
Tras retirarse del fútbol, Luis Medero atravesó uno de los momentos más difíciles de su vida. El ex defensor de Boca y San Lorenzo cuenta que le costó adaptarse a dejar de ser jugador: sintió un vacío muy grande, un bajón anímico y el paso repentino del reconocimiento al anonimato. “Cuando dejás de jugar, al otro día ya no te llama nadie más”, lamenta. Sin otra ocupación preparada y con la necesidad de seguir ligado al fútbol, buscó una salida que finalmente encontró al año siguiente, cuando comenzó a dirigir.
Su carrera como futbolista había comenzado muy temprano en Boca, club al que llegó a los 10 años desde el barrio Mitre, en Villa Tesei, Hurlingham. Allí se formó hasta debutar en Primera en 1992, en un Superclásico ante River, y fue parte de un plantel repleto de figuras. Luego pasó por Colón y llegó a San Lorenzo, donde sufrió una lesión que lo dejó siete meses afuera, pero también integró los procesos de Manuel Pellegrini y Rubén Insúa, con quién conquistó la Copa Sudamericana.
En Boca también tuvo la posibilidad de compartir vestuario con Diego Maradona, Claudio Caniggia, el Kily González y Juan Sebastián Verón. Gardelito Medero, conocido popularmente así por su peinado, recuerda aquellos años como una experiencia extraordinaria, en la que aprendía simplemente observando y escuchando. Con Maradona, además, volvió a compartir un espacio años después en el Showbol, previo a que Diego sea técnico de la Selección para el Mundial de Sudáfrica, y conserva una camiseta que el propio Medero consiguió al terminar un partido. “No me la regaló, yo fui y se la saqué al utilero”, recuerda en dialogo con Infobae.
– ¿Qué de tu vida hoy, Luis?
– Estoy en Santa Fe, me radiqué acá. Me casé con una señora santafecina. Y voy seguido a Buenos Aires, pero nada, esperando trabajar, entrar en el circuito otra vez. Yo dirigí a Dock Sud, el último equipo, hace unos dos años. A partir de ahí, no trabajé, hice el curso de director deportivo. Todas esas cosas pueden abrir otras puertas con respecto a lo laboral.
– ¿La idea es seguir vinculado al fútbol o también hacés otro tipo de trabajo que no sea vinculado a la actividad?
– No, no. Trato ahora de reinsertarme, siempre vinculado al fútbol. Es lo que hice siempre, digamos. Nunca invertí en otra cosa, nunca tuve un negocio de nada. Hay muchos que tienen otras salidas. Yo no.

– ¿Por qué no? ¿Por qué no se te dio o por qué no lo buscaste?
– Lo busqué, pero no se dio en su momento. Cuando uno es futbolista o después cuando dejás, que ves que estás viendo qué hacer, para dónde arrancar. Vi varias opciones, pero la verdad que primero no se dio, no es que haya o no haya querido, sino que no se ha dado. Y después, siempre que hay una posibilidad con el fútbol, que es lo que nos gusta. Es lo que a mí me gustó siempre y cuando se termina la etapa de jugador, tratás de estar ligado al fútbol lo más cercano posible a lo que es el jugador.
– ¿Te costó el post retiro después de que colgaste los botines?
– Sí, un montón. Me costó mucho. Por suerte, al año empecé a dirigir en la CAI, en Comodoro, que estaba en el Nacional B. Entonces ahí se hizo un poquito más llevadero el retiro. Tenés que cambiar la cabeza, dejar de ser jugador en tu cabeza para poder ser entrenador. Pero, por suerte, al año empecé a trabajar como entrenador.
– ¿Qué pasó en ese año entre colgar los botines y ponerse el buzo de entrenador?
– Y la verdad que es tal cual dicen. Vos cuando dejas de jugar, al otro día ya no te llamó nadie más. Salvo tus amigos de siempre. Pero no te llama nadie más. Entonces, vos sentís un vacío muy grande. Por más que vos lo vengas pensando, por la edad, por las lesiones, vos lo venís pensando, pero cuando lo pasás realmente, sentís un vacío muy grande y ahí está un poco la ayuda de la gente que vos conoces. Primero tu familia y después amigos y amigos relacionados al fútbol. Entonces se va haciendo un poquito más llevadero hasta que en algún momento, no sé, ves el lugar donde podés trabajar. A mí se me dio ahí en la CAI.
