Erling Haaland rescató a Noruega sobre el final y, con una sonrisa, admitió que no tenía fuerzas para la prórroga, por lo que no le quedó más remedio que marcar. El delantero del Manchester City anotó el gol que clasificó a los noruegos a los octavos de final del Mundial, y sus propias palabras después del partido lo dijeron todo.
Fue a cuatro minutos del final, con el marcador empatado a uno y la prórroga acechando, cuando Erling Haaland hizo lo que lleva años haciendo: aparecer cuando su equipo más lo necesita. El centrocampista Patrick Berg recibió un pase de Oscar Bobb y deslizó el balón hacia el lado contrario de la portería; ahí estaba el delantero, casi sorprendido por el servicio perfecto, para empujarlo al fondo de la red. Noruega selló así su primer triunfo en una fase eliminatoria del Mundial y avanzó a los octavos de final, donde se medirá a Brasil el domingo. Pero fue lo que dijo Haaland después del partido lo que concentró todas las miradas.
“Estaba agotado, así que pensé: ‘No puedo aguantar la prórroga, así que tenemos que marcar’”, declaró el delantero a la cadena noruega TV2, con una sonrisa que resumía el alivio y la arrogancia contenida de quien sabe que puede resolver una situación límite a voluntad.
Una frase que, pronunciada por cualquier otro jugador, sonaría a bravuconada, pero que en boca de Haaland tiene el respaldo de los números y de una tarde en la que, aun lejos de su mejor versión, terminó siendo el hombre del partido.
El encuentro ante Costa de Marfil estuvo lejos de ser una actuación brillante del noruego. Durante gran parte de los 90 minutos, Haaland estuvo completamente desconectado del juego. Flotó entre los dos centrales marfileños, logró llegar a algún remate de cabeza sin potencia y, conforme avanzaban los minutos, se volvió cada vez más invisible sobre el césped. Frustrado por la escasez de pases, comenzó a bajar más en busca del balón, aunque eso lo alejaba de su zona de mayor peligro: de cara a la portería.
El problema no era solo de Haaland. Los extremos Antonio Nusa y Alexander Sorloth optaron con demasiada frecuencia por conducir el balón en lugar de servirlo rápido al delantero, lo que dejaba sus carreras sin sentido y lo obligaba a detenerse en el centro del campo.
El capitán Martin Odegaard intentó filtrar pases al espacio para los laterales que llegaban al ataque, pero los ataques noruegos fracasaron una y otra vez. El gol de Amad Diallo en el minuto 74 para igualar el marcador fue la consecuencia directa de esa dinámica.
Ante ese panorama, el seleccionador Stale Solbakken movió el banquillo: retiró a Nusa y Sorloth e introdujo a Andreas Schjelderup y a Bobb. El problema de abastecer a Haaland, no obstante, persistió durante varios minutos más, hasta que Berg tomó la decisión más sencilla y la ejecutó con precisión.

Bobb habilitó al centrocampista del Bodo/Glimt, que eligió el pase directo al delantero en lugar de complicarse. Haaland estuvo a punto de fallar ante la portería abierta, tal fue su sorpresa al recibir finalmente un balón en condiciones, pero le dio el toque justo para que entrara.
Después del pitido final, Haaland buscó a Berg entre el grupo de jugadores y le estampó un beso en la frente en agradecimiento por la asistencia. Luego se quedó solo en el campo, ante la afición noruega, con un casco vikingo con cuernos puesto, radiante. Era la primera vez que Noruega ganaba un partido en la fase eliminatoria de un Mundial.
El delantero del City llegó al duelo ante Costa de Marfil con cuatro goles en los dos primeros partidos de la fase de grupos, tras perderse el tercero. El peso de la delantera noruega recae sobre sus hombros de forma casi exclusiva, y esa dependencia quedó expuesta durante buena parte del partido: cuando no le llega el balón, el equipo pierde su principal recurso ofensivo.
Solbakken, que respiró aliviado al final, resumió la tarde con una frase que habla de la presión que genera depender de un solo jugador para sobrevivir en un torneo de este nivel. “Si pude sobrevivir a eso, puedo sobrevivir a cualquier cosa”, le dijo el técnico a Reuters. El próximo examen llega el domingo, ante Brasil, en lo que será el partido más exigente de la historia reciente del fútbol noruego.










