Ian Menendez viajó hasta Normandía desde París para vivir una aventura. Su objetivo era subir en forma clandestina a la catedral de Notre-Dame de Ruan y registrar el momento para su cuenta de Youtube. El joven ya había realizado en Buenos Aires otros videos de este tipo. El youtuber se había metido en los túneles del soterramiento del tren Sarmiento en el conurbano bonaerense y hasta había pasado la noche en u barco abandonado en pleno río Paraná.
Ian tiene 25 años y es un trabajador nómade. Con su computadora a cuestas puede hacer su actividad desde cualquier lugar del mundo. Así, el joven se fue a vivir el verano europeo.
Menendez tiene una cuenta de Youtube en el que sube sus distintas aventuras. En este caso, el video desde la catedral ya alcanzó más de las 100 mil vistas en menos de una semana. “Fue todo un desafío y algo que suelen hacer los youtubers que fui conociendo a lo largo de mi viaje por Europa – explica Ian en contacto con Infobae-. Y dije que yo también tenía que hacerlo, porque me encantan los desafíos de altura.”

El desafío de Ian Menendez
El Youtuber viajó a Ruan a dedo con apenas una mochila. Viajar liviano es otra de las premisas de estos jóvenes que hacen exploraciones en lugares abandonados o videos desde alturas en forma clandestina. “En este caso no sabía bien qué hacer. No quería esconder la mochila, porque si me agarraba la policía la iba a perder. Entonces, la guarde en un locker por esa noche.”
Ian hizo una primera exploración del lugar durante la tarde para ver los movimientos de seguridad. El joven sabe que este tipo de actividad es ilegal y puede causarle un problema con la justicia francesa. “Vi que había obreros porque la catedral estaba en reparaciones. Traté de fijarme donde estaban las cámaras de seguridad para evitarlas. Y vi un hueco por el que me podía mandar”, cuenta Menendez.

Esa noche se acercó al templo y comenzó a filmar todo el proceso antes de subir a la torre. En las imágenes a Ian se lo ve solo frente a la catedral de estilo gótico que tardó más de 800 años antes de estar terminada. Las calles de Ruan, en Normandía, estaban vacías y con muy poca iluminación. Eran las tres de la madrugada de una noche cálida y despejada del verano europeo.
Por un costado del templo y evitando las cámaras de seguridad, Ian empezó a subir. Aprovechó los andamios que habían dejado los obreros que ya se habían retirado de su jornada laboral.
Una hora después, a eso de las cuatro de la madrugada, Ian ya estaba en la cima de la catedral. El joven se paró sobre la cruz a unos 150 metros de altura. Se trata de la iglesia más alta de Francia y durante unos pocos años (entre 1876 y 1880) fue la construcción más alta de ese país.

Ya en la altura la temperatura cambió. “Había mucho viento arriba y eso hizo que tuviera frío – recuerda Ian, todavía emocionado por su aventura-. Llegué hasta la punta de la cruz y de ahí filmé imágenes increíbles durante el amanecer.”
Desde la punta de la cruz de hierro de la catedral de Notre-Dame Ruan se puede ver toda la ciudad de Ruan de unos 100.000 habitantes. “Veía los primeros movimientos del amanecer. Muy pocos autos muy chiquitos desde arriba y algunas personas que iban a trabajar”, cuenta Menendez.
Tras tomar las imágenes para su canal de Youtube, Ian bajó por el mismo camino. “Quería hacerlo antes de que lleguen los obreros a trabajar”, explica.
Parado en la cima de la catedral, Ian observa toda la ciudad en el horizonte y piensa. “En esos momentos es cuando recorrés toda vida. Pensás hasta donde llegaste y cómo querés seguir”, explica el joven.

Un símbolo de la arquitectura gótica
La Catedral de Notre-Dame de Ruan se levanta en el centro de Normandía con una aguja de hierro fundido de 151 metros, la más alta de Francia. Su construcción abarcó del siglo XII al XVI. Entre sus torres está la Tour de Beurre, la Torre de la Mantequilla, que recibió ese nombre porque se financió con las contribuciones de fieles que pagaban para poder consumir lácteos durante la Cuaresma.
En la década de 1890, Claude Monet alquiló un taller frente a la fachada occidental de la catedral. Desde esa ventana pintó alrededor de treinta telas del mismo motivo a distintas horas del día. Lo que buscaba era registrar cómo la luz transformaba los relieves de la piedra. El artista reflejó desde los azules de la mañana, los blancos del mediodía hasta los dorados de la tarde. Esa serie convirtió a la catedral de Ruan en uno de los temas más reconocibles del impresionismo.
En el deambulatorio de Notre-Dame de Ruan se conservan el corazón de Ricardo Corazón de León y los restos de Rollón, el jefe vikingo que llegó a ser el primer duque de Normandía. El palacio arzobispal contiguo al templo fue la sede del proceso de rehabilitación de Juana de Arco en 1456.
La catedral resistió incendios, guerras religiosas y los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Su estructura, restaurada varias veces a lo largo de los siglos, sigue en pie en el centro de Ruan.