– ¿Te agarró algo de bajón anímico?
– Sí, claro, me agarró un bajón anímico en realidad, porque tampoco tenía otra ocupación. No fui preparando el terreno tampoco como para tener otra ocupación fuera de lo que el fútbol es como un negocio. Hay muchos que lo hacen y siguen ocupados con otra cuestión, pero también después quieren volver al fútbol, muchos. Porque eso es lo que se extraña el día a día, pero allí te sentís anímicamente mal, porque de repente, digamos, pasas a estar desocupado. De ser alguien reconocido, pasas a que no te llamen por teléfono, al anonimato, a que no te llamen, a estar en tu casa todo el día, y eso es bravo. La pasé mal y tenés que inventar lugares, tenés que frecuentar lugares para relacionarte con gente. Yo en mi caso con gente de fútbol, con ex compañeros para charlar un poco de todo y ver alguna salida laboral, que en un principio yo tampoco lo tenía bien definido. Si bien yo sabía que quería dirigir, también es difícil empezar a dirigir. Me acuerdo que fui a Argentinos Juniors a ver a Adrián Domenech, que era el coordinador. Y me dijo que cuando se abriera la ventana de renovación del contrato me iba a tener en cuenta y justo unos meses después salió esta posibilidad de dirigir acá.

– ¿De Boca no te llamaron para trabajar?
– No, no, pasa que no es que te tengan que llamar, sino que uno también tiene que tocar la puerta. En Boca le dan mucha contención a los ex jugadores también. Pero yo empecé a dirigir al año y ahí más o menos me encaminé otra vez en lo laboral.
-¿Cómo fueron esos inicios en el fútbol y esa infancia humilde?
– Yo me crié en barrio Mitre, en Villa Tesei, un barrio muy humilde. Fui a Boca a los 10 años y era infantiles, y a partir de ahí hasta los 23, 24 años, hice toda mi carrera futbolística en Boca. Es más, jugaba en el baby fútbol ahí en Villa Tesei con el papá de Facundo Jagger Herrera. Él es dos años más chico, el padre de Facundo, y fue a la misma categoría en Boca con el Vasco Arruabarrena.
– Entonces, el padre de Jagger Herrera y Arruabarrena se conocen desde que compartieron categoría en Boca…
– Sí, son la misma categoría. Y yo empecé ahí en el barrio, en Villa Tesei. Y después fui a Boca a los 10 años y a partir de ahí hice todas las inferiores en el club.
– Tuviste un paso por Suiza, ¿no?
– Sí, tuve un paso a los 17 años, me fui a jugar a un club de segunda en Suiza, a Bellinzona FC, a préstamo.
– Un país completamente distinto al nuestro. ¿Te chocó la cultura suiza?
– Sí, fui con dos chicos más, con Alejandro Duré, otro chico que jugó también delantero, y Verón, un chico también que creo que no jugó en Primera. Y eso me dio la posibilidad a mí de poder firmar un contrato profesional para irme a préstamo a ese club. Cuando volví del préstamo ya fui directamente a Reserva con el Chapa Suñé.
– ¿Y en Primera quién te hizo debutar?
– En el 92 estaba Oscar Washington Tabárez. Debuté en un partido con River, fue ahí en cancha de Boca, 1 a 0, gol de Manteca Martínez. Y ese año salimos campeones. Yo era chico, tenía 19. Imagínate que era un equipo todo de jugadores consagrados ya. Había vuelto Alberto Márcico de Francia. Estaba Juan Simón, que había jugado el Mundial 90. Estaban Víctor Marchesini, Blas Giunta, Roberto Cabañas, el Chino Tapia, el Colo Mac Allister, el Mono Navarro Montoya, un equipo tremendo. Imagínate que yo todo eso lo viví siendo muy chico. Ese día, Tabárez me dijo que iba a jugar, porque Juan (Simón) se había lesionado en una práctica el jueves, y el domingo jugábamos el clásico con River. El sábado me dicen que iba a jugar yo, imagínate, no dormí. Yo no pensé que iba a jugar porque estaban Víctor (Marchesini) y Carlos Moya también. Digo “bueno, iré al banco, como venía pasando”, pero no, jugué. La verdad que fue un momento para mí de gloria. Y la verdad que mis compañeros en ese momento, y hoy día tenemos contacto con la mayoría. Me han ayudado un montón.

