La historia de la jugadora argentina que le hizo cuatro goles a Inglaterra y abrió el camino para el fútbol femenino

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La marca de la leyenda: Orgullosa, con la celeste y blanca bien puesta, Elba recrea con su mano el número que la convirtió en mito: los cuatro goles que le anotó a Inglaterra en México 71 (Las Pioneras del Fútbol Femenino ARG)

Once minutos del primer tiempo. La pelota llega veloz, al ras del césped del Estadio Azteca, buscando la diagonal de la número diez. Elba Selva la domina de espaldas en tres cuartos de cancha, gira y clava la mirada en el arco inglés. La defensora rival estira la marca pero no llega; la arquera británica sale desesperada, pero no puede hacer nada. Elba mete un zurdazo cruzado que entra pegado al palo. ¡Golazo! Argentina marca el primer gol de una tarde consagratoria. Era el 21 de agosto de 1971 y aquella Selección de 17 mujeres, que había viajado a México sin director técnico, médico ni indumentaria propia, terminó ganando 4 a 1 con cuatro tantos de Selva.

Ese partido se jugó ante unas 100 mil personas aunque era una época en la que el fútbol les daba la espalda a las mujeres. El torneo no fue reconocido por la FIFA y la delegación argentina llegó de manera improvisada, con jugadoras que entrenaban a contraturno de sus jornadas laborales y se costearon todo a pulmón. En ese contexto de absoluta precariedad, Elba se convirtió en la figura indiscutida de una victoria monumental que, a pesar de su dimensión, quedó sepultada durante décadas y fuera de la memoria deportiva oficial.

La hazaña ocurrió, además, en una Argentina atravesada por la conflictividad social y el reclamo internacional por la soberanía de las Islas Malvinas. En ese complejo escenario, este grupo de mujeres consiguió un triunfo histórico en el mismo césped donde, quince años después, Diego Armando Maradona escribiría la página más célebre del fútbol argentino frente a los ingleses. La diferencia fue abismal: mientras lo de Diego se volvió un mito inmediato, la gesta de Selva y sus compañeras tardó casi medio siglo en salir del olvido. Debieron pasar 49 años para que se reconociera esa hazaña y desde 2020, el 21 de agosto se celebra el Día de la Futbolista Argentina.

La zurda que venció al olvido: quince años antes de la obra de arte de Maradona, la pierna zurda de Elba Selva ya sabía lo que era sacudir la red de Inglaterra en México (Las Pioneras del Fútbol Femenino ARG)

Una pelota entre los varones

Mucho antes de aquel zurdazo en el Azteca, Elba había aprendido a jugar en los potreros de Villa Lugano. Era la década del 50 y en el barrio no había chicas con las que pudiera compartir una pelota. Entonces se sumaba a los varones de la zona, primero por curiosidad y después porque había descubierto algo que le gustaba de verdad. Tenía alrededor de ocho años y no necesitaba demasiado para quedarse toda la tarde jugando: una pelota, un terreno baldío y un grupo de vecinos.

La decisión no pasaba inadvertida. A sus padres, vecinos y familiares les reclamaban que no la dejaran jugar con los chicos en la calle. En la escuela, sus compañeras también la apartaban porque, según recordaría muchos años después, “ella juega con los nenes”. A Elba esas palabras le dolían, pero no estaba dispuesta a abandonar lo que la hacía feliz. Si había una pelota y un partido, ella quería estar ahí. Y estaba.

Su padre, Alberto, entendía esa pasión. También era zurdo y había sido quien le enseñó a patear. La acompañaba y disfrutaba verla jugar, pero para su madre, Porfiria, las cosas eran diferentes. No quería que su hija fuera la única mujer entre tantos varones y, además, opinaba que el fútbol no era un deporte para ella. Entonces, la llevó a jugar al básquet… Elba aceptó solo para respetar la decisión de su madre, pero descubrió que cualquier actividad que implicara movimiento también podía entusiasmarla.

