
En la era del culto a la plata fácil, la historia de EquiQuant Capital parece una de tantas. Según la acusación de la Justicia, se trataba de otra financiera de bajo brillo que ofrecía, a lo largo del territorio argentino, inversiones dudoso tenor, a través de una aplicación del mismo nombre. Hoyy está borrada del mapa.
Funcionaba de la misma forma que otras firmas de inversiones, mucho más sólidas, reconocidas, y para empezar, no sospechadas de ningún delito. Bizarramente, EquiQuant se presentaba a sí misma como una academa de negocios. En esta app, “los colocadores de fondos podían observar cómo les figuraban depositados e invertidos los mismos, que previamente habían transferido hacia variadas cuentas digitales, a requisito y manejo de los “asesores” de la “academia de negocios”“, aseguró Andrés Madrea, el fiscal encargado de investigar el caso, en un reciente dictamen.
Hasta aquí, nada fuera de lo común, otro síntoma de época. Pero la dimensión de la historia vuelve distinta al caso EquiQuant. En una instrucción conjunta con la UFECI y el fiscal Fernando Rivarola del Ministerio Público Fiscal de Chubut, Madrea pidió este semana al juez Darío Bonanno las indagatorias de 26 sospechosos entre líderes, operadores y prestanombres, acusados de reinsertar el dinero robado en una curiosa trama de empresas para ingresar el dinero robado al “circuito formal de circulación de capitales”.
El daño estimado, dijo Madrea en su dictamen ”supera holgadamente los mil millones de pesos». Su expediente condensa una decena de causas penales registradas en el fuero porteño desde fines de 2025, con, al menos, 17 víctimas.
Lautaro Germino, Alan Germino, Carlos Santiago Hazarabedian, Ignacio García Palma y María Fernanda Villanueva Salazar integran la presunta cúpula del caso, acusados de “haber ejercido la conducción y el diseño estratégico”. Los delitos de los que se los acusa: intermediación financiera no autorizada, lavado de activos y estafas. Madrea pidió la prisión preventiva para Lautaro Germino y Hazarabedian, contador de profesión. No hará falta un arresto; ambos, junto con Alan Germino, fueron detenidos en mayo último en CABA y el Conurbano bonaerense por orden de la Justicia de Chubut, con tres meses de prisión preventiva, ya que una víctima los denunció en Puerto Madryn. La causa chubutense fue investigada por la Unidad Fiscal Especializada en Cibercrimen y Evidencia Digital, a cargo de Rivarola.
El fiscal, también, pidió al juez Bonanno congelar las empresas ligadas a los movimientos del grupo. Se trata de Global T.T. S.A., Instrumental Norte S.A., Smile Tecnologías S.R.L., entre otras doce firmas y personas físicas.
Lautaro Germino, de 29 años, registrado como financista en ARCA, ex empleado de una importante multinacional, acumula más de $10 millones en deudas de larga data. Sus datos personales fueron empleados para activar las billeteras virtuales de Grupo Financiero Big Ben, una de las empresas de la trama, registrada en diciembre de 2025 bajo el rubro de servicio de informática y presidida por un prestanombres de Merlo que también integró otros directorios del bizarro holding de presuntos timadores.
A Lautaro, también, lo acusan de operar las cuentas desde España, con un viaje registrado a fines de 2025 por Migraciones, así como de recibir giros millonarios. Su hermano mellizo Alan, con domicilio en Castelar, también detenido en la redada de mayo, habría aportado las oficinas del grupo en la calle Maipú, a las que alquiló junto a su mellizo.
Carlos Santiago Hazarabedian es un caso distinto. De 64 años, contador, integró varias empresas en la década pasada. El fiscal Madrea lo acusa de diseñar y manejar Instrumental Norte, otra de las empresas involucradas en el supuesto lavado, también frenteada por prestanombres.
La burbuja de EquiQuant comenzó a estallar, al igual que el caso Cositorto, en redes sociales. Expertos de Instagram en finanzas alertaban de la supuesta poca seriedad de EquiQuant. Los propios usuarios se dieron cuenta, de acuerdo a sus testimonios, cuando pedían recuperar sus ganancias, o retirar la inversión. Así, se encontraban con “distintas excusas, como la necesidad de “integrar pagos” para permitir la liberación de los activos, o la solicitud de nuevas transferencias para cubrir el costo de presuntos impuestos establecidos por ARCA», siguió Madrea. “Así, el timo se prolongaba hasta las últimas puntadas”, finalizó el fiscal.
EquiQuant, por su parte, borró toda su huella digital. Ya ni siquiera puede encontrarse un logo de la firma.










