Este viernes se cumplieron 32 años del trágico accidente de Ayrton Senna, el recordado tricampeón mundial de la Fórmula 1 y uno de los mejores pilotos de la historia. Hoy sigue siendo uno de los máximos ídolos en Brasil y también cautivó a millones en todo el planeta. Sin embargo, también se destacó por su solidaridad hacia sus colegas y no dudó en prestar ayuda en terribles accidentes. Uno de ellos lo marcó para siempre y su historia inspiró al personaje de Brad Pitt en la película de la Máxima estrenada el año pasado.
El viernes 28 de septiembre de 1990, Martin Donnelly sufrió un escalofriante choque en la clasificación del Gran Premio de España en Jerez. Apenas ocho minutos antes del final de la sesión, la suspensión delantera del Lotus 102-Lamborghini V12 de Donnelly falló en una curva rápida, desencadenando el violento impacto a 274 kilómetros por hora. Su coche se partió por la mitad y el norirlandés salió despedido, con los restos de su asiento aún sujetos a su espalda. Como detalla el propio piloto en sus recuerdos recogidos por Autosport, el impacto alcanzó los 42 G, una cifra que supera ampliamente la fuerza a la que se somete una persona al abrir un paracaídas, que ronda los 6 G.
Martin tenía 26 años y el accidente ocurrió un día después de que firmara un contrato de cinco millones de dólares con Lotus para encabezar al equipo la temporada siguiente. En un segundo su vida quedó colgando de un hilo.
Las consecuencias fueron inmediatas y dramáticas. Donnelly fue despedido cuarenta metros adelante en la pista, todavía atado a los restos de su asiento y con una pierna en un ángulo incompatible con la anatomía. La escena, grabada por las cámaras de televisión y presenciada en directo por figuras como el piloto Roberto Moreno, hacía suponer lo peor: la muerte parecía inminente.

El jefe médico de la F1, Sid Watkins, tardó en llegar al lugar, lo que incrementó la inquietud. Al levantarle la visera, Watkins confirmó la asfixia del piloto, con un preocupante tono azul en la piel. Aplicando tubos y maniobras de reanimación, logró estabilizarlo y reducir la hemorragia causada por el hueso del fémur, que había perforado la arteria principal.
Por este incidente la sesión se paró con bandera roja. El hecho se produjo justo en la parte opuesta a los boxes y desde allí Senna siguió las alternativas hasta que decidió ir directamente al lugar. Es que, además de un colega, Donnelly era amigo del astro brasileño desde sus días en la Fórmula Ford Británica a comienzos de los ochenta. Ayrton cruzó la valla del circuito para acompañar a Watkins y sostuvo el casco del herido mientras los médicos intentaban reanimarlo. Senna también tenía una gran relación con el jefe médico de la F1, que un día antes de su muerte, el 30 de abril de 1994, cuando Ayrton fue al lugar del fallecimiento de Roland Ratzenberger en Imola, le dijo: “Ya ganaste tres títulos mundiales. ¿Por qué no largas todo y vamos a pescar…?”
Según las palabras de Donnelly, “Senna y yo solíamos salir a cenar con frecuencia y nos conocimos mejor haciendo algunas cosas juntos. Nos divertíamos mucho, para matar el aburrimiento, la verdad; solíamos salir a volar sus aviones teledirigidos en Snetterton (un circuito en Norfolk)”.
“Ahora sé que está fuera de peligro de muerte, que es de mucha suerte si uno ve el accidente. Como le pasó a él le puede pasar a cualquiera. Hay cosas que no se pueden calcular y son inesperadas y esas son las más peligrosas, como la que pasó hoy”, dijo Senna en testimonios recogidos en el documental de Asif Kapadia (2010). En esa declaración, se tomó unos segundos para continuar y concluyó: “Espero no ver esas cosas en el futuro”.

Donnelly, por su parte, fue trasladado al hospital de Sevilla y luego a Londres, donde su situación se agravó. Según testimonio de Donnelly, todos sus órganos dejaron de funcionar tras el impacto: fue intubado seis semanas y sometido a diálisis renal durante un mes, con una máquina que requería intervención manual constante por parte de su propio padre para seguir operativa. En el Royal London Hospital, el piloto estuvo en coma inducido durante varias semanas y su corazón se detuvo en dos ocasiones.
“El médico le dijo a mi madre que si quería despedirse de mí, ese era el momento adecuado. Así que fue a buscar al sacerdote del hospital para que viniera y me administrara la extremaunción”, relató Donnelly.
Al margen de las lesiones físicas, el equipo médico temía posibles daños cerebrales irreversibles como consecuencia de la falta de oxígeno. Donnelly, al despertar, tardó semanas en comunicarse y recuperar memoria, llegando a perder todo recuerdo del accidente y del año posterior.

