Cumbre narco en un shopping y un sello que vuelve: la trama detrás del secuestro de 36 kilos de cocaína en el conurbano

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Cocaína de la W y ST en Villa Luzuriaga

Para contar esta historia hay que empezar por el final. Este martes, la División Operativa de Ejecución de Capturas de la Policía Bonaerense secuestró más de 36 kilos de cocaína en Villa Luzuriaga, en el partido de La Matanza, y detuvo a cinco personas, como desenlace parcial de una investigación que comenzó en julio.

¿Cómo llegaron a la droga? En este punto, hay que contar el inicio. En ese mes, se recibió información sobre la actividad en la zona oeste de un presunto narcotraficante de gran peso a nivel nacional, quien mantendría vínculos y asociados en el sur argentino y en Chile.

Desde ese país, esa persona efectuaría envíos de importantes cargamentos de cocaína y marihuana que serían trasladados desde el norte argentino y países limítrofes, según indicaron fuentes a Infobae en la que intervienen el fiscal federal de Morón, Sebastián Basso, y el juez Jorge Rodríguez.

Agentes encubiertos lograron identificar una línea de celular utilizada para la coordinación de maniobras narco. Realizaron, al mismo tiempo, seguimientos, registros fotográficos y observaciones de encuentros mantenidos entre los integrantes de la estructura criminal.

Lograron establecer que el principal investigado registraba una importante trayectoria delictiva vinculada al narcotráfico internacional, habiendo sido condenado en varias oportunidades. O bien que podría tratarse de un narco que se escapó en 2013 del Complejo Penitenciario Federal de Ezeiza, identificado como Eduardo Humberto Gallo, de unos 61 años.

Cocaína de la W y ST en Villa Luzuriaga

Ambos eran muy requeridos por la Justicia federal del sur argentino, principalmente, de Comodoro Rivadavia (Chubut).

Con esos datos, intervinieron líneas telefónicas, colocaron dispositivos de rastreo satelital (GPS) en los vehículos investigados y utilizaron un dron para realizar tareas de observación en sectores de difícil acceso desde tierra.

De esta manera, se llegó a este 4 de agosto. Ese día, los detectives notaron que el VW Polo sobre el que se había instalado uno de los dispositivos de rastreo se desplazaba. Lo siguieron hasta el Plaza Oeste, el shopping de Morón. En ese lugar apareció a su encuentro un Audi A3, ocupado por tres personas.

Los sospechosos percibieron que estaban siendo fotografiados y escaparon a toda velocidad. El Audi fue interceptado en Don Bosco y Colombia. No llevaba droga, pero su conductor era uno de los narcos más pesados. Tiene 26 años y es oriundo de Comodoro Rivadavia. Su acompañante, un dominicano de 31 años, también era muy requerido.

Dentro del vehículo hallaron $2.300.000 y U$S 800 que fueron secuestrados.

En tanto, desde el Polo, en plena persecución y según reconstruyeron los investigadores, exhibieron armas de fuego para intimidar a los policías que respondieron a los tiros.

Durante la secuencia, los fugitivos —uno de ellos resultó ser Gallo— habrían descartado el armamento y se detuvieron a unos 200 metros, en la intersección de calle Ambato y Guido Spano, en Villa Luzuriaga.

Quisieron huir a pie, pero no llegaron demasiado lejos. Sobre todo el conductor, que recibió balazos en la altura del omóplato y el brazo izquierdo.

Entonces, los policías revisaron el auto. Encontraron una bolsa dentro del baúl. Al abrirla, vieron 20 panes compactos de cocaína con el logo “S T” en bajorelieve, con un peso total de 22 kilos.

El Audi y el Polo fueron incautados

Y hay más: los ocupantes del Polo intentaron llegar a un domicilio específico antes de ser atrapados. Se trataba de la casa de uno de los tripulantes del A3.

Con una orden de allanamiento, ingresaron y encontraron otros 15 ladrillos de cocaína con el logo W impreso sobre la sustancia compactada. Había, también, tres cajas de cartuchos calibre 9 mm.

La investigación continúa. Esperan que los celulares incautados a los miembros de la organización aporten información valiosa sobre posibles cómplices y sus movimientos.

La historia de la “W”

Hay un detalle que llamó la atención y es justamente esa “W” impresa en los panes de cocaína hallados en la vivienda de uno de los involucrados.

Se trata de un sello que no se veía hace tiempo y que está ligado a Wilson Maldonado Balderrama, más conocido como “el magnate de la cocaína”, un poderoso empresario boliviano que fue considerado uno de los jefes de narcotráfico y proveedores de cocaína más importantes de la región. Era, además, de acuerdo a fuentes, dueño de uno de los laboratorios de droga más productivos en Bolivia.

Los ladrillos de Balderrama Maldonado (arriba) y el secuestro en Villa Luzuriaga (abajo)

Su fachada era la comercialización de madera, combustibles y petróleo. Operaba en Argentina a través de vuelos clandestinos y bombardeos de cocaína en campos de Anta y Metán, en Salta.

En 2016, un operativo bautizado “Febrero Blanco”, que contó con la participación de “Forastero”, un caballo y agente encubierto de Gendarmería que se coló en las carreras a las que el narco solía asistir como criador y fanático del turf, desbarató a su organización.

La cocaína secuestrada en Villa Luzuriaga

Aunque fue detenido en Tarija, pudo evadir a la Justicia, hasta que en 2021 fue apresado por Interpol en Santa Cruz de la Sierra cuando se desplazaba en una camioneta de alta gama.

Cinco años más tarde, mientras la Justicia argentina todavía espera su extradición, el logo que lo distinguía vuelve a aparecer en la casa de otro narco en Villa Luzuriaga.