Un metro con cuarenta y siete centímetros, 51 kilos y calzado N° 35. Con esas medidas, Reginaldo Castro, conocido en todo Brasil como Bimbinha, fue el futbolista profesional más bajo de la historia del fútbol brasileño, y probablemente del mundo. Su nombre es una leyenda en el estado de Maranhão, donde durante más de quince años desequilibró rivales, enloqueció a las tribunas y ganó títulos con el Sampaio Corrêa, el club que lo convirtió en ídolo y que, al final, lo trató con una ingratitud que él mismo denunció públicamente.
En las últimas horas, se hizo viral la historia de Diego Alexander Sánchez Guevara, más conocido como Chicha Sánchez, futbolista mexicano de 155 centímetros, que brilla a los 21 años en Tigres de México. Pues bien, el caso de Castro todavía era más bajito. Nació el 10 de junio de 1956 en el barrio Tamancão, en São Luís, capital de Maranhão. Su apodo lo acompañó desde la infancia y nunca lo abandonó. Creció junto a sus hermanos Reinaldo y Egui, ambos futbolistas de las canchas de barrio, y fue precisamente en una de esas partidas informales donde todo comenzó. Un día, Egui no pudo presentarse a un partido del equipo Atlântico y el entrenador, sin más opciones, puso a jugar al hermano menor que siempre merodeaba por las canchas con los botines puestos. Bimbinha se destacó de tal manera que el entrenador tuvo que esforzarse para no quedarse con él en el equipo, según recogen las crónicas del fútbol maranhense.
La siguiente etapa decisiva llegó en un partido contra el Onze Irmãos, un equipo formado por reclusos. El director del presidio, José Carlos Viana Mendes, también dirigente del Maranhão Atlético Clube (MAC), quedó tan impresionado que le advirtió en tono jocoso: “Muchacho, de aquí no sales si no te pones la camiseta del Bode Gregório”, el apodo del MAC. Bimbinha aceptó en el momento, pero actuó con picardía: se presentó en los juveniles del Sampaio Corrêa, el club tricolor de São Pantaleão, al que lo había acercado el jugador Djalma Campos, uno de sus ídolos, quien lo había visto brillar en una pelada en las salinas del Tamancão. Era 1975.
El pequeño prodigio del Sampaio
En el Sampaio Corrêa, apodado los “Bolivianos” por sus colores —los mismos de la bandera de Bolivia—, Bimbinha tardó dos años en pasar de los juveniles al equipo profesional. En 1977 debutó en primera división con 21 años. Desde el primer momento, la afición lo adoptó: lo llamaban “Xodó da Vovó” y “Alegria do Povo”. Un texto publicado en septiembre de 1976 en la prensa maranhense y rescatado por el blog Futebol Maranhense Antigo lo describió como “el menor jugador en actividad actualmente en el fútbol brasileño y quizás el único ídolo que permanece en la reserva, sin estar lesionado y en plena forma”.

La paradoja era constante: la afición exigía su presencia en el campo mientras los dirigentes lo mantenían fuera del equipo, con el argumento de que “no tenía todos los documentos y no podía ser regularizado”. La tribuna no aceptaba esa explicación. Cuando entraba, el estadio estallaba.
Su juego era una combinación de velocidad, regate y precisión. El blog Candangol lo describió con precisión: “Bajo y rápido, cuando sacudía el esqueleto frente a un adversario, para pararlo solo quedaba el golpe”. Por la banda izquierda, los marcadores sabían lo que les esperaba. La tribuna lo coreaba con un grito que se volvió emblema: “¡Ripa na chulipa!”. De frente al arco, Bimbinha era letal: a lo largo de su carrera marcó 250 goles.
Uno de los lances más recordados de su trayectoria ocurrió durante el Campeonato Brasileño contra el Corinthians. Ingresó en el segundo tiempo como sustituto del delantero Xavier, presionó al rival, dribló a dos jugadores y tocó el balón por debajo de las piernas del lateral derecho Zé María. El detalle que quedó grabado en la memoria colectiva: Bimbinha no solo pasó el balón por debajo del defensor, sino que él mismo también pasó por debajo. La tribuna del Sampaio estalló. El partido terminó sin goles, pero ese instante ya era una historia.
Títulos, ingratitud y política
Bimbinha integró el trío de ataque junto a Fernando Misterioso y Cabecinha, con el que el Sampaio Corrêa conquistó los títulos estaduales de 1978 y 1980. Tras un préstamo al Isabelense del estado de Pará en 1983 —durante el cual el Sampaio perdió el campeonato maranhense ante el Moto Club—, regresó en 1984 y protagonizó una racha extraordinaria: el club ganó cinco títulos consecutivos entre 1984 y 1988. Él mismo marcó el gol de la final en 1984 contra el rival Bode Gregório. Y en la definición de 1988, después de marcar de pelota parada, dejó una frase para la posteridad. Cuando le preguntaron cómo había podido anotar siendo el más pequeño, enfatizó: “Es lógico, en el fútbol no importa el tamaño, sino dónde ubicarse para marcar”.
Al término de esa etapa dorada, Bimbinha intentó dar el salto a la política y presentó su candidatura para concejal en São Luís en 1988. No pudo completar la campaña. “El presidente del Sampaio no podía tener competidores dentro del club, porque la fase del club era mala y necesitaba reelegirse. Terminé aceptando y retirando mi candidatura”, relató al diario O Imparcial de São Luís.
La ruptura con el Sampaio llegó poco después y dejó una herida que Bimbinha nunca ocultó. El club lo desvinculó sin liquidarle sus beneficios laborales, sin darle de baja en su libreta de trabajo y sin pagarle el Fondo de Garantía, el equivalente brasileño a la indemnización por tiempo de servicio. “Yo esperaba colgar las botas en el Sampaio. Después, ser aprovechado como entrenador de escuelitas, cosas así. Pero me fui sin que le dieran de baja a mi libreta de trabajo, sin recibir el Fondo de Garantía, sin dinero alguno. No tuve el valor de pelear con el club”, declaró al mismo periódico el 22 de noviembre de 1989.
Y añadió: “Olvidaron que Bimbinha le dio muchas alegrías a los tricolores y merecía más respeto. Nunca hice buenos contratos. No sé si, por coincidencia, siempre que debía renovarlos el club estaba en crisis. Yo confiaba en los dirigentes, firmaba a crédito, para cobrar mañana, y ese mañana nunca llegaba”.
El final de la carrera y la vida fuera del campo
En 1989, Bimbinha tomó una decisión que sacudió al fútbol maranhense: fichó por el Moto Club, el eterno rival del Sampaio. El equipo rubro-negro ganó ese año el campeonato estatal, título que no conseguía desde 1984. Sin embargo, la experiencia no fue satisfactoria para él. Los dirigentes lo miraban con desconfianza, convencidos de que actuaba como espía del Sampaio. Quedó en el banco de suplentes y protagonizó varios choques con la directiva. Un día abandonó el entrenamiento, fue directo a la oficina del presidente y pidió la rescisión de su contrato.

Jugó después por el Expressinho y el Tupan, ambos de Maranhão, antes de retirarse definitivamente en 1992. Intentó una carrera como entrenador, pero no prosperó. Casado con Silvana, padre de Regis y Silvano, sus ídolos durante su etapa como jugador fueron Zico y Roberto Dinamite.
Bimbinha murió el 16 de mayo de 2020, aquejado de problemas renales y diabetes. Sus restos fueron sepultados en el Cementerio do Turu, en São Luís. Tenía 63 años.










