Cómo fue el encuentro que propuso usar IA para anticipar crecidas, detectar incendios y mejorar el transporte en el Delta

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Más de cien participantes organizados en nueve equipos trabajaron sobre necesidades concretas de una región con ríos, islas, humedales y dificultades de movilidad y conectividad

CarpinchIA 2026 convocó esta semana a más de cien participantes en Nordelta para desarrollar, organizados en nueve equipos, soluciones de inteligencia artificial orientadas a problemas concretos de Tigre, San Fernando y Escobar. El hackathon fue impulsado por la Universidad Nacional del Delta (UNDelta), Areabeta y Circular, y tuvo su instancia final en Areabeta, el hub de conocimiento e innovación ubicado en Nordelta Centro.

La iniciativa se desarrolló en una semana en que el debate global sobre la inteligencia artificial ocupó la agenda internacional. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos advirtió sobre los riesgos que el desarrollo acelerado de la tecnología puede generar sobre la privacidad, la seguridad y la salud. Microsoft presentó un código de conducta que establece que sus sistemas deberán permanecer bajo control humano.

Anthropic reconoció cuatro incidentes en los que modelos de Claude accedieron sin autorización a sistemas externos durante pruebas de seguridad. Y OpenAI admitió que la industria todavía necesita fortalecer los mecanismos de alineamiento y monitoreo de sistemas cada vez más capaces.

Frente a ese contexto, la pregunta que organizó CarpinchIA fue diferente: cómo usar la inteligencia artificial para resolver problemas que existen hoy en el territorio. La premisa fue concreta: primero el problema, después la tecnología. No partir de una herramienta disponible para buscarle una aplicación, sino identificar una necesidad específica de una región con características propias —ríos, islas, humedales, grandes centros urbanos y dificultades de movilidad y conectividad— y evaluar si la tecnología podía aportar una respuesta.

Los proyectos fueron evaluados por un jurado de dieciséis especialistas del sector académico, público y privado, que los analizó por su viabilidad, su impacto y su conocimiento del territorio

Esa lógica dio lugar a proyectos muy distintos entre sí. El equipo Pelo de Agua construyó una base unificada con 15 años de registros hidrológicos y desarrolló un modelo predictivo para anticipar hora por hora la altura del río Luján en San Fernando durante las siguientes 24 horas, integrando datos mareológicos, hidrológicos y meteorológicos mediante aprendizaje automático. El modelo es capaz de anticipar variaciones sobre la marea astronómica.

A partir de una necesidad distinta, el equipo VigIA propuso una red de sensores ambientales para detectar patrones de riesgo de incendio en el Delta. El sistema combina sensores locales y machine learning para producir alertas hiperlocales dirigidas a productores, vecinos, bomberos y organismos de Defensa Civil, con el objetivo de pasar de una advertencia general a información precisa sobre el terreno.

En materia de transporte, Navego diseñó un esquema de carpooling fluvial para formalizar algo que los propios isleños ya practican de manera informal: compartir lugares y costos en embarcaciones privadas. El proyecto se construyó a partir del análisis de grupos reales de WhatsApp y de las particularidades logísticas de un territorio donde numerosos arroyos y canales no cuentan con cobertura suficiente del transporte colectivo.

En el plano ambiental, Copernicus utilizó imágenes satelitales y agentes de inteligencia artificial para monitorear cuerpos de agua. El equipo construyó un tablero operativo sobre las 340 hectáreas del sistema de lagos de Nordelta, con información histórica desde 2018 y detección automatizada de cambios en la calidad del agua. Otros grupos trabajaron sobre el monitoreo de flujos peatonales en el Puerto de Frutos mediante visión computacional, la gestión de clubes de barrio y la organización de información sanitaria dispersa para favorecer el seguimiento preventivo de pacientes.