– ¿Cómo era el trato con los referentes del plantel, siendo vos un joven de 19 años?
– Bien, bien. Yo imagínate que no decía nada. No hablaba, yo no hablaba. Imagínate. Pero muy bien el trato que tuvieron conmigo, que yo era chico, era espectacular. Yo en todos esos momentos los recuerdo con mucho cariño, y hoy día sigo hablando con muchos ex compañeros de esa época, y la verdad que la relación es muy buena. Me acuerdo que iba a la cancha. Nunca alcancé pelota, sino que yo iba, me gustaba ir con el carnet de Inferiores a la platea a ver el partido. Y nada, para mí era verlos, era un sueño poder llegar a ese lugar. Y de repente me encontré con varios de los que veía desde la tribuna, me encontré jugando con ellos. Imagínate que para mí fue una locura todo eso.
– Te mantuviste cuatro años en Boca. También integraste el plantel de Bilardo con Diego Maradona y Caniggia…
– Sí, sí. Estuve un año con ellos. Pasé un año, cuando Diego se había pintado el mechón. Estuve todo el primer año con ellos, hasta que me fui a Colón. Por si faltaban figuras, vino Diego. Diego y Caniggia, imagínate, era disfrutar todos los días, era maravilloso todo, la exposición que había. Ellos aparte absorbían toda la presión que podía haber, porque es así. Iban todos con ellos, la verdad que en esa época disfruté mucho del vestuario, de los partidos, de todo, de cada entrenamiento. Disfruté mucho, pude disfrutar del mejor. Cuando estuve ahí, el Kily González y la Bruja Verón llegaron a Boca. En esa época, ellos habían llegado al club y pude compartir vestuario. Y son más chicos que yo, el Kily un año más chico y la Bruja dos, creo.
– ¿Guardas algo de Maradona?
– De Diego tengo una camiseta de Boca.
– ¿Te la regaló después de un partido?
– No me la regaló, yo fui y se la saqué al utilero. Terminó el partido, fui y la agarré. Le digo “que me cobren lo que me cobren, no me importa, yo me la llevo a mi casa”. Así que tengo una remera de Diego. No está firmada, pero es una de partido.
-¿Que aprendiste de Bilardo?
– La verdad que con Carlos se aprende en todo momento. Ha hecho escuela, una escuela fantástica, me parece a mí. Uno aprende. A mí cuando los diferencian… porque también lo tuve a César Luis Menotti. Me saco el sombrero con César también. Cuando los ponen en lados opuestos, yo no lo veo tan así. Aprendí mucho dentro y fuera de la cancha, tal cual se divulga con videos, con frases, te enseñaba en todo momento. Aprendí mucho futbolísticamente. Fue de los primeros que jugaron con líbero y stopper, y tres atrás. Y eran tres porque los de afuera eran volantes, no eran marcadores de punta. Todo eso lo aprendí en vivo y en directo con él, en carne propia
– ¿Tuvieron cosas parecidas Carlos y César?
– Sí, los dos son ganadores y fueron técnicos que marcaron el rumbo futbolístico de nuestro país. Son dos técnicos ganadores que marcaron épocas en el fútbol, y muchas cosas de las que ellos tenían, inculcaron, se están viendo hoy día como algo nuevo, y ya pasaron hace 40 años. Fueron adelantados en su época y han ganado mundiales. Entonces yo no entro en esa discusión. No me gusta cuando se los confronta.
– ¿El único gol que marcaste con la camiseta de Boca fue a Platense, ese gol tan recordado que gambeteaste a cuatro rivales?