Justicia histórica: Elba en el Congreso de la Nación, el día que su gesta deportiva se convirtió en ley (Las Pioneras del Fútbol Femenino ARG)

Durante años practicó ese deporte y dejó al fútbol esperando. Hasta que un día, ya con 21 años (había nacido el 14 de enero de 1945 en Villa Riachuelo), una jugada frustrada volvió a ponerlo frente a ella: luego de hacer mal un lanzamiento al aro, enojada, pateó la pelota con tanta fuerza que la hizo estrellarse contra una pared. Ese zurdazo dejó boquiabierta a Eva Lembessi, una de sus compañeras, quien se acercó y le hizo la propuesta que cambiaría su vida: ella también jugaba en un equipo de fútbol femenino y le preguntó a Elba se animaba a ir.

No lo dudó. La idea de jugar solamente con mujeres también resolvía el principal obstáculo que había tenido desde niña: su madre podía aceptar que practicara un deporte donde no tuviera que mezclarse con varones. Fue a entrenar un viernes y al día siguiente ya estaba viajando con el equipo para disputar un partido en el interior. Las jugadoras se organizaban como podían, armaban sus propios equipos y participaban en exhibiciones y torneos relámpago. Vestían las camisetas de River o Boca indistintamente, y recorrían pueblos y provincias donde el público pagaba una entrada para verlas jugar.

El fútbol femenino todavía no tenía clubes ni estructuras propias que garantizaran una competencia. Las mujeres entrenaban después de trabajar, organizaban sus viajes y encontraban la manera de sostener una disciplina que ni siquiera era considerada una posibilidad deportiva para ellas. Elba, mientras tanto, trabajaba por las mañanas en una fábrica de medias, entrenaba por las tardes y reservaba los fines de semana para los partidos. Sin saberlo todavía, aquella rutina estaba preparando a la número diez para una oportunidad que llegaría dos décadas después de sus primeros partidos en los potreros.

La Selección Argentina de fútbol femenino saluda a un Estadio Azteca colmado durante el Mundial de México 1971 (Las Pioneras del Fútbol Femenino ARG)

El sueño que parecía imposible

Para 1971, Elba ya había convertido aquella pasión de la infancia en una parte central de su vida. Tenía 26 años, estaba casada con Raúl Sánchez y era madre de Darío, de dos años. Luego de una semana abrumadora de trabajo diurno y entrenamiento vespertino, dedicaba los sábados a jugar partidos y, algunas veces, viajaba con el equipo a otras provincias. El fútbol no le daba un sueldo ni estabilidad, pero estaba decidida a no volverlo a abandonar.

Ese año apareció una oportunidad que ninguna de aquellas jugadoras esperaba: la selección argentina había sido invitada a participar de un Mundial femenino en México. El torneo no contaba con el reconocimiento de la FIFA y en Argentina la AFA mostró un rechazo y desinterés absoluto hacia el fútbol femenino, no reconociendo a la selección como representante oficial: la delegación viajó sin una estructura que le proporcionara director técnico, médico o equipamiento. Pero para aquellas mujeres, representaba la posibilidad de vestir la camiseta argentina en una competencia internacional por primera vez. Los organizadores mexicanos se hicieron cargo de los pasajes y de parte de la indumentaria, ayuda fundamental para un grupo que no contaba con respaldo económico suficiente.

Raúl conocía esa pasión desde antes de casarse. Apenas comenzaron la relación, Elba le advirtió: “Mirá que yo juego al fútbol, eh, no sé si vos vas a querer estar conmigo”. Que no aceptara su deporte podía ser un obstáculo para ella; para él, no lo fue. Por eso, cuando llegó la posibilidad de viajar a México, el apoyo de su marido fue fundamental para que Elba pudiera aceptar el desafío.

Las Pioneras en la puerta del hotel de México: parte del plantel autogestionado de 17 jugadoras, entre ellas Elba Selva y Gloria

Cuando supo que las futbolistas mexicanas habían convocado a la selección argentina y que sus propias compañeras la habían elegido a ella para viajar, Elba pensó en quedarse. No quería estar lejos de su hijo Darío durante las tres semanas que duraría el torneo. Al regresar a casa después del entrenamiento donde recibió la noticia, Raúl notó que algo le pasaba y le preguntó por qué estaba triste. Elba le contó que sus compañeras viajarían a México y que ella había decidido no ir por el niño. Pero la respuesta de su marido cambió todo: “¿Y qué? ¿No vas a ir?”.

También le propuso cómo organizarse en su ausencia: Darío quedaría bajo su cuidado y de su abuela Porfiria. Elba aceptó. Pero tuvo que tomar que tomar otra decisión que sí tendría un costo: para viajar al Mundial tuvo que pedir permiso en la fábrica de medias donde trabajaba. Al regresar, se quedó sin empleo.

Las 17 jugadoras argentinas emprendieron el viaje rumbo a México. Estaban acostumbradas a jugar con las zapatillas comunes; los botines eran una novedad. Por eso, cuando los recibieron, tuvieron que aprender a usarlos antes de entrar a una cancha. Para acostumbrarse, caminaban por todo el hotel con ellos puestos.

El 15 de agosto, la selección argentina debutó ante el anfitrión. No fue un partido sencillo: perdió 3-1 frente a México y quedó expuesta la falta de preparación con la que había llegado. Esa misma noche apareció una ayuda inesperada. Norberto Rozas, un exfutbolista argentino que vivía en México, se enteró de que las jugadoras no tenían técnico y fue al hotel para ofrecerse a dirigirlas. Claro que aceptaron. Con el equipo todavía adaptándose a los botines, a la altura y a un torneo desconocido, quedaba por delante el partido que cambiaría para siempre la historia de ese grupo y la de Elba.

El equipo argentino, con camisetas la celeste y blanca hecha a mano. Estas mujeres hicieron historia a fuerza de talento y convicción (Las Pioneras del Fútbol Femenino ARG)

Cuatro goles para una historia olvidada

El 21 de agosto llegó el partido contra Inglaterra. En el Estadio Azteca, las argentinas tenían enfrente a una selección que llegaba como una de las rivales más fuertes del torneo. Para Elba, el partido también representaba una oportunidad de mostrar todo aquello que había aprendido en los potreros, canchas improvisadas y giras organizadas por las propias jugadoras. La número diez comenzó ubicada en una posición más retrasada, pero Betty García, la nueve argentina, leyó el juego y entendió que el equipo necesitaba otra alternativa: propuso intercambiar posiciones. Elba pasó al centro del ataque.

A los once minutos, Elba abrió el marcador con un potente zurdazo, como cuando estrelló la pelota de básquet contra una pared. Argentina ganaba 1-0 y las 110.000 personas en las tribunas comenzaron a ovacionarlas. Inspiradas por el aliento, Elba corrió, saltó y abrazó a sus compañeras. El gesto fue respondido por un grito que se repetiría durante aquella tarde: “¡Ar-gen-ti-na!”.

Elba volvió a encontrar espacios y siguió atacando. Con Betty como una de sus principales socias en el ataque, la 10 terminó convirtiendo los cuatro goles argentinos. Inglaterra descontó, pero la reacción no alcanzó. El resultado final fue 4-1. Así, las 17 jugadoras que habían llegado a México sin técnico, sin médico ni indumentaria propia acababan de conseguir la primera victoria argentina en aquel torneo. Selva, además, había escrito su nombre en el partido.

Las Pioneras de 1971. El festejo argentino en el Estadio Azteca luego de vencer a Inglaterra por 4 a 1, un hito fundacional para el deporte nacional (Las Pioneras del Fútbol Femenino ARG)

La magnitud de la escena era difícil de dimensionar para las propias protagonistas. Las más de cien mil personas habían presenciado el encuentro en el Azteca y festejaron el triunfo de las argentinas como si hubieran ganado el campeonato. En el vestuario cantaron y se abrazaron; después, ya en el hotel, se reunieron alrededor del mate para repasar cada jugada. Elba guardó pequeños recuerdos de aquellos días, como las medallas que algunos hinchas mexicanos les regalaban cuando las reconocían por las calles.

