
La llegada a la Argentina de un sistema suizo para tratar la humedad ascendente abre una nueva opción frente a un problema habitual en viviendas y edificios, donde el agua del suelo sube por los muros y deteriora revoques, pinturas y terminaciones. La particularidad de Biodry es que funciona sin electricidad y sin intervenir la estructura de las paredes.
La humedad ascendente, también conocida como humedad de cimientos o por capilaridad, es una de las patologías más frecuentes en construcciones antiguas y modernas. Sus señales más visibles suelen aparecer en la parte baja de los muros: manchas, pintura desprendida, revoques dañados y presencia de sales en la superficie.
La humedad sube desde el terreno y puede afectar también la calidad del aire
El origen del problema está por debajo de la superficie visible. El agua presente en el suelo asciende por los poros de ladrillos, morteros y otros materiales de construcción, que actúan como una red de conductos microscópicos. Con el paso del tiempo, ese proceso termina afectando tanto los materiales como sus terminaciones.
La presencia persistente de humedad también puede tener efectos sobre el ambiente interior. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que vivir en edificios húmedos o con moho aumenta el riesgo de síntomas respiratorios, infecciones y agravamiento del asma.
De todos modos, no toda pared húmeda responde a la misma causa. Una pérdida de cañería, una filtración desde el exterior, fallas en la cubierta o problemas de condensación pueden producir síntomas similares. Por eso, el primer paso consiste en identificar con precisión el origen del agua antes de definir un tratamiento.

Un sistema que no perfora ni corta mampostería
En ese escenario, Biodry comenzó a ofrecer en Argentina una tecnología desarrollada en Suiza y aplicada desde hace 15 años en distintos mercados internacionales. Según la empresa, el sistema ya suma más de 16.500 instalaciones en 39 países.
A diferencia de otros métodos usados para combatir la humedad ascendente, este dispositivo no requiere picar paredes, perforar pisos, cortar muros ni inyectar productos químicos. La instalación se realiza sobre una pared, con una fijación simple, luego de un análisis previo de la superficie y de las características de la construcción.
Ese punto resulta especialmente relevante en inmuebles históricos o patrimoniales, donde cualquier intervención física sobre los muros suele estar condicionada por criterios de conservación.
El sistema actúa sin energía externa y con un principio distinto al de la electroósmosis
La empresa explica que la tecnología, denominada Reflectancia Geométrica (Wave-Matching), se diferencia de los sistemas basados en electroósmosis, que utilizan campos eléctricos para modificar el comportamiento del agua en la mampostería e intentar forzar su desplazamiento en sentido contrario.
En este caso, el dispositivo opera de manera pasiva sobre los fenómenos eléctricos asociados al ascenso del agua en los materiales porosos. Según la descripción técnica difundida por la firma, el objetivo es neutralizar la causa que permite esa subida, de modo que la humedad deje de avanzar.
Como consecuencia de ese principio de funcionamiento, el sistema no utiliza ningún tipo de energía y tampoco requiere, de acuerdo con la empresa, mantenimiento ni recambio periódico de componentes.
“En los casos de humedad ascendente, hay muchos fenómenos físicos conviviendo al mismo tiempo y lo que hace Biodry es trabajar con el campo eléctrico del ambiente: recibe las ondas, las desfasa y las refleja”, explicó Carolina Maylé, country manager de la compañía.
Y agregó: “Por ese motivo, el dispositivo -se instala uno por vivienda- no usa electricidad ni emite nada artificial, tampoco necesita mantenimiento; lo que tiene adentro son dos antenas desmagnetizadas”.

Las mediciones del secado se hacen con muestras extraídas del interior de los muros
Uno de los puntos que la compañía presenta como central es el método de verificación de resultados. En lugar de limitarse a una evaluación visual o superficial, el protocolo contempla la extracción de pequeñas muestras del interior de las paredes para medir el contenido de agua.
Esos controles se realizan mediante termobalanza y siguen el método gravimétrico de la norma UNI 11085. A partir de esa línea de base, se programan nuevas verificaciones a los 6, 12, 24 y 36 meses para comparar la evolución del secado.
La lógica de ese seguimiento es determinar cuánto contenido de humedad había originalmente en el muro y cómo cambia con el tiempo, más allá de la apariencia exterior de la pared.
La tecnología ya fue aplicada en edificios patrimoniales y sumó una primera experiencia local en La Rural
De acuerdo con la información difundida por biodry, el sistema fue utilizado en edificios históricos y patrimoniales de distintos países, entre ellos el Castillo de Malbork en Polonia, el Castillo de Sant’Angelo en Roma, la Catedral de Santa Sofía en Kyiv y la iglesia de San José El Viejo en Antigua Guatemala.
La empresa sostiene que en esos casos se registraron reducciones de humedad de entre 42% y 97%, según los controles realizados bajo el mismo protocolo de medición.
En Argentina, una de las primeras aplicaciones se realizó en La Rural, dentro de uno de los edificios históricos del predio, donde también se puso en marcha el esquema de controles periódicos para seguir la evolución del contenido de agua en los muros.

El sistema apunta solo a casos de humedad ascendente
La tecnología está diseñada específicamente para cuadros de humedad ascendente. No está orientada a resolver pérdidas de cañerías, filtraciones laterales, ingreso de agua desde cubiertas ni problemas de condensación, situaciones que requieren otro tipo de diagnóstico y reparación.
Con su desembarco en el mercado local, la propuesta suma una alternativa para abordar un problema extendido en viviendas y edificios, sobre todo en construcciones donde la intervención sobre los muros puede resultar compleja o no deseada.










