
El empresario Elías Piccirillo se encuentra bajo prisión domiciliaria en la causa que lo investiga por plantarle un kilo y cuarto de cocaína y un arma robada a Francisco Hauque -vinculado a la empresa cripto CoinX e investigado en el escándalo de las SIRA– en el baúl de su Audi Q8, tras una cena en el Palacio Duhau, ocurrida en enero de 2025.
La droga, según la acusación de la Justicia, fue plantada en el marco de un operativo trucho, una falsa requisa por violencia de género de la Policía de la Ciudad ocurrido en Puerto Madero, una maniobra a cargo de presuntos agentes corruptos, entre ellos el ex PFA Sebastián “El Lobo” Smith. El motivo: una supuesta deuda de seis mil millones de pesos entre Piccirillo y Hauque.
En la causa, hay 9 acusados en total. Anahí Marisol Aquino Laprida, pareja de Hauque, presente aquella noche, es querellante en el expediente investigado por el fiscal Franco Picardi y el juez Ariel Lijo. En las últimas horas, Aquino Laprida, representada por el eximio abogado penalista Augusto María Cassiau, pidió que Piccirillo sea finalmente elevado a juicio con el resto de los acusados.
Así, Laprida se suma a idénticos pedidos realizados por el fiscal Picardi -con un requerimiento maratónico de 257 páginas firmado a fines de junio de 2026- y la propia querella de Hauque, a cargo del abogado Carlos Pousa Bogado.
Para concretar su plan, “Piccirillo se reunió con Carlos Sebastián Smith -con quien lo unía un vínculo previo- y le entregó la suma de U$S 30.000. A cambio de ello, le encomendó a Smith que consiguiera una brigada policial que ejecutara el operativo al día siguiente”, aseguró Picardi en su imputación.

En ese encuentro, Hauque le explicó a Smith ”el conflicto que mantenía con Hauque y le anticipó que, cuando se concretara el procedimiento, en el automóvil de la víctima “iba a haber armas y drogas”“, siguió el fiscal.
”Smith aceptó el encargo y convocó al entonces comisario Iván Carlos Helguero de la División Robos y Hurtos Norte de la Policía de la Ciudad, y ex compañero suyo en la Policía Federal Argentina», otro de los imputados. Así, los policías se habrían repartido 20 mil dólares para ensuciar a un inocente.
Así, el abogado de Laprida pidió que Piccirillo, Smith y Helguero respondan como “coautores del delito de privación ilegítima de la libertad con fines coactivos, agravada por la intervención de tres o más personas y por el empleo de estupefacientes para facilitar o ejecutar el delito”. En el caso de Helguero, “también por su condición de funcionario público en concurso ideal con tenencia simple de estupefacientes y encubrimiento agravado”.
A Piccirillo, también, pidió que se le sumen en un posible juicio las acusaciones de tenencia ilegal de arma y cohecho, o sea, coimear a la Policía.
El abogado, por otra parte, afirmó que la pareja de Hauque “no es un sujeto pasivo” en la trama. También, pidió que se aplique la perspectiva de género. La excusa del falso operativo es aquí la clave:
“El hecho tiene, además, una dimensión de género que surge de la propia prueba. El pretexto invocado por la brigada para interceptar el vehículo, que conducía mi mandante, fue que Hauque estaría ejerciendo violencia de género contra ella. La Fiscalía demostró que esa situación era falsa y fabricada, y advirtió que ese pretexto “no podría haberse fabricado si no estaba la pareja de Hauque con él”. Por eso Piccirillo insistió en que Hauque concurriera con ella a una “cena de parejas” cuya otra mitad nunca apareció“.
“Mi mandante fue, entonces, una pieza necesaria de la maniobra. Se la hizo concurrir a una cena con una excusa falsa para presentarla ante la Policía como supuesta víctima de violencia de género y, con ese pretexto, privarla de su libertad y exponerla a una imputación penal por narcotráfico”, finalizó el querellante.