Pero aquella tremenda hazaña no tuvo repercusión en Argentina. Los medios nacionales prácticamente ignoraron la actuación de las jugadoras. El contraste fue todavía mayor cuando regresaron al país: en el aeropuerto no hubo periodistas ni multitudes esperándolas.

Elba regresó y ya no tenía trabajo. Necesitaba volver a trabajar. La alegría de México quedó mezclada con la frustración del regreso. Su gesta no había sido vista por nadie en Argentina, excepto su familia. Poco después decidió alejarse del fútbol y dejó aquella historia guardada. Al igual que todos.

Pioneras: Gloria

El regreso de una historia que nadie contó

Durante los años siguientes, el fútbol quedó atrás y su participación en el Mundial Femenino de 1971 se convirtió en un recuerdo que casi nadie conocía. Sus vecinos tampoco sabían lo que había ocurrido en México y, con el paso del tiempo, aquella tarde en el Estadio Azteca dejó de formar parte de sus conversaciones. Para ella, había sido una etapa importante, pero también estaba asociada a la discriminación, los malos tratos y la pérdida de su trabajo.

Pero, dicen que el sol no se tapa con la mano. Cuarenta y ocho años más tarde, una exarquera de la selección argentina decidió buscar a las mujeres que habían integrado aquel plantel. Lucila Sandoval comenzó a rastrear a las pioneras para poder reconstruir aquella historia que había quedado fuera de los registros más conocidos del fútbol argentino. Cuando encontró a Elba, la goleadora fue una de las que más se resistió a volver sobre aquel pasado. No buscaba homenajes ni reconocimiento y prefería mantener su vida lejos de los medios.

La insistencia de Lucila terminó abriendo aquella puerta que había permanecido (inmerecidamente) cerrada durante casi cinco décadas. Elba volvió a encontrarse con sus antiguas compañeras y empezó a contar lo que había sucedido en México. La noticia sorprendió incluso a quienes la conocían desde hacía años. Vecinos y conocidos ahora comenzaban a reconocerla en la televisión y a preguntarle por qué nunca había contado su enorme hazaña ni que había jugado el primer Mundial Femenino para la Argentina.

Las Pioneras en el Mundial de Fútbol Femenino de Francia 2019 (JeanMWilliams)

El reconocimiento también llegó desde las instituciones. El 21 de agosto fue elegido para conmemorar el Día de la Futbolista, en homenaje a los cuatro goles de Elba contra Inglaterra. Promovida inicialmente en 2019 en la Ciudad de Buenos Aires y convertida en ley nacional en 2020, esa fecha recuerda a las pioneras que jugaron cuando el fútbol femenino carecía de estructuras, respaldo y reconocimiento. El homenaje no recuperó solamente una victoria: puso en primer plano a una generación de mujeres que había sostenido el deporte cuando todavía se les decía que una cancha no era lugar para ellas.

Con el tiempo, Elba entendió que su historia ya no le pertenecía solamente a ella. Ella y sus compañeras habían sido pioneras, y eso significaba que abrieron, sin saberlo, un camino que recorrerían las generaciones siguientes. Hoy es una referencia para nuevas futbolistas.

Décadas después, durante el Mundial de Fútbol Femenino de Francia 2019, Elba fue invitada a presenciar el torneo junto a la agrupación Las Pioneras. Allí se reencontró con exjugadoras inglesas que todavía recordaban a aquella número 10 del Azteca. Se reconocieron, se rieron y se abrazaron. El partido de 1971 ya no era un recuerdo escondido: se había convertido en la historia de unas mujeres que se animaron a entrar a una cancha cuando casi nadie creía que ese lugar también les pertenecía.