– Sí. Era un partido trascendental porque después de ese partido quedaba una fecha para que termine el torneo. Entonces, veníamos de perder con Deportivo Español. River también había perdido. Entonces, manteníamos un punto de diferencia. Y ese partido íbamos ganando 2 a 0 y nos hacen el 2 a 1. Entonces, te entra un poco el miedo. Venís de perder. Vas ganando 2 a 0. Te hacen el 2 a 1 y tenés miedo que te empaten. En ese momento hice el 3 a 1, ahí medio faltando poco para el final. Fue la explosión, como salir campeón en ese momento, porque después con el empate en el siguiente partido éramos campeones. Entonces tomó mucha más notoriedad, fue un lindo gol. Pero tomó más notoriedad con este condimento de que el relator Marcelo Araujo dejó de relatar y se fue de la cabina.

– ¿Alguna vez te llamó Araujo por el relato?
– Lo encontré, sí, lo crucé y hemos hablado de eso. Hace unos meses cuando lamentablemente falleció, estuve todo el día haciendo notas. Me habían llamado durante todo el día porque era una de las anécdotas más recordadas de él.
– ¿Qué balances haces de tu paso por San Lorenzo? Porque pasaste de Boca a Colón y de Colón a San Lorenzo, otro equipo grande del fútbol argentino.
– Me lesioné en San Lorenzo, estuve siete meses sin jugar. Pero bueno, participé en la Copa Sudamericana con Rubén Insúa. Yo llegué después que San Lorenzo sale campeón con Pellegrini en 2001. Ahí llego para reemplazar a Eduardo Tuzzio, que se había ido a Francia, creo. Y lo tuve al chileno Pellegrini en ese proceso. Estuve en la Copa Mercosur, pero no la jugué porque no estaba inscripto en la lista, que gana San Lorenzo en el 2001, principio del 2002. El estallido social que hubo en diciembre 2001 postergó la final para enero. Pero después estuve en todo el final del proceso de Pellegrini y en el proceso de Insúa.
– ¿Y qué recordás de esos problemas que ya tenía San Lorenzo en esa época?
– También tenía los problemas de hoy en día en esa época. No sé si de esta magnitud, pero sí teníamos algunos inconvenientes hasta que se acomodó un poco, pero ahora vuelve otra vez a estar así, financieramente. El club es un hermoso club, la gente también, es un club grande. Pero, bueno, están padeciendo las malas administraciones.
– Pasa el tiempo e Insúa se mantiene en el fútbol argentino. Vos lo conoces desde el 2002. ¿Qué tipo de entrenador es que se mantiene vigente?
– Tanto él como Fabián García, su ayudante de campo. A ellos dos los tuve, Fabián era uno de los ayudantes en esa época. Es un gran entrenador, un gran entrenador. Tipo sencillo, muy conocedor del fútbol, de nuestro fútbol, ha sido una figura en nuestro fútbol. Eso te demuestra que en el fútbol no hay que inventar nada, hay que ser sencillo y aplicar la capacidad que tiene cada uno. Y después, tener la materia prima que son los jugadores para que lleven a cabo una idea.
– Sin materia prima, el técnico no puede tampoco hacer mucho, ¿no? Por más conocimiento que tenga.
– Claro. Pasa que Insúa, en este caso, así como el Vasco Arrubarrena le dio a Boca un aura tremendo, distinto, de pertenencia, le dio calma, Insúa en San Lorenzo pasa lo mismo. Tiene esa espalda como para aplacar lo que pueda estar pasando y darle tranquilidad a los jugadores. La gente lo respeta mucho.
– Antes nombraste a Jagger Herrera. ¿Es un central hecho para Boca o lo ves como un proyecto?
– Tiene pocos partidos, pero es una realidad y tiene proyección, por la personalidad que tiene, por lo que ya mostró. El chico también está en el club desde los 10 años y todo eso le da un plus, y él lo muestra en la cancha. Eso es lo que necesita Boca hoy día. A mí me parece fantástico lo que le está pasando. Esperemos que siga creciendo con el correr de los partidos, pero ya demostró que es un jugador de Boca.










