proceso, que no te tenés que ir de un equipo grande. Un poco eso fue el motivo del único partido que jugué en River. No me arrepiento de nada de lo que hice, pero hoy, desde afuera, trabajando con los chicos, trato de hacerles ver que tengan paciencia, que son procesos. Si no jugás hoy, no pasa nada. Podés jugar y hacerlo bien. No es todo ya. Hoy los chicos no tienen paciencia. Si un día, el técnico no los pone, ya piensan que es el fin del mundo, que no hay futuro en ese equipo, que se quieren ir. Y no entienden que por ahí tienen que ver el problema, mejorarlo y van a terminar jugando en cualquier equipo.

– Después te tocó San Lorenzo, en una etapa en la que el club no estaba bien. ¿Cómo recordás ese paso?

San Lorenzo fue una etapa dura. Yo era muy chico, tenía 20 o 21. Venía de tres años jugando en Tigre, habíamos hecho una buena campaña y había formado un grupo lindo. Llegué a San Lorenzo, un equipo grande, y la verdad es que no estuve mucho tiempo. Me preocupé más por otras cosas que por jugar y jugué poco.

– En una institución con tantos problemas, ¿era difícil enfocarse en lo futbolístico?

– Sí, muchas cosas. Imagínate que con 20 años tenía mi departamento, tenía mi vida hecha y no estaba tan enfocado en el objetivo de jugar. Dejaba pasar oportunidades, pensando “mañana, mañana, mañana” y dejé pasar oportunidades muy buenas en San Lorenzo. Además, el club vivió un tema grande porque cambiaron los presidentes. Primero estaba Rafael Savino, después Carlos Abdo. Cambiaron los técnicos. Yo me fui seis meses antes de terminar el contrato y, al poco tiempo, San Lorenzo fue a la Promoción. Un montón de cosas hicieron que mi estadía en San Lorenzo no fuera buena para mí.

– Después llegó Huracán, y sos de los pocos jugadores que vistieron ambas camisetas. ¿Te lo recriminaron alguna vez?

– En San Lorenzo me recriminaban todo, porque jugaba poco. Era una situación mala e insultaban. En Huracán fue diferente. Yo estaba en Arsenal y tenía contrato por un año. Yo me había lesionado y el técnico era Martín Palermo, que me había tenido en Godoy Cruz y pedido para ir a Arsenal. Me lesioné la rodilla y hablamos. Él me pidió la ficha porque en ese momento necesitábamos un nueve. Había pasado lo del Tanque Silva, y se dio la posibilidad de que viniera él. Yo quedé con mi ficha libre por la lesión, que eran más de cuatro meses. Después llegó junio, Martín se fue de Arsenal y vino Caruso Lombardi, que ya me conocía.

– ¿Y cómo apareció Huracán?

– Caruso me dijo: “Mirá, yo te conozco Pepe de Tigre, pero hoy prefiero darle la ficha al Tanque Silva y tratar de buscarte una salida”. Le agradecí que me lo dijera. Si encontraba una salida que me sirviera, me iba. Entonces, habló con Apuzzo, que era el técnico de Huracán, porque estaban buscando un lateral. Caruso se encargó de hablar con él y me llamó Apuzzo. Arreglamos y me fui. Yo quería salir a jugar y nunca se me pasó por la cabeza lo que podía significar cruzar de San Lorenzo a Huracán. Más allá de que no había sido ídolo de San Lorenzo, había estado casi dos años ahí. Nunca pensé en qué iban a decir ni la presión que podía tener. Y creo que eso fue algo a favor, porque no llegué con ningún pensamiento. Era como si viniera de cualquier club que no fuera el clásico rival. Llegué y, gracias a Dios, empecé a jugar. Tuve un muy buen año. También pasó todo lo del accidente en Huracán. Llegamos a la final de la Sudamericana, clasificamos a la Copa Libertadores, y armamos un muy buen grupo. La gente de Huracán lo vio por ese lado y quizás no tuvo tan presente que yo venía de San Lorenzo.

– Jugaste en España, Holanda, Chipre e Italia. ¿Dónde te sentiste más cómodo?

