
Cuando tenía siete años, Nancy Muñoz encontraba en la cocina de su abuela Dominga algo más que una preparación dulce. Se quedaba cerca, atenta a sus movimientos, escuchaba sus indicaciones y aprendía, casi sin saberlo, los secretos de las tabletas iglesianas. Aquella niña que observaba y guardaba cada enseñanza no imaginaba que, con el paso de los años, ese saber familiar se convertiría en el corazón de su propio emprendimiento.
Décadas después, Nancy sigue elaborando aquellas tabletas en Iglesia, San Juan, donde sostiene desde hace cerca de veinte años Arco Iris Tabletas Iglesianas. Su trabajo conserva una tradición gastronómica local, pero también una historia íntima: la de una receta que pasó de una generación a otra y que hoy continúa viva en las manos de quien aprendió a prepararla durante la infancia.
Su emprendimiento forma parte de Mujeres de Montaña, una ruta turística que reúne a doce emprendedoras de Iglesia y propone conocer el territorio a través de sus sabores, oficios e historias. Entre esas experiencias, la de Nancy tiene un punto de partida singular: una niña, una abuela y un aprendizaje que terminó convirtiéndose en una forma de mantener vivo un dulce legado.

Una receta que guarda el sabor de Iglesia
Las tabletas iglesianas son una de las especialidades tradicionales de la gastronomía de Iglesia, en el norte de San Juan. Esta preparación dulce, transmitida de generación en generación, combina masa, relleno y merengue en una receta artesanal que forma parte de la identidad gastronómica del departamento. Su elaboración conserva los saberes de las cocinas familiares y es también una fuente de trabajo para emprendedoras y productores de la zona.
En el caso de Nancy, la masa, el dulce de alcayota y el merengue forman parte de un proceso al que suma un toque de licor y distintas especias aromáticas. “La particularidad de mi tableta es que es todo casero. Desde la masa hasta el dulce de alcayota y el merengue los hago yo”, contó. La dedicación comienza incluso antes de la elaboración: ella misma siembra y cosecha la fruta que utiliza para preparar el dulce que rellena sus tabletas.

Además de esas tabletas, elabora pan casero, semitas, tortitas al rescoldo y, en ocasiones, tortas fritas o sopaipillas, como las llaman en Las Flores. Son distintas preparaciones que amplían su propuesta gastronómica y mantienen presentes los sabores de la cocina tradicional.
A lo largo de casi veinte años, Nancy fue construyendo su emprendimiento y participando en ferias departamentales y provinciales, espacios que le permiten dar a conocer sus productos. Pese a ello, ampliar ese alcance también fue uno de los retos que debió afrontar. “Uno de esos desafíos fue lograr mayor difusión, organizarnos y generar oportunidades para nuestros productos y llegar a más personas”, explica.
Así, las tabletas de Arco Iris representan mucho más que un producto regional. En cada preparación conviven el trabajo artesanal, los sabores de Iglesia y una tradición familiar que Nancy mantiene viva mientras busca nuevas oportunidades para compartirla.

Arco Iris, un nombre nacido del mejor recuerdo
Dominga Esquibel, la abuela materna de Nancy había perdido la vista a raíz de un accidente cuando su nieta era una niña y aún así le enseñó cómo prepararlas. La pequeña la escuchaba con atención y guardaba cada indicación en la memoria. Pero sus enseñanzas iban más allá de la cocina.
“Mi abuela ocupó un lugar especial en mi vida desde muy pequeña. Fue una mujer muy especial, que me enseñó mucho. Aprendí de ella el valor, el esfuerzo y a no rendirme”, recuerda la artesana. Y agrega: “A pesar del accidente que tuvo y de que perdió la vista, ella me enseñó muchas cosas. Sobre todo, aprendí que con esfuerzo y perseverancia se puede salir adelante”.
Uno de los recuerdos más queridos también dio nombre a su emprendimiento. Una tarde, después de la lluvia, su abuela estaba sentada en el umbral de la puerta. Nancy se acomodó a su lado y apoyó la cabeza sobre su falda. Cuando salió el sol, miró hacia el cielo y descubrió un arcoíris.

