
Diego Maradona tenía todos sus órganos enfermos. Así quedó expuesto a lo largo del juicio oral por su muerte, que ya lleva cuatro meses de duración. Pero, por si quedaba alguna duda, ahora también lo confirmaron ante los jueces los peritos que integraron la Junta Médica que analizaron detalladamente el caso del astro del fútbol.
En las últimas audiencias pasaron el cardiólogo, el nefrólogo y el toxicólogo, que formaron parte de la pericia que constituye la prueba central de la acusación contra los siete imputados que tiene la causa.
El cardiólogo concluyó que Maradona tenía un corazón un 40% más grande de lo normal, producto de secuelas por consumo de tóxicos, que sufría una miocardiopatía dilatada y que nunca recuperó un estado cardíaco normal tras la crisis que sufrió en 2000.
El nefrólogo, por su parte, afirmó que Diego tenía una enfermedad renal crónica con daños acumulados durante al menos diez años, los cuales fueron agravados por factores como hipertensión, obesidad y consumo de cocaína, lo que dejó sus riñones con lesiones irreversibles.
El toxicólogo, finalmente, sostuvo que Maradona recibía una combinación de psicofármacos con potencial impacto cardíaco y renal, sin los controles médicos adecuados, en un contexto de abstinencia grave de alcohol y sin supervisión clínica suficiente para su compleja condición.
Los tres coincidieron en un dato que complicó a los médicos tratantes de Maradona, acusados de homicidio simple con dolo eventual: que de haber hecho una correcta revisación del paciente, habrían advertido que estaba desmejorando integralmente.
El cardiólogo Gustavo Di Niro explicó que antes de la muerte de un paciente siempre existen elementos para advertir una insuficiencia cardíaca, como el aumento de peso, la acumulación de líquidos o signos de disfunción de órganos.
“Uno tuvo que haber tenido una alarma y eso lleva a cambiar la conducta. No lo hizo el cuerpo médico tratante de Diego, porque si yo veo en un paciente y supongo que puede estar teniendo disfunción de órganos y una eventual falla cardíaca, uno aumenta la complejidad y lo lleva a un medio adecuado para ser tratado, que no es una internación domiciliaria. La mayoría de los médicos ante estas situaciones aumentan la complejidad de la atención médica”, afirmó el testigo.
El nefrólogo Hernán Trimarchi explicó que el control del peso corporal es fundamental para advertir problemas renales antes de que se manifiesten síntomas graves.
“Hay que pesar al paciente todo el tiempo. Si empiezo a ver que aumenta mucho de peso repentinamente, 300 o 400 gramos, hay que adelantarse al edema. O el paciente está tomando mucha agua o está comiendo con mucha sal. Eso hace que te anticipes a una insuficiencia cardíaca, edema o a una disnea”, señaló.
En cuanto a las prevenciones, el toxicólogo Carlos Damin dijo que en el caso de la medicación a Diego deberían haberle realizado controles de laboratorio y electrocardiogramas para evaluar el impacto que le estaban provocando en el cuerpo.
“Maradona no tenía un clínico, no tenía un cardiólogo y si bien tenía psiquiatra no estoy seguro de que lo haya visto con la frecuencia que requería. El paciente tomaba mucha medicación que no era lo adecuado una internación domiciliaria, hubiera requerido otro tipo de internación, incluso una involuntaria”, evaluó también.
Las principales conclusiones del cardiólogo
En su informe forense, el cardiólogo Di Niro reveló signos de fibrosis en el corazón, lo que indica la existencia de lesiones crónicas y cicatrización tras eventos isquémicos o infartos previos. “En la necropsia aparecen datos de fibrosis subendocárdica, que es el sector del corazón que suele tener peor irrigación y se ve más afectado en cuadros de descompensación”, explicó el cardiólogo.
En este sentido, detalló que Maradona tenía un cuadro crónico porque en uno agudo no se ve sufrimiento del corazón. “Hubo una evolución más prolongada en este caso. Es raro que en un evento agudo uno acumule líquido así. Esto es un evento subagudo o crónico”.
Las principales conclusiones del nefrólogo
Trimarchi aseguró lo mismo en cuánto al área que él analizó: “Maradona tenía una enfermedad renal crónica”. El nefrólogo dijo que cuando se puso los guantes, detectó que sus riñones tenían superficie rugosa y que un paciente con presión alta puede generar fibrosis en el riñón y esa rugosidad.
“Pude ver lesiones que estaban descritas en la autopsia. Maradona tenía glomeruloesclerosis, es decir que algunos glomérulos estaban cerrados. La causa puede ser, en el caso de Diego, por obesidad, antecedente de haber consumido cocaína, hipertensión arterial. Tenía esas tres causas que explicaban por qué tenía eso”, explicó.
Y siguió: “En la biopsia también vi necrosis tubular aguda. El riñón es el órgano que consume más oxígeno. Se le llama computadora porque está filtrando siempre. Este riñón tenía esta necrosis en varias partes. Pero esos túbulos se pueden volver a regenerar. No se regeneran cuando ya es algo crónico”.
Las principales conclusiones del toxicólogo
Durante su declaración ante el tribunal, el toxicólogo a cargo de analizar la medicación que recibía Diego Maradona describió un escenario complejo en el manejo farmacológico del paciente. En este contexto, enumeró unos siete medicamentos que tomaba el Diez en el último tiempo y dijo que al menos tres de ellos podían traer consecuencias cardiológicas si no se realizaban los controles correspondientes. Además, explