La Coca Sarli y los mitos detrás de su leyenda: de la frase que nunca dijo al desnudo que filmó engañada

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En 1955, la Coca Sarli se consagró como Miss Argentina

“Chupe, chupe, que es trabajo”, dice la frase que durante años se le adjudicó a Isabel Sarli. Según la leyenda urbana, la icónica actriz le habría dado esta indicación a Romualdo Quiroga durante el rodaje de la película Carne, con dirección de Armando Bo, que se estrenó en 1968. Y la realidad es que, sabiendo lo rupturista que había sido ella al dedicarse al cine erótico en tiempos en los que el sexo era tildado de pecaminoso, en especial para las mujeres, nadie se puso a dudar de la veracidad de la anécdota. Sin embargo, fue la propia Coca la que se encargó de echar por tierra el mito, señalando que nada de lo que se venía repitiendo al respecto era verdad.

Aunque no lo demostrara en sus trabajos, la actriz era una mujer muy tímida. Había nacido como Hilda Isabel Gorrindo Sarli en Concordia, Entre Ríos, el 9 de julio de 1929. Y su infancia no había sido nada fácil. Su padre la abandonó y su hermano murió con apenas 5 años. Así que su madre, María Elena, decidió mudarse con ella a Buenos Aires para tratar de buscar una vida mejor para las dos. Gracias a eso, la Coca pudo terminar el secundario y estudiar dactilografía e inglés, todo lo que necesitaba como para poder conseguir un trabajo de secretaria. Es decir, un empleo que le permitiera mantenerse de una manera “digna”. Pero el destino le tenía preparado un futuro totalmente diferente.

Para poder independizarse, en 1953 se casó con Ralph Heinlein. La única manera que encontraban por entonces las mujeres para dejar el hogar familiar. Pero al año, y desafiando todos los prejuicios de la época, se separó. Entonces, aprovechando sus condiciones físicas, comenzó a trabajar como modelo publicitaria. Y, en 1955, se consagró como Miss Argentina y recibió el llamado del por entonces presidente Juan Domingo Perón, diciendo quería conocerla. Según ella, el general le “tiró los galgos” y le dijo que valía “por miles de embajadores de la paz”, pero solo consiguió de ella su apoyo político.

La actriz se convirtió en un ícono del cine erótico

Por el contrario, Bo logró todo de ella. Y fue quien la hizo desembarcar en la pantalla grande de una manera que ella nunca antes hubiera imaginado. El director, que se convirtió en el único y gran amor de su vida, la animó a incursionar en un género que no era visto con buenos ojos. De hecho, otros de los mitos que giran en torno a la protagonista de una treintena de films como Fuego y Fiebre, señala que para poder encarar las escenas más comprometidas, La Coca necesitaba embriagarse. Y que era el mismísimo Armando el que le suministraba un vaso de whisky, a veces mezclado con bebida cola, antes de cada desnudo. Así, la actriz que se mareaba muy rápido, lograba desinhibirse para entregarse a las indicaciones de su mentor.

Sin ir más lejos, en los tiempos que corren sería un accionar totalmente cancelable. Pero fue la mismísima Sarli quien contó que la primera vez que tuvo que filmar sin ropa, fue engañada en su buena fe. Corría el año 1957. Y Bo le había prometido un traje de baño color piel para rodar una escena de El trueno entre las hojas en la que, supuestamente, se la veía nadando desnuda en un arrollo. Pero lo cierto es que, llegado el momento del rodaje, la prenda no apareció. Entonces, Armando le hizo creer que la cámara no iba a poder tomar las partes pudendas de su cuerpo que el agua cubría. Y ella, inocente, le creyó. Pero, a ver el resultado, se presentó ofuscada en la oficina del director y le arrojó un cenicero sobre el escritorio de vidrio.

Otra de las frases con las que se relaciona a la Coca es aquella que dice: “¿Qué pretende usted de mí?“. En el imaginario colectivo, la actriz había pronunciado estas palabras en Carne. Pero no fue así. La realidad es que en la película Y el demonio creo a los hombres de 1960, la actriz es perseguida por un hombre al que ella le dice: “¿Por qué me sigue? ¿Qué pretende de mí?“. Pero esto no se repitió en el film del ‘68, en el que su personaje es agredido sexualmente por un hombre al que le grita: “¡Canalla, se va a arrepentir toda la vida de lo que hace!”. Sin embargo, con el tiempo y dado lo que se había instalado, esa escena fue editada y quedó como si la Coca si hubiera dicho lo que se le adjudicaba.

Sarli desarrolló su carrera junto a su gran amor, Armando Bo (Télam)

Dicen que, de no haber sido tan fiel a Bo, La Coca podría haberse convertido en una estrella de Hollywood. Y es verdad. De hecho, rechazó propuestas millonarias para trabajar tanto en los Estados Unidos como en México, por no “traicionar” a su amado. Y, en Argentina, solo aceptó trabajar con Leopoldo Torre Nilsson en Setenta veces siete, de 1962, con la condición de no desnudarse y con el permiso de Armando. Pero le dijo que no a Daniel Tinayre por su “mal carácter” y rechazó una oferta de Lucas Demare por considerarlo “un mujeriego”.

Cuentan que, en una oportunidad, le habían presentado a un cura que daba misa por televisión para que la aconsejara. Ella no era una mujer religiosa. De hecho, a pesar de las advertencias sobre la condición de “casado” de Bo, nunca dudó en comenzar con él una relación prohibida que terminó siendo aceptada por toda la colonia artística. Pero estaba muy triste por la muerte de su madre, así que decidió ir a ver al sacerdote en cuestión. Llegó al encuentro luciendo un vestido con escote y una estola blanca. Y, al verla, el eclesiástico le dijo: “¡Mire cómo anda, no tendrá perdón de Dios!”. Entonces ella, sin dudarlo, le dio una cachetada que lo dejó tendido sobre los sándwiches que había encargado para agasajarla.

Nunca pudo ser mamá biológica. Armando la había convencido de que una sex symbol no podía estar embarazada. Ella tenía que mantener la imagen erótica que el público de sus películas esperaba ver, aquí y en el mundo. Además, casado con Teresa Machinandiarena, él ya era padre de tres hijos: María Inés, María Jesús y Víctor, con quien Isabel trabajó en varias películas. Ella, a diferencia de sus personajes, era mujer de un solo hombre. Así que se conformó con el lugar que él le dio en su vida. Y, con el tiempo, adoptó a Martín, con quien tuvo una relación más distante, e Isabel, quién la acompañó hasta el 25 de junio de 2019, cuando finalmente falleció.