El eufórico festejo de la comunidad de Cabo Verde en Argentina tras el empate ante España en el Mundial

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La comunidad caboverdeana de Dock Sud, en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, vivió este lunes una jornada que mezcló tensión, orgullo y euforia colectiva. Decenas de ciudadanos nacidos en el archipiélago africano y sus descendientes se reunieron para ver el debut de Cabo Verde en su primer Mundial, frente a España, una de las selecciones favoritas al título. El resultado —un empate sin goles— desató una celebración que se extendió por las calles bonaerenses, con cantos propios del fútbol argentino entonados por quienes llevan generaciones arraigados en este suelo.

Para una selección que pisó por primera vez la fase de grupos de una Copa del Mundo, frenar a la campeona de Europa equivalió a una hazaña. Los “tiburones azules” llegaron al Grupo H —que completan Arabia Saudí y Uruguay— sin presión y sin que nadie les exigiera nada.

En Dock Sud, la emoción se vivió con la intensidad particular de quienes cargan una historia de siglos. La Sociedad de Socorros Mutuos “Unión Caboverdeana”, institución fundada el 13 de agosto de 1932, fue el punto de encuentro natural de la colectividad. Nació de la necesidad que tuvo un grupo de inmigrantes caboverdeanos de ayudarse mutuamente en situaciones de gran vulnerabilidad. Con el tiempo, la institución amplió sus objetivos hacia la promoción de la cultura del archipiélago.

Cabo Verde sumó un punto en el Grupo H frente a España. REUTERS/Bernadett Szabo

Según el blog de la colectividad, la presencia caboverdeana en Argentina comenzó a fines del siglo XIX, aunque cobró mayor visibilidad a partir de la década de 1920. Los primeros contingentes llegaron principalmente desde las islas de São Vicente y Santo Antão, seguidos en menor medida por oriundos de São Nicolau, Fogo y Brava. Un segundo período de mayor afluencia se registró entre 1927 y 1933, y un tercero tras la Segunda Guerra Mundial, en 1946. Todos ellos ingresaron al país con nacionalidad portuguesa, dado que Cabo Verde era entonces colonia de Portugal; la mayoría tramitó luego documentación caboverdeana y se naturalizó argentino.

La historia del archipiélago es inseparable de la diáspora. Situado a unos 450 kilómetros de la costa de Guinea, Mauritania y Senegal, el conjunto de diez islas fue descubierto por los portugueses entre 1456 y 1460, cuando se encontraba deshabitado. La corona portuguesa lo colonizó con población del sur de la península ibérica y con africanos traídos a la fuerza desde el continente: mandingas, mandjakus, jalofos y fulas-pretos, entre otras etnias, dejaron huellas profundas especialmente en el grupo de islas de Sotavento. De esa mezcla racial, lingüística y cultural surgió un grupo étnico propio: el caboverdeano.

Miembros de la comunidad de Cabo Verde en Argentina celebran con euforia el empate de su selección contra España durante el Mundial (captura TN)

Las condiciones climáticas del archipiélago —clima árido, sequías cíclicas, lluvias escasas e irregulares entre agosto y octubre— y las políticas de explotación impuestas por el colonialismo portugués empujaron históricamente a su población hacia la emigración. Esa misma movilidad fue la que sembró comunidades caboverdeanas en distintos puntos del mundo, incluida la zona sur del conurbano bonaerense, donde Dock Sud se convirtió en el epicentro de la colectividad en Argentina.

La independencia llegó en 1975, tras años de lucha armada encabezada por el Partido Africano para la Independencia de Guiné y Cabo Verde (PAIGC), fundado en 1956 por Amílcar Cabral. En Buenos Aires funcionó durante ese período un Comité Regional del PAIGC que publicó el boletín Panorama Africano, desde la localidad de Bernal, para difundir los avances del proceso independentista en las ex colonias portuguesas. Arístides María Pereira se convirtió en el primer presidente de la República de Cabo Verde, y en 1987 visitó la sede de la Unión Caboverdeana de Dock Sud, convirtiéndose en el primer mandatario extranjero en pisar la comuna de Avellaneda.

Esa misma sede este lunes vibró con el pitido final del árbitro. Los descendientes de aquellos inmigrantes que llegaron huyendo de sequías y del yugo colonial celebraron, con cánticos del fútbol argentino incorporados en generaciones de integración, que la selección de sus ancestros le arrebató un punto a España en su estreno mundialista.