La tecnología modifica hábitos cotidianos, capacidades mentales y decisiones económicas, mientras la inteligencia artificial acelera la disputa entre empresas y Estados. Alberto Ades, economista, PhD por Harvard y abogado por la Universidad de Buenos Aires (UBA), sostuvo que Argentina tiene una oportunidad para ganar peso como proveedor de energía y minerales en un escenario de tensión entre Estados Unidos y China. En una entrevista con Infobae A las Nueve, también analizó el cambio de hábitos cotidianos y planteó que sus beneficios conviven con la pérdida de algunas capacidades.
El economista presentó Lo que se desvanece, un libro sobre los efectos de la tecnología en la vida diaria. Allí aborda cambios en la comunicación, los vínculos familiares, la atención y la toma de decisiones. Según explicó, las herramientas digitales simplifican muchas tareas, pero también modifican la manera en que las personas se orientan, se informan y se relacionan. A ese proceso sumó un cambio mayor: la competencia entre las grandes potencias por controlar industrias, datos y recursos clave.
Estados Unidos busca producir bienes que antes importaba
Ades describió un escenario en el que algunas grandes empresas manejan ingresos comparables con la recaudación tributaria de varios países. Al mismo tiempo, dijo que los gobiernos volvieron a intervenir en sectores que consideran centrales para su economía y su seguridad.
Tras la caída del Muro de Berlín, recordó, se extendió la idea de que el comercio global y las empresas privadas podían organizar gran parte de la producción. Así crecieron las cadenas de abastecimiento entre países: un producto podía diseñarse en un lugar, fabricarse en otro y venderse en muchos mercados.

Para el economista, esa etapa empezó a cambiar durante la última década. Estados Unidos busca recuperar parte de su producción industrial, en especial en áreas como los semiconductores y la inteligencia artificial. “Los tenemos que producir nosotros”, resumió Ades sobre esa posición.
El avance de China y la pandemia fueron dos factores que aceleraron el cambio, según su análisis. Ades señaló que muchos países occidentales esperaban que China se integrara al sistema económico mundial de una forma similar a Japón o Alemania. Sin embargo, afirmó que se convirtió en un competidor estratégico para Estados Unidos.
La pandemia mostró hasta qué punto muchas empresas dependían de proveedores instalados en China. Ades también mencionó la discusión por los minerales críticos, que son necesarios para fabricar baterías, equipos electrónicos y otras tecnologías. “Yo no te vendo los minerales que vos necesitás”, ejemplificó al describir ese tipo de conflicto.
América Latina puede aportar energía, minerales y trabajo
En ese contexto, Ades consideró que América Latina puede ganar importancia como proveedora de energía, materias primas y trabajadores para Estados Unidos. Relacionó esa posibilidad con la guerra entre Rusia y Ucrania, que comenzó en 2022, y con el vínculo entre Moscú y Beijing.
El economista recordó que Rusia abastecía de energía y minerales a varios países occidentales. A partir de la guerra, explicó, Estados Unidos buscó reducir los riesgos de depender de países con los que mantiene tensiones políticas o comerciales. Para eso, impulsa inversiones y producción más cerca de su territorio.

Señaló que la región tiene ventajas por su cercanía geográfica, sus recursos y la ausencia de conflictos étnicos, raciales o políticos de la magnitud de los que afectan a otras zonas. Reconoció que China tiene un mercado y una población mucho mayores, pero remarcó que la ubicación de América Latina puede ser un factor relevante.
Argentina reúne recursos y cercanía con Estados Unidos
Sobre Argentina, Ades mencionó sus recursos naturales, su ubicación y la relación política entre el presidente Javier Milei y el mandatario estadounidense Donald Trump. “Tenemos una oportunidad increíble”, afirmó.
También habló de proyectos de infraestructura que permitan conectar la cordillera de los Andes con la costa. El objetivo, explicó, es facilitar el transporte y la exportación de minerales y energía.
Para Ades, el avance de esa agenda depende en buena medida de las decisiones de quienes ocupan cargos públicos. Sostuvo que las políticas se aplican cuando los funcionarios creen en ellas y las convierten en prioridades.
El economista dijo que varios gobernadores ven una posibilidad de desarrollo para las provincias que tienen recursos naturales. A la vez, cuestionó las políticas que trasladan recursos del sector primario hacia industrias que, según su mirada, no tienen condiciones para competir. Ubicó ese modelo en la Argentina desde mediados de la década de 1940.
El libro analiza lo que se gana y lo que se deja de usar
Ades aclaró que su libro no propone volver al pasado ni rechazar los avances tecnológicos. “No intenta ser una elegía, no intenta ser nostálgico”, dijo. Su planteo consiste en observar con atención qué se gana con las nuevas herramientas y qué prácticas pueden quedar de lado.
El economista mencionó aplicaciones como Waze, los relojes inteligentes y los dispositivos que miden actividad física. Señaló que sus ventajas son conocidas y valoradas por los usuarios. “Todo lo que ganamos lo sabemos”, afirmó.
Sin embargo, advirtió que se habla menos de las capacidades que se usan con menor frecuencia. Entre ellas citó la lectura sostenida, la concentración y la orientación espacial. Para Ades, el uso permanente de herramientas que resuelven esas tareas puede cambiar los hábitos de las personas.
También se refirió a una nueva forma de comunicarse por teléfono. Antes de llamar, muchas personas consultan si el otro puede hablar, si prefiere recibir un mensaje o si acepta un audio. “No podés irrumpir”, resumió sobre esa regla que se extendió con los celulares y las plataformas de mensajería.

Alertó, además, sobre la información personal que los usuarios entregan a las empresas tecnológicas al usar sus servicios. “Ningún régimen político, por totalitario que fuera, logró lo que ha logrado la tecnología”, afirmó. “Nosotros financiamos nuestra vigilancia”, agregó.
Sobre la inteligencia artificial, sostuvo que su avance puede llevar a la creación de reglas específicas para sectores como defensa, seguridad y energía. También observó que las grandes empresas suelen pedir regulaciones, aunque esas normas pueden servir para proteger a quienes ya dominan el mercado.
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