El equipo Copernicus construyó un tablero operativo sobre las 340 hectáreas del sistema de lagos de Nordelta, con registros históricos desde 2018 y detección automatizada de cambios en la calidad del agua

Los proyectos fueron evaluados por un jurado de dieciséis especialistas que incluyó referentes del sector académico, público y privado: Fernando Peirano, director y cofundador de SURi; Joaquín Gómez Trevijano, especialista en vinculación científico-tecnológica de Circular; Diego Fernandez Slezak, director del Laboratorio de Inteligencia Artificial Aplicada (LIAA) de la Universidad de Buenos Aires (UBA); Juan María Segura, cofundador de AreaBeta; Pedro Pérez, decano de la Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación de la Universidad Nacional de Córdoba; Claucio Aciti, decano de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires; Nacira Muñoz, ex vicepresidenta del INTA; Natasa Loizou, consultora e investigadora en seguridad nacional e innovación estratégica; Erika Rajoy, de Proyectos Tech de Wingu; Carolina Farías, rectora de la UNDelta; Gonzalo Meschengieser, presidente de la Cámara Argentina del Agua; Francisco Capurro Robles, director del Instituto de Tecnología y Producción de la UNDelta; Juan Peyrou, secretario de Investigación de la UNDelta; Sebastián Rovira, concejal de Tigre; Micaela Ferraro Medina, presidenta de la Fundación Banco Provincia; y Eduardo Cimolai, docente y consultor en turismo.

La diversidad de perfiles buscó replicar la lógica de la experiencia: que una solución tecnológica sea evaluada por su capacidad de resolver un problema concreto, su viabilidad, su impacto y su conocimiento del territorio, además de su complejidad técnica. Rovira lo sintetizó desde su lugar como integrante del jurado: “Que hoy en Tigre haya estudiantes, especialistas y empresas pensando cómo anticipar una crecida, mejorar el transporte en las islas o prevenir un incendio es exactamente el sentido que tiene contar con una universidad nacional propia. La tecnología cambia todo el tiempo, pero la pregunta de una universidad pública tiene que seguir siendo la misma: cómo usamos ese conocimiento para mejorar la vida de la gente que vive acá.”

Capurro Robles, uno de los responsables de la iniciativa, describió la metodología en los mismos términos: “CarpinchIA nació con una premisa muy concreta: no empezar enamorados de una tecnología y después salir a buscarle un problema. Hicimos el camino inverso. Partimos de problemas reales del territorio, convocamos a quienes los conocen y recién entonces incorporamos inteligencia artificial, datos y herramientas digitales cuando podían aportar una solución”, afirmó.

La Universidad de San Andrés, la UNDelta y la Facultad de Ingeniería de la UBA ya tienen propuestas formativas en Areabeta, el espacio que busca articular universidades, empresas y comunidad en Nordelta Centro (Foto: Universidad Nacional del Delta)

El escenario elegido para la instancia final estuvo en línea con esa orientación. Areabeta se define como un “living lab”: un espacio donde las ideas pueden analizarse, probarse y validarse en contacto con una comunidad real. La Universidad de San Andrés ya funciona allí con su sede Nordelta.

La UNDelta comenzó en agosto a dictar la Diplomatura en Negocios Digitales e Innovación y prevé sumar propuestas en Blockchain e Inteligencia Artificial y en Desarrollo Emprendedor y Empresarial. La Facultad de Ingeniería de la UBA, además, acaba de anunciar una diplomatura en Estrategias de IA para ciudadanos y entornos sostenibles, con foco en smart cities, eficiencia energética, domótica y uso de datos en la vida cotidiana.

Malena Galmarini, impulsora del proyecto de creación de la UNDelta, subrayó esa articulación: “Cuando empezamos a imaginar una universidad para esta región, la imaginábamos haciendo exactamente esto: conectando conocimiento con los problemas y las oportunidades que tenemos alrededor. Ver hoy a la UNDelta trabajando en Areabeta, junto al sector privado y otras instituciones, demuestra que cuando universidad, comunidad y producción se encuentran empiezan a pasar cosas muy interesantes”, sostuvo.

CarpinchIA 2026 no concluyó con la selección de un ganador. El equipo elegido participará durante un año en un programa de incubación que incluye mentorías, acceso a espacios de prototipado y acompañamiento para intentar transformar la solución desarrollada durante el hackathon en un proyecto sostenible.