“No recuerdo haber conducido el coche en absoluto”, afirmó. “No recuerdo haber firmado la carta de opción ni el contrato la mañana de la carrera. Cuando estuve en el hospital, muchos periodistas vinieron a verme meses después del accidente y charlamos un rato. Pero no recordaba nada porque no tenía memoria hasta la Navidad de 1990”, agregó.
Sobre el impacto, destacó que “por suerte, la cabina era ligera, ya que llevábamos un enorme motor V12 de Lamborghini y tuvimos que modificarla porque no podíamos acceder a ella. Así que, gracias a su ligereza, al chocar contra la barrera se hizo añicos y me dejé llevar por la inercia; eso fue lo que me salvó la vida”.
El accidente de Donnelly ocurrió cuando tenía 26 años y era considerado una joven promesa de la F1. Su desempeño en la Fórmula 3000 y su fichaje por equipos como Arrows-Ford y Lotus auguraban un futuro brillante en el automovilismo internacional. El fatídico viernes había firmado además tres contratos adicionales, afianzando su lugar como piloto número uno de Lotus para la temporada siguiente. El impacto de la tragedia, sin embargo, truncó de raíz esa escalada profesional y nunca más pudo volver a correr a nivel profesional.

Apenas un mes antes del accidente, la tapa de la revista Autosport se preguntaba si aquel joven de 26 años, originario de Belfast, era el futuro de la F1. “¿Es Donnelly el próximo Mansell?“
“La mañana de la carrera, tres horas antes del accidente, Lotus me contrató por 5 millones de dólares. Fue una época magnífica de mi vida: había firmado para ser el piloto número uno del equipo en la temporada de 1991 y además tenía otros tres contratos sobre la mesa”, afirmó.

“Yo era una especie de estrella emergente, alguien con quien la gente quería asociarse y hacer algo. En ese momento no te das cuenta porque das las cosas por sentado”, destacó.
“En mi oficina tengo un marco con tres objetos. El primero, la tarjeta de prensa de Lotus para la carrera, donde se incluye la opinión de Derek Warwick (otro piloto de la época) sobre el circuito, mi opinión sobre el mismo y nuestras posibilidades, además de un pequeño mapa de la pista. Junto a ella está la carta de opción original que firmamos Lotus y yo la mañana del accidente, y debajo un cheque por 40.000 dólares, que correspondía a mis honorarios iniciales”, recordó.
Sobre Senna subrayó que “saltó la valla, cruzó al circuito y vio cómo Sid Watkins reanimaba a un joven con el que tenía cierta relación. Yo no era un desconocido para él; sabía quién era yo. Cuando Sid cortó las correas del casco, se lo ofreció a Ayrton para que lo sostuviera. Tengo fotos de Ayrton allí de pie, sosteniendo mi casco mientras Sid intentaba reanimarme».
Una vez que Ayrton confirmó que Martin seguía con vida, regresó al box de McLaren. Una vez se reanudó la actividad, marcó la pole positions. Dos años más tarde, Senna intervino para salvarle la vida a Érik Comas en un grave accidente en Bélgica. “Eso demuestra qué clase de hombre era”, concluyó Donnelly.
Su historia de una figura emergente con promesa de figura inspiró al personaje de Brad Pitt en F1 The Movie, la película estrenada el año pasado. El actor interpreta a un experimentado piloto llamado Sonny Hayes, que es convocado para ayudar a un joven corredor, Joshua “Noah” Pearce (Damson Idris) a ser campeón mundial. En el largometraje se muestra un grave accidente de Hayes al querer superar a Senna en Monza, Italia, también en 1990.
Martin Donnelly nunca más pudo volver a correr de forma profesional y luego se dedicó a academias de conducción. Despuntó el vicio en carreras de forma esporádicas en categorías menores, pero sin la presión de aquellos años de la F1, una época que lo marcó a fuego. También a Ayrton Senna porque ese accidente en Jerez fue uno de los primeros en los que se lo vio muy preocupado y decidió intervenir. Fue la alarma que se le encendió sobre lo peor y su tragedia llegó el 1 de mayo de 1994. Fue a su estilo: liderando sus últimas vueltas en esa carrera en Imola.