Un descenso a los subsuelos de París
Durante su viaje europeo, Ian también conectó con la comunidad urbex en París. En la capital de Francia, una de las principales atracciones es ingresar en forma clandestina en las catacumbas prohibidas bajo tierra. Allí, el joven hasta participó de una fiesta. “Había un chico que como parte dle show escupía fuego y generó tanto humo que tuvimos que evacuar esa noche. Por suerte, no hubo ningún inconveniente”, cuenta Menendez.
En París, el youtuber recorrió túneles abandonados del subte y vio como algunos personas se quedaban a dormir en esos espacios a modo de aventura por una noche.
Bajo las calles de París se extienden unos 300 kilómetros de túneles y canteras abandonadas. El recorrido turístico oficial de las Catacumbas cubre menos de dos de esos kilómetros. El resto es territorio de los catafiles, con los que tuvo vínculo Ian. Se trata de una comunidad clandestina de exploración urbana con décadas de actividad organizada.
Los catafiles no entran por la puerta del museo. Acceden a la red subterránea a través de alcantarillas, sótanos de hospitales, pozos de ventilación o túneles del subte. Una vez adentro, se mueven con mapas que ellos mismos dibujan, corrigen y actualizan a lo largo de años. Esos planos detallan pasadizos que datan de la época romana y la Edad Media.

Una comunidad con reglas propias
El grupo funciona con códigos estrictos. Dos principios rigen la convivencia. Lo que pasa en los túneles no se cuenta afuera, y nadie deja rastro de su paso. Para sostener esa segunda regla organizan jornadas de limpieza colectiva llamadas katacleans, dedicadas a retirar la basura que otros abandonan.
Entre exploradores hay un trato solidario. Quienes se cruzan en los túneles comparten agua, linternas o indicaciones de ruta. Los accesos, en cambio, se mantienen en secreto para evitar que la policía los clausure.
Con el tiempo, los catafiles construyeron una vida social bajo tierra. Tallaron la piedra caliza y pintaron murales en distintas galerías hasta crear salas con nombre propio, como La Playa, decorada con una versión del grabado La gran ola de Hokusai. Organizan cenas subterráneas, celebraciones de Halloween que llaman Kataloween y reuniones donde se escucha música en la oscuridad total.
En las Catacumbas de París se conservan los restos de unos seis millones de personas. Es la fosa común más grande del mundo, y lo que distingue al lugar no es solo la cifra sino la forma en que los esqueletos fueron dispuestos a lo largo de los túneles.

Cementerios desbordados, carretas nocturnas
A finales del siglo XVIII, los cementerios de París estaban saturados. El más importante, el Cementerio de los Inocentes, acumulaba cuerpos mal enterrados que generaban pestes, olores y filtraciones de gases en los sótanos de las casas vecinas.
Entre 1785 y 1814, las autoridades vaciaron los cementerios. Durante años, comitivas de carretas trasladaron los huesos en procesiones nocturnas hasta las antiguas canteras de piedra caliza de Tombe-Issoire, una red de galerías subterráneas que habían quedado vacías tras siglos de excavación para construir los edificios de la superficie.
Al principio los huesos se arrojaron sin orden en los pozos. En 1810, el inspector de canteras Louis-Étienne Héricart de Thury decidió convertir ese depósito en un monumento visitable. Los restos fueron clasificados y apilados con criterio arquitectónico.
Es imposible identificar a los individuos. Todos los restos fueron mezclados durante el traslado desde sus tumbas originales. Cualquier parisino que haya muerto entre los siglos X y XVIII pudo terminar en este lugar. Desde ciudadanos comunes, víctimas de las grandes pestes hasta figuras de la historia de Francia cuyos huesos se perdieron en la masa. Entre ellos, Maximilien Robespierre y Georges Danton, ejecutados en la guillotina durante la Revolución Francesa.
Héricart de Thury instaló a lo largo del recorrido placas y altares de piedra con poemas, citas bíblicas y advertencias filosóficas en latín y en francés. La más conocida recibe a los visitantes en la entrada del osario, tallada bajo un dintel de piedra: “¡Deténte! Este es el imperio de la muerte”.
La policía del subsuelo
El ingreso a las zonas no habilitadas de las catacumbas está prohibido desde 1955. Los riesgos son concretos. Hay chances de derrumbes, inundaciones y la posibilidad de perderse en un laberinto sin señalización. Para hacer cumplir la prohibición, una división especial de la policía francesa patrulla los túneles. A todo esto se expuso Ian Menendez en busca de adrenalina y de sumar visualizaciones en su cuenta de Youtube.










