Iom Kipur propone revisar la conducta y convertir el ayuno en un compromiso con quienes atraviesan carencias, según planteó el Gran Rabino Isaac Sacca en una reflexión sobre el Día del Perdón.
En 2026, Iom Kipur comenzará al atardecer del 20 de septiembre y concluirá al anochecer del lunes 21, según el Calendario de Jabad. La fecha marcará el período de ayuno, introspección y reconciliación previsto por la tradición judía.
La fecha, una de las jornadas centrales del calendario judío, reúne prácticas de introspección, arrepentimiento y reconciliación. Para Sacca, esas restricciones no buscan producir un efecto automático ni resolver por sí solas las faltas cometidas durante el año.

Iom Kipur es una jornada de ayuno y reflexión que, según el rabino Isaac Sacca, busca que cada persona reconozca las necesidades de quienes no pueden elegir prescindir de comida, bebida o abrigo. El rito adquiere sentido cuando impulsa empatía, reparación de los vínculos y acciones orientadas al bienestar colectivo.
El rabino sostuvo que la dimensión religiosa de la fecha no puede quedar separada de la conducta cotidiana. El ayuno, explicó, debe servir para examinar la relación con otras personas, con la comunidad y con el entorno.
El ayuno como recordatorio de las carencias
Durante Iom Kipur, la tradición judía dispone abstenerse de comer y beber, usar zapatos de cuero y mantener relaciones íntimas, entre otras restricciones. La jornada propone apartarse de placeres materiales para centrar la atención en una revisión personal.

Sacca señaló que esas prácticas no tienen una finalidad sobrenatural. “Los ritos en sí no tienen un efecto mágico”, afirmó, y añadió que funcionan como “un efecto disparador” para que las personas reflexionen sobre sus actos.
El rabino vinculó el ayuno con la situación de quienes sufren privaciones de forma permanente. “El objetivo de Iom Kipur de no comer, no beber, es acordarte del que no come, acordarte del que no tiene para beber, del que no tiene para calzar, del que no tiene para lavarse”, afirmó.
La experiencia de renunciar voluntariamente a determinados bienes durante un día plantea, según esta reflexión, una diferencia con quienes no cuentan con ellos por falta de recursos. El sentido de la práctica está en reconocer esa distancia y responder con mayor sensibilidad frente a las necesidades ajenas.

Sacca remarcó que el rito pierde su propósito si se limita al cumplimiento de una regla. “Si uno se olvida del objetivo del rito, que es ser más empático con el compañero, con el prójimo, con la naturaleza, con la sociedad, entonces el rito es un rito hueco”, explicó.
La reconciliación con otras personas
El Día del Perdón también convoca a revisar los daños causados en los vínculos personales. La tradición talmúdica enseña que Iom Kipur no repara las transgresiones cometidas contra otra persona si antes no se procura una reconciliación con ella.
Esa enseñanza sitúa el perdón fuera de una experiencia exclusivamente interior. Reconocer una falta, asumir la responsabilidad y buscar un acercamiento con quien fue afectado forman parte del sentido de la jornada cuando la situación lo requiere.
“El objetivo de Iom Kipur es tomar conciencia de que no somos individuos que vivimos separados, sino que vivimos todos juntos”, resumió Sacca. El rabino relacionó esa idea con la convivencia entre familiares, amigos, vecinos y el resto de la sociedad.
Según la reflexión de Sacca, los profetas de Israel insistieron en que la práctica religiosa debía estar acompañada por una conducta justa y por un compromiso con el prójimo. La oración y el ayuno no sustituyen la responsabilidad frente a otras personas.
La jornada propone, de ese modo, revisar relaciones atravesadas por la competencia, la envidia o la confrontación. Sacca planteó que la convivencia exige cooperación y ayuda mutua, ya que las personas comparten espacios, trabajo y proyectos de futuro.
Un compromiso moral más allá del rito
El Gran Rabino rechazó que el ayuno de Iom Kipur pueda entenderse como un recurso para obtener beneficios materiales o atraer buena suerte. “No es un rito para la buena suerte. No es un hechizo ni un conjuro”, sostuvo.
Para Sacca, el valor de la práctica reside en que puede activar una reflexión moral y ética. La privación temporal debe conducir a un examen de la propia conducta y a una renovación del compromiso con el bien de los demás.
La propuesta no se limita a la relación individual con Dios. También alcanza a los vínculos sociales y a la forma en que cada persona responde ante el sufrimiento, las desigualdades y las necesidades presentes en su entorno.
“Solo si compartes con el que sufre tiene sentido tu plegaria a Dios”, afirmó Sacca.