“Vi un arco de todos colores. Entonces le pregunté a mi abuela qué era y ella me dijo que se llamaba arcoíris. Yo le dije: ‘Abuela, mi nombre es Iris’. Y ella me respondió: ‘Sí, hija, ya sé. Quiero que tu vida sea así: bonita, como los colores del arcoíris’”.
Años después, Nancy eligió ese momento para darle vida a su emprendimiento Arco Iris Tabletas Iglesianas. El nombre conserva aquellas palabras de Dominga y acompaña un trabajo que tiene un significado profundo para ella. “Lo elaboro con mucho amor y entusiasmo, porque siento que, a través de mis manos, cuando hoy preparo cada tableta, mi abuela está presente y sigue viva a través de mi trabajo”, explica.
Su madre también ocupa un lugar importante en esta historia. Nancy recuerda el amor y la dedicación con que cuidó de ella, de Dominga y de sus hermanos. “Mi abuela me dejó una receta que hoy mantengo viva con mis manos, y mi mamá me enseñó con su ejemplo el valor, el amor y la entrega familiar. Todo eso es parte de la historia de Arco Iris”.

De la fe en Achango al trabajo compartido en Mujeres de Montaña
Otro de los recuerdos de infancia que hoy siguen presentes en la vida de Nancy está ligado a la Fiesta de la Virgen del Carmen de Achango. Desde pequeña participaba de la celebración junto a su madre y sus hermanos. Cada 16 de julio, la histórica iglesia recibe a fieles y visitantes de distintos lugares que llegan para honrar a la Virgen.
“Participaba desde muy pequeña, con mucha fe y devoción. Íbamos con mi mamá y mis hermanos a esas fiestas”, recuerda. Con los años, sumó sus tabletas a esta tradición. Hoy lleva sus productos para compartirlos con la comunidad y acercarlos a quienes visitan Iglesia. “No es tan solo la fe y la devoción a la Virgen, sino también llevar ese producto y que lo conozca mucha gente, no solo de acá de la provincia y de mi país, sino también de fuera”, explica.
La búsqueda de nuevos espacios para dar a conocer su trabajo también la llevó a formar parte de la Ruta Turística Mujeres de Montaña, una iniciativa que reúne a doce emprendedoras de Iglesia. El circuito combina propuestas de gastronomía regional, hospedaje, tejidos, artesanías, producción local y otros servicios turísticos. Incluye cabañas, comedores, un emprendimiento de té cerca de la aduana, tejidos a crochet y en telar criollo, jabones artesanales y trabajos de ornamentación, entre otras propuestas gastronómicas como Delicias Tita, y proyectos como El Viejo Carretón, Café y Atelier Las Flores, Finca El Martillo, Más que un Objeto Tejidos y Gea Biocosmética. La ruta cuenta con un servicio de remís y un pasaporte turístico que permite registrar las visitas a cada parada y acceder a descuentos o regalos al realizar consumos.

Para ella formar parte de esta iniciativa representa una oportunidad de crecer junto a otras mujeres y compartir experiencias. “A lo largo de los años he visto cómo las mujeres se fueron uniendo, ganando espacio para mostrar sus capacidades, sus productos y sus emprendimientos. Hoy tenemos más oportunidades para darnos a conocer”, señala.
El trabajo asociativo también permite ampliar la difusión de cada propuesta y ofrecer a los visitantes distintas maneras de conocer Iglesia. “Formar parte de la ruta turística Mujeres de Montaña significa mucho para mí, porque nos permite unirnos, compartir experiencias y hacer más visibles nuestros emprendimientos”, agrega.
Para experimentarlo, invita a recorrer el circuito y descubrir la variedad de productos y servicios que ofrecen sus integrantes. “En cada recorrido se van a llevar un pedacito de nuestra querida tierra iglesiana, ya sea a través de algún tejido, alguna artesanía o de un bocado dulce o salado”.

Una herencia que quiere seguir en otras manos
A lo largo de su vida, Nancy enfrentó momentos muy duros, entre ellos la pérdida de su esposo. “Cambió mi vida y me obligó a encontrar fuerzas para seguir. No fue fácil”, recuerda. El acompañamiento de sus hijos y nietos fue fundamental para afrontar esa etapa y sostener su emprendimiento.
Hoy, su familia sigue siendo un apoyo importante. Nancy espera que sus hijos y nietos conozcan los orígenes de Arco Iris y reconozcan el valor de la tradición que recibió de su abuela y conserva a través de cada preparación.
“Mi mayor deseo es que mis nietos conozcan la historia de su bisabuela, el amor con que me transmitió la receta y todo lo que significa la tableta iglesiana para mi familia y para Iglesia”, expresa.
Nancy sueña con que sus descendientes mantengan viva ese legado familiar. “Mi mayor herencia no será solamente una receta, sino una historia de amor, esfuerzo y tradición que comenzó con mi abuela. Es un sueño ver que mis hijos y mis nietos continúen con todo esto”, finaliza.










