El recuerdo del nieto de Aníbal Troilo a 112 años de su nacimiento: “Pichuco sigue más vigente que nunca”

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Francisco Torné, nieto de Aníbal Troilo

Cada día que pasa, Francisco Torné descubre algún detalle más de la vida de su célebre abuelo, Aníbal Troilo. En este caso, revisando los archivos para el 112 aniversario del nacimiento del maestro, se sorprende al encontrar el Acta de Bautismo de Pichuco en la capilla del Hospital Gutiérrez. “Acá descubrimos que tenía un nombre más: era Aníbal Carmelo Antonio Troilo”, cuenta en diálogo con Infobae el nieto del creador de tangos legendarios como Garúa y Sur, entre tantos otros.

En la actualidad, Torné es el encargado de cuidar el legado del bandoneonista, nacido el 11 de julio de 1914 en Buenos Aires. Es verdad que Troilo no había tenido descendientes biológicos. Pero se había casado con la griega Ida Dudui Kalacci, a quien todos conocían como Zita, que ya era madre de Edith, de un matrimonio anterior. Y ella le dio tres nietos que él siempre trató como si fueran de su propia sangre: Edith, Juan Carlos y Francisco, quien hoy se encuentra trabajando activamente para mantener viva su memoria.

El maestro con su fuelle

—¿Qué recuerdos tiene de su abuelo y qué significado tienen para usted estas fechas especiales?

—Los momentos que vienen a mi mente tienen que ver con esos encuentros familiares, cuando íbamos de visita a la casa donde vivían mi abuela y él, primero en Paraguay entre Talcahuano y Uruguay y, después, en Talcahuano entre Córdoba y Paraguay. Desde los 9 hasta los 15 años, cuando falleció, tengo muy presentes esos recuerdos. Me acuerdo que llegábamos a su departamento y lo encontrábamos recién levantado, pero siempre bien arreglado y con ese perfume de agua de colonia que usaba. Y que él enseguida venía a darnos un beso, porque era una persona muy cariñosa. De hecho, Rubén Juárez decía que Pichuco había inventado el beso entre hombres…

—Es que, en esa época, a los varones no se los educaba para ser demostrativos.

—Claro. Pero él te besaba en el cachete con todos sus labios. Y sentir ese abrazo y ese beso era muy particular. También venía mucho a comer asado a nuestra casa. Y, como yo era el más chico de los nietos, me sentaba en su falda para charlar. Yo le contaba cosas. Así que es un recuerdo muy íntimo y familiar. Después, el tiempo me acercó mucho más a mi abuela.

Acta de nacimiento de Anibal Troilo

—Tras la partida de Pichuco, el 18 de mayo de 1975, Zita fue la encargada de cuidar su legado, ¿verdad?

—Claro, mi abuela se ocupó de todo. Fue muy fiel a la “filosofía troileana”, en cuanto a la generosidad y el hecho de estar siempre dispuesta a compartir todo con los músicos. De hecho, esa generosidad quedó en evidencia cuando regaló los tres fuelles que eran de mi abuelo. Uno se lo dio a Ástor Piazzolla, el otro a Raúl Garello y, el tercero, a Osvaldo Piro. A los seis meses de haber fallecido Pichuco, ya había entregado los tres instrumentos, porque decía que estaban para ser ejecutados.

—Tenía un punto en eso…

—Sí, claro. Igual, gracias a nuestra amistad con Garello y con Piro, esos dos bandoneones volvieron uno a la Academia Nacional del Tango y otro a la familia, donde siguen siendo utilizados por grandes maestros. Pero mi abuela trabajó mucho por mantener la memoria de Pichuco. Hizo la escultura que está en el recinto de personalidades del Cementerio de la Chacarita. Y, a lo largo de casi veintidós años, hasta que falleció el 1 de julio de 1997, lo mantuvo vigente.

Pichuco junto a su esposa Zita

—¿Desde entonces le quedó a usted esa tarea?

—En los últimos años de la vida de mi abuela, mientras yo estudiaba Ciencias Económicas, pasaba todos los mediodías por su departamento a almorzar. Y ella me empezó a contar un montón de cosas, con las que yo pude entender lo que Pichuco representó para el pueblo. Y lo que seguía representando. Porque había dejado una huella en la cultura de casi cinco generaciones de argentinos.

—¿Por eso decidió encargarse de preservar su legado?

—Claro. Cuando falleció Mammina, para todos Zita, tuvimos que hacernos cargo de esa tarea mis hermanos y yo. En realidad, asumimos ese compromiso después de haber hablado con mi abuela y de que ella nos guiara en esto.

—¿Y cuáles son las actividades que realizan en la actualidad?

—Es una labor amplia, de todos los días, porque siempre aparece algún aficionado o algún investigador buscando información sobre Pichuco. También tenemos que ocuparnos de cuidar los derechos de autor y autorizar la inclusión de obras en cine o publicidades, más todo lo que conlleva el tema de los derechos fonográficos. Por otro lado, está la propuesta que hicimos con el maestro Horacio Ferrer, de declarar el 11 de julio Día nacional del Bandoneón. Eso nos lleva siempre a encabezar festejos y organizar eventos relacionados a esa fecha, que para nosotros también tiene mucha implicancia. Además, nos encargamos de mantener en condiciones los dos fuelles que tenemos, a través del luthier Damián Guttlein, que se encarga de afinarlos. Y colaboramos con el Instituto de Musicología de la Ciudad de Buenos Aires, para digitalizar toda la obra de Troilo y que sus arreglos puedan ser estudiados en las universidades.

La presencia de Troilo en Archi, Italia, donde nacieron sus abuelos paternos

—¿Qué pasa con la figura de Pichuco en la Argentina y el mundo?

—La verdad es que Troilo es un ícono del tango. Está claro que, junto con Carlos Gardel y Piazzolla, tiene una preponderancia casi imprescindible. Si alguien se dedica al tango o quiere aprender sobre el género, va a recurrir a estas tres figuras siempre. En el orden nacional, obviamente, es recordado de manera permanente por los medios y por la gente. Y, en el ámbito internacional, es mencionado siempre en los ámbitos tangueros. Porque Pichuco no viajó tanto afuera del país. Pero siempre fue reconocido. De hecho, hace pocos años, se inauguró una escultura en su honor, similar a la que está en Suipacha y 9 de Julio de Buenos Aires, ni más ni menos que en la avenida principal de Singapur. Y nosotros participamos de muchos festivales internacionales, como el de Granada, donde hace poco hubo una exposición de fotos de Troilo. De manera que hay actividad permanente en el exterior también.

—¿Cómo explica usted esta vigencia de su abuelo después de tantos años?

—No es fácil explicar la vigencia de figuras como Pichuco o entender por qué fueron elegidos. Creo que es porque han entregado un arte genuino, que los ha hecho inmortales. Porque, más allá de sus creaciones y sus interpretaciones, mi abuelo fue un artista pleno que entregó un mensaje totalmente honesto. Y eso, que fue recibido por la gente, es lo que en mi opinión hace que siga permaneciendo en el tiempo.

—¿Ya sabe quién va a continuar con el trabajo de cuidar su legado en las próximas generaciones?

—Es difícil de predeterminar. Espero que alguna de mis hijas, que son tres, continúen con este legado. La más grande, Micaela, es la que me ayuda hoy con las redes, así que por ahí le interesa. A la otra, Melanie, ama la música y a la menor, Magaly, el teatro. Así que yo espero que alguna siga con esta custodia, como digo yo, y con esta tarea de ser como un nexo entre la gente que quiere seguir estudiando quién fue Troilo y su obra.