“Una fábrica de droga”: la trama de la falsa denuncia al cultivador de hongos que terminó preso

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A comienzos de este mes, Marcelo J. volvió a su casaquinta en Maquinista Savio y entendió que era tiempo de reconstruir. Había pasado 48 horas detenido en una celda de la Policía Federal, en una causa a cargo del magistrado Adrián González Charvay, titular del Juzgado Federal de Campana. Ex director de series, ex estudiante de biología, dedicó sus últimos años a un emprendimiento propio: cultivar hongos, allí, en su casa. Todo, hasta que alguien lo denunció. La acusación: sus hongos serían droga.

El jueves 6 de este mes, la PFA irrumpió con una orden del juez Charvay en su casa. Revisaron sus ambientes, sus dos gazebos y una habitación especial de acondicionamiento. Un perito oficial que se presentó en el lugar aseguró que un hongo que crecía en un bloque era, posiblemente, el poderoso psilocibe, un conocido alucinógeno, castigado por la Ley de Drogas argentina.

Así, avanzaba el expediente en su contra, por el delito de cultivo de estupefacientes en concurso ideal con tenencia para la venta, la calificación de un presunto granjero narco.

Los policías se llevaron 36 bloques con hongos ya formados, jeringas con esporas, otras 75 bolsas con hongos en proceso de crecimiento, balanzas, todo el inventario de Marcelo, básicamente. Entonces, detenido, el granjero esperó en la celda. Se ordenó una pericia a los hongos secuestrados, para saber si eran droga. González Charvay lo indagó.

Poco después, Marcelo -un nombre empleado en esta nota para proteger su verdadera identidad- salió libre. Fue sobreseído por el magistrado federal de Campana, sin que la causa en su contra afecte su buen nombre y honor. El resultado de la pericia fue determinante. El Laboratorio Químico del Departamento Científico Pericial de la Prefectura determinó que las seis muestras entregadas para analizar “no contienen sustancias psicotrópicas”. Ninguna correspondía a un estupefaciente.

El hongo pholiota, comestible, confundido por las autoridades con el psilocibe alucinógeno

Infobae reveló la historia la semana pasada. Se generó un movimiento en redes sociales; los entusiastas de los hongos de la Argentina actual -una mezcla de gourmets y buscadores del bienestar, en una cultura ascendente que es mitad comida, mitad medicina- apoyaron al cultivador y a su emprendimiento.

Tras enfrentar la doctrina en seguridad de “detener primero, preguntar después”, el hombre de Maquinista Savio decidió reconstruir, seguir adelante. Pide ayuda en sus redes, hace catarsis; la gente se la da.

Todavía quedan preguntas en esta historia. La denuncia que comenzó todo, y la ruta que esa denuncia siguió, se vuelven particularmente interesantes. La denuncia misma revela que la historia comenzó hace meses. Fue presentada a mediados de enero de este año, de forma anónima. No la recibió la PFA, sino la Secretaría de Seguridad de la Municipalidad de Escobar, donde se encuentra la localidad de Maquinista Savio.

Anónima y todo, se cree que habría venido del propio barrio. El texto de la denuncia misma habla de “un vecino preocupado por los pibes”.

Una de las salas de la granja allanada

La denuncia de “un vecino”

El “vecino” denunció: “Quiero denunciar que en una casa-quinta, el dueño, que vino hace poco de México, tiene en el lugar un laboratorio donde fabrica droga, que este hombre tiene una moto grande y un auto y está envenenando a nuestros pibes, les pedimos que hagan algo, sino vamos a tener que llamar a los medios porque esto no puede ser. Un vecino preocupado por los pibes”.

Hay varias curiosidades aquí. Para empezar, “el dueño” no es mexicano, sino uruguayo.

La denuncia fue tomada por la fiscalía federal de la zona, que impulsó la causa y ordenó tareas de vigilancia. La PFA fue a la dirección adjuntada en la denuncia. Encontraron, efectivamente, la casaquinta. No hizo falta volar un drone. Allí, pudieron ver desde la puerta que existían dos invernaderos y la sala de germinación. Los detectives entrevistaron a otros vecinos, que hablaron de “un olor”, que venía de la propiedad.

Entonces, sin mucho más preámbulo, se allanó el lugar. Las redes del emprendimiento de Marcelo, como su perfil de Instagram, donde dice claramente que vende hongos comestibles, y no droga, no habrían sido relevadas.

El posteo en el Instagram del emprendimiento del cultivador de hongos

El descargo del cultivador

Días atrás, Marcelo el granjero realizó un posteo en sus redes. Resolvió la duda de las fuerzas: el hongo de la polémica, el supuesto psilocibe, era un simple pholiota adiposa, el llamado hongo de la nuez, apreciado en cocina por su textura y sabor. La sola sospecha, dijo Marcelo, “alcanzó para allanar también mi casa donde me encontraba con mi familia y llevarme detenido”.

“La realidad es más simple: nosotros cultivamos comida, lo demostré y hoy ya fui sobreseído de la acusación de producir y procesar drogas… Cuando volvimos a la honguera nos encontramos con un desastre: infraestructura destrozada, bloques de sustrato perdidos, herramientas desaparecidas, insumos dañados. Meses de trabajo perdidos, sin herramientas para reconstruir y una importante deuda por honorarios de abogados. Recién estábamos arrancando, y no queremos parar”.

Así, pidió donaciones, y ratificó: “El cultivo de hongos comestibles debe ser más visible y su consumo difundido, para que confusiones como esta no pasen nunca más. Ayudanos a a divulgar”.