“Cuando bajes te vamos a matar”: cinco testigos hablaron de amenazas, robos y hostigamiento contra “Pity” Álvarez antes del crimen

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“El fallecido no era buena persona”, dijo un kioskero del barrio Samoré de Villa Lugano, que conocía a Cristian “El Gringo” Díaz, el hombre por cuyo homicidio está siendo juzgado “Pity” Álvarez.

El comerciante fue uno de los cinco testigos de identidad reservada que declararon este miércoles en la audiencia número 15 del juicio contra el músico, que comenzó a las 11.30 y terminó cerca de las 16 ante el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°29.

Durante la jornada, los testigos describieron situaciones de inseguridad, amenazas y pedidos de dinero en las inmediaciones de la vivienda de Álvarez. Algunos identificaron a Díaz como integrante de un grupo que protagonizaba conflictos en el barrio. Otros hablaron del temor que sentía el ex Viejas Locas y de los episodios de hostigamiento que habría sufrido antes del crimen.

Las declaraciones fueron favorables a la posición de la defensa, que sostiene que Álvarez actuó en legítima defensa. Además, coincidieron en varios aspectos con el testimonio que brindó el viernes pasado la madre de la hija del músico, quien también relató conflictos con vecinos y situaciones de hostigamiento. En aquella audiencia, la mujer aseguró que al cantante “lo volvían loco” y que con el crimen “‘Pity’ limpió al barrio de la mugre”.

El barrio Cardenal Samoré, en Villa Lugano (Foto/Gustavo Gavotti)

El señor kiosquero

El primero en declarar fue un empleado de un kiosco del barrio Samoré. Contó que Díaz era cliente del comercio y que mantenía conflictos con los vecinos. Según su declaración, no trabajaba y solía pedir dinero y drogas.

También explicó que, cuando Álvarez salía de su casa, algunas personas se le acercaban por su condición de famoso para pedirle plata, una práctica que describió como una especie de “peaje”.

En contraste, definió al músico como una persona que no buscaba problemas. Además, recordó que Álvarez le había contado que en 2016 unas mujeres le robaron dentro de su vivienda.

El músico permanece internado en una clínica psiquiátrica en Castelar (Foto/Maximiliano Luna)

La vecina que llamaba al 911

Uno de los testimonios más detallados fue el de una vecina que se desempeñaba como administradora del edificio donde vivía Álvarez. La mujer contó que conocía al cantante desde pequeño y que identificaba a Díaz de vista. “Era muy intimidante. Gesticulaba feo. Daba miedo”, dijo.

Según relató, en una oportunidad vio a la víctima y a otro hombre de gran contextura física interponerse en el camino de Álvarez para impedirle avanzar. El músico intentaba apurar el paso, pero ellos volvían a colocarse frente a él. “No lo dejaban avanzar”, describió.

La testigo aseguró que Díaz integraba un grupo que se reunía en una glorieta ubicada entre los edificios y que protagonizaba robos, peleas y amenazas. También sostuvo que sus integrantes dañaban las luminarias para mantener el sector a oscuras, una situación que ya había sido mencionada por otros testigos durante el juicio.

La administradora afirmó que llamaba al 911 unas dos veces por mes para denunciar estos episodios y que durante el verano llegaba a realizar cinco llamados mensuales o más. Según dijo, en esas comunicaciones identificaba a Díaz y describía sus características físicas.

La mancha de sangre en la escena del hecho (Foto/Gustavo Gavotti)

Ese tramo de la declaración motivó una pregunta del abogado de la querella, Fabián Améndola, quien quiso saber si la mujer conservaba el mismo número telefónico desde el que realizaba las denuncias. La testigo respondió que sí, lo que abre la posibilidad de contrastar sus afirmaciones con los registros del servicio de emergencias.

La mujer también recordó que Álvarez tenía dificultades para caminar y que le llamaba la atención verlo acelerar el paso cuando intentaba evitar a quienes lo abordaban.

