
Durante la noche, distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires, como la Floralis Genérica, el Puente de la Mujer, el Planetario Galileo Galilei y la Torre Espacial del Parque de la Ciudad, recibirán una iluminación naranja para conmemorar el Día Mundial de Concientización sobre el Linfoma. Esta fecha tiene como objetivo situar en la conversación social una enfermedad que, para la mayoría de las personas, aún permanece invisible. Dicha acción se enmarca en la campaña impulsada por la Asociación Civil Linfomas Argentina (ACLA), que este año utiliza el lema “Ningún paciente viaja solo”.
El dispositivo simbólico tiene un propósito concreto: transformar monumentos que integran el paisaje cotidiano de la ciudad en grandes puntos de visibilidad para una patología que, pese a su incidencia, sigue siendo poco conocida. La iluminación naranja apunta a llevar el mensaje al espacio público y a llamar la atención sobre la necesidad de reconocer los síntomas a tiempo.
Según números que maneja la ACLA, el 73% de las personas diagnosticadas con linfoma no conocía la enfermedad antes de que les comunicaran el resultado de los estudios, y el 58% demoró hasta seis meses en consultar a un médico desde la aparición de los primeros síntomas. Frente a ese panorama, el desconocimiento sigue siendo, según la organización, uno de los principales obstáculos para una detección temprana.

El linfoma es un tipo de cáncer que se origina en los linfocitos, células pertenecientes al sistema inmunitario. Existen distintas variantes, entre las que se destacan el linfoma de Hodgkin y los linfomas no Hodgkin, y tanto el diagnóstico como el tratamiento dependen de las características de cada caso.
Entre las manifestaciones que pueden alertar a quienes lo padecen figuran el aumento de tamaño de uno o más ganglios linfáticos, fiebre sin causa aparente, sudoración nocturna, pérdida de peso involuntaria, cansancio persistente y picazón. Ante la presencia de estos síntomas —especialmente si se mantienen en el tiempo—, la consulta médica resulta clave.
La campaña de este año pone el acento en una dimensión que suele quedar fuera de foco: el acompañamiento. Bajo el lema “Ningún paciente viaja solo”, ACLA apunta a visibilizar el impacto que un diagnóstico de estas características genera no solo en quien lo recibe, sino también en su entorno familiar y social. El mensaje abarca el momento del diagnóstico, el proceso de tratamiento y las transformaciones que ese recorrido puede producir en la vida cotidiana de los pacientes y sus familias.
“Que Buenos Aires se ilumine de naranja significa que durante una noche vamos a poner al linfoma en un lugar visible. Pero detrás de esa luz hay algo mucho más importante: necesitamos que la sociedad conozca la enfermedad, que pueda reconocer sus señales y que las personas sepan que, ante un diagnóstico, no están solas”, afirmó Haydée González, presidenta de ACLA, en declaraciones a la agencia de noticias NA.

González también se refirió al alcance colectivo de la enfermedad: “Un diagnóstico de linfoma no afecta solamente a quien recibe la noticia. También alcanza a su familia, a sus vínculos y a su vida cotidiana. Por eso hablamos de acompañamiento integral. Queremos que cada paciente tenga información, contención y una red que lo acompañe durante todo el camino”.
No es la primera vez que la ciudad adopta el naranja para esta causa. En ediciones anteriores, distintos monumentos porteños ya fueron iluminados en el marco de la misma efeméride, una práctica que ACLA sostiene como parte de su estrategia para instalar el tema en la agenda pública.
La apuesta es que la imagen tenga efecto más allá de la noche. “Esperamos que alguien vea la Floralis, el Planetario, el Puente de la Mujer o la Torre Espacial iluminados de naranja y se pregunte por qué. Si esa pregunta lleva a una persona a informarse, a reconocer un síntoma o a acompañar a alguien que está atravesando un diagnóstico, entonces esa luz ya cumplió su objetivo”, concluyó la presidenta de la asociación.










