Sofía Forlenza tenía catorce años cuando compañeros de su escuela en Posadas, Misiones, tomaron de forma oculta fotos por debajo de su pollera y las difundieron sin consentimiento en grupos de WhatsApp, donde otros alumnos calificaban los cuerpos de las estudiantes y escribían comentarios. La situación modificó su relación con la escuela y llevó a las alumnas a reclamar medidas para no compartir el aula con los involucrados.
La joven, que hoy tiene 19 años, recordó en Infobae Al Mediodía que las chicas empezaron a enterarse de lo que ocurría durante conversaciones en los recreos. “Nos contaron que están mandando fotos de ustedes a grupos de otros chicos de otros colegios”, relató sobre el momento en que identificaron la circulación de las imágenes.
Las fotografías se obtenían en las escaleras de la escuela y luego eran compartidas entre estudiantes de distintos establecimientos de la ciudad. La cercanía entre esos grupos permitió que la información llegara a las adolescentes afectadas.
Las escaleras, de recorrido cotidiano a lugar de temor
Los intercambios incluían números y mensajes sobre rasgos físicos de las alumnas. Forlenza describió esos grupos como espacios donde aparecían “todos los comentarios que se te ocurra que ellos querían decir”.

La joven revisó junto a otras chicas qué se decía, cómo se expresaban los participantes y cuántos intervenían. El contenido le mostró que varios alumnos trataban la difusión como una broma.
Lo que más la impactó, según relató, fue “la impunidad con lo que ellos estaban haciendo”, mientras que el tono de las conversaciones reflejaba morbo y aprobación entre quienes compartían las fotos.
El episodio no quedó limitado a un curso. Forlenza y otras alumnas detectaron situaciones similares en otras escuelas de Posadas, y la organización entre chicas impulsó a más estudiantes a contar experiencias propias o hechos que habían atravesado amigas que no se animaban a hablar.
La convivencia dentro de la escuela se volvió tensa porque algunos de los alumnos señalados se sentaban a pocos bancos de distancia de las chicas afectadas. Las estudiantes pidieron que fueran separados y rechazaron la posibilidad de seguir en el mismo aula.
“Era muy fuerte tenerlos sentados dos sillas al lado mío”, expresó Forlenza. La institución no adoptó medidas inmediatas, según su relato, y las respuestas llegaron cuando el caso superó el ámbito del curso e involucró a alumnas de distintos colegios.
Algunos alumnos pasaron a una modalidad virtual, mientras que otros continuaron asistiendo a la escuela en aulas separadas. También se organizaron charlas de Educación Sexual Integral, conocida como ESI, y espacios de reflexión sobre el respeto a la integridad de otras personas.

Las escaleras dejaron de ser un trayecto rutinario para convertirse en un lugar asociado al temor. Forlenza recordó que antes iba sola al quiosco durante el recreo y subía o bajaba sin pensar que alguien podía fotografiarla.
El debate entre las familias y los nuevos riesgos digitales
Las reacciones familiares fueron dispares. Algunos padres responsabilizaron a las chicas por usar polleras cortas y hablaron de una supuesta “provocación” hacia sus compañeros.
También surgieron cuestionamientos sobre vínculos previos entre estudiantes. Forlenza indicó que esas expresiones aparecieron en las conversaciones posteriores al descubrimiento de los grupos.
Otras madres y padres repudiaron la difusión de las imágenes y acompañaron los reclamos de las alumnas. Participaron de reuniones con las autoridades escolares para pedir acciones que modificaran la convivencia con los jóvenes involucrados.
La joven vinculó lo ocurrido en su escuela con casos recientes de imágenes modificadas mediante inteligencia artificial. Esa tecnología no formaba parte de su vida escolar cuando tenía 14 años, pero consideró que las prácticas de difusión sin consentimiento adoptaron nuevas formas y valoró que algunos casos llegaran a la Justicia.

Forlenza mencionó a adolescentes que temen publicar fotos en Instagram por la posibilidad de que sean manipuladas o difundidas. “No puedo subir ni una foto a Instagram en mis vacaciones en Brasil porque tal vez puede terminar en cualquier cosa”, concluyó.
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