– En los cuatro lugares me agarraron diferentes etapas. A Zaragoza fui al segundo equipo porque era el año en el que Zaragoza estaba prácticamente descendido. Juan Esnáider estaba dirigiendo el segundo equipo con Mauricio Elena, que terminó siendo amigo mío. Yo venía de San Lorenzo, de jugar en Primera, y de tres años en Tigre. Tenía una trayectoria de partidos en Primera y la idea era estar seis meses en el segundo equipo. Tenía 21 años. La idea era que Zaragoza descendiera y que el siguiente año se armara un proyecto con jugadores jóvenes para jugar en Segunda. Yo era uno de esos proyectos. La mala suerte para mí, o buena suerte para el club, fue que lograron hacer una remontada histórica en la segunda mitad del año y Zaragoza se mantuvo en Primera. Entonces todo el proyecto que se venía armando no se pudo hacer. Yo no quería estar otro año en el segundo equipo, que vendría a ser una Reserva, y me volví a Argentina. Fui a Godoy Cruz.

Tanto el ex futbolista como su esposa optaron por volver a Mendoza

– Después llegó Países Bajos.

– Sí, me agarró en un momento muy bueno de mi carrera. Venía de Huracán, que habíamos hecho un gran año y habíamos llegado a la final. Me fui a Países Bajos, un país de primer mundo. Mi hija era chica y mi señora estaba embarazada de mi hijo. Fue una experiencia hermosa. Fue difícil vivir por el idioma y por muchas cosas, pero fue muy linda. Me saqué el gustito de jugar en una de las ligas importantes de Europa y me gustó.

– ¿Y Chipre?

– A Chipre fui casi a los 29 o 30 años, no recuerdo bien. Fui con un prejuicio porque no sabía qué podía ser Chipre como país. Fue el mejor año que viví a nivel familiar. El país es una maravilla, es una isla, un paraíso. Es un lugar espectacular por la calidad de vida. Después, nos agarró la pandemia. Pero la vivimos bien porque, como era una isla, había casi cero casos. Estuvimos del 20 de marzo al 1° de mayo en una cuarentena fuerte y después ya podíamos empezar a cruzarnos con gente. Mi hija cumple el 8 de mayo y ya le estábamos festejando el cumpleaños, con gente reducida. El 1° de junio ya estábamos en la playa. Entonces, no sufrimos la pandemia como se vivió en Argentina o en otros lugares del mundo.

– ¿Y cómo fue vivir la pandemia lejos de la familia?

– Fue una incertidumbre difícil, porque estás lejos de la familia, de tus viejos, de tus hermanos y amigos, y más viendo toda la situación que se vivía. Por suerte no tuvimos familiares graves y eso fue una tranquilidad estando lejos. Se pudo vivir tranquilamente.

– ¿Y en Italia?

– En Italia fui a la Serie D, pero ya fui con la intención y con la cabeza de tratar de aprender el idioma y disfrutar un poco. Fui solo y fue antes de volver a San Martín y retirarme.

– ¿Aprendiste italiano?

– No, lo hablo mal. Pero me hago entender. El italiano tiene esa sangre. En realidad, nosotros tenemos esa sangre italiana, ¿no? Y con buena predisposición entienden que querés aprender y te enseñan. Así que, a los tumbos, hablaba y me hacía entender.

– ¿Nunca pensaste en quedarte a vivir en Chipre, Italia o España?

– Fue todo un tema grande con mi señora. En algún momento pensé en ir a Italia y tratar de hacer todo el tema de la representación allá. Pero después nos terminó tirando acá el pueblo, el proyecto de la granja educativa, la terapia equina que estamos queriendo hacer con los caballos. Todo ese proyecto nos tiró para quedarnos acá.

– Después de una carrera de más de 15 años, ¿te quedó alguna cuenta pendiente?

– Me quedó haber jugado algún torneo internacional, algún Sudamericano o Mundial con las selecciones juveniles. Estuve en todos los procesos y, por distintas circunstancias, nunca pude jugarlo. En dos torneos me lesioné en la última fase de citación y no llegué. Eso me quedó pendiente: el Sub-20, el Sub-17, no haber podido jugarlos. Y, obviamente, haber salido campeón de la Copa Sudamericana. Estuvimos tan cerquita y perdimos la final. También me hubiera gustado tener esa copa como para tenerla en el carro.