Sobre la noche del homicidio, contó que sus perras ladraron, pero que no prestó demasiada atención porque estaba acostumbrada a escuchar gritos y peleas. Recién al día siguiente se enteró de lo ocurrido.

La administradora aseguró que le costó imaginar al cantante involucrado en un episodio de esas características. Lo describió como una persona afectuosa y recordó que, por aquellos días, estaba contento porque una de sus perras había tenido cachorros.

“(Díaz) era muy intimidante. Gesticulaba feo. Daba miedo”, dijo una de las testigos

La kinesióloga que escuchó una amenaza de muerte

Otra de las declaraciones relevantes fue la de una kinesióloga que atendió a Álvarez entre 2017 y 2018, durante su recuperación de una lesión de cadera.

La profesional explicó que durante aproximadamente seis meses concurrió a su domicilio de lunes a viernes para realizar las sesiones de rehabilitación. Según su testimonio, el músico sufría situaciones de hostigamiento constantes y Díaz formaba parte del grupo que lo intimidaba.

En ese contexto, recordó un episodio en el que varias personas golpearon violentamente la puerta de la vivienda. Álvarez les respondió que no tenía lo que le pedían y ella escuchó una amenaza: “Cuando bajes te vamos a matar”.

La kinesióloga contó que el cantante tenía miedo y que había manifestado su intención de mudarse. Para evitar abrir reiteradamente la puerta, coordinaba los horarios de ingreso con su madre y con la médica que lo atendía. La profesional reconoció que ella misma procuraba ir acompañada al barrio por temor a la inseguridad.

También aportó detalles sobre las limitaciones físicas que tenía Álvarez antes del homicidio. Explicó que sufría dolores por su lesión de cadera, necesitaba medicación y tenía dificultades para desplazarse: “Rengueaba, no podía correr”.

Lo describió como una persona tranquila, aunque afectada por el consumo de drogas y por el miedo que le generaban las situaciones que ocurrían alrededor de su vivienda.

“Estoy acostumbrado a vivir así”

El marido de la administradora también declaró ante el tribunal. Contó que conocía a Díaz de vista y que él mismo había sufrido un intento de cobrarle dinero para permitirle circular por el barrio.

El hombre aseguró que el grupo que se reunía en la glorieta protagonizaba conflictos y que había visto a algunos de sus integrantes hacer movimientos como si fueran a sacar un arma de la cintura. “Vivían drogados”, aseguró.

En su declaración recordó un episodio que involucró directamente a Álvarez. El cantante había ido a su casa porque él vendía ropa y, apenas ingresó, cerró rápidamente la puerta y colocó el pasador. “Estoy acostumbrado a vivir así”, le habría explicado “Pity”.

El vecino también mencionó que a Álvarez le habían robado una mochila con las llaves de su vivienda y que posteriormente habían ingresado a la propiedad. Describió a Díaz como una persona de contextura física grande y al cantante como alguien tímido y no agresivo.

En sintonía con los relatos de algunos testigos, la madre de

La amiga que habló de legítima defensa

La quinta testigo fue una amiga de Álvarez, quien aseguró que el músico vivía con miedo de encontrarse con las personas que lo esperaban cerca del edificio.

La mujer recordó que al cantante le habían robado una mochila aproximadamente un mes antes del homicidio. También relató un episodio en el que varias personas lo abordaron mientras comía, le pidieron comida y lo empujaron. “El paró a saludar de buena onda y pasó eso”, dijo.

Acerca del barrio, la testigo sostuvo que la zona era oscura y que ella misma procuraba ir acompañada cuando visitaba al músico. También describió sus dificultades para caminar y aseguró que nunca lo había visto con armas de fuego.

Con las cinco declaraciones de este miércoles, el juicio acumula 34 testimonios en casi dos meses y medio de debate. Álvarez continúa internado en la clínica de salud mental Solar Colonial, en Castelar, mientras el tribunal avanza con la recepción de pruebas. El debate se retomará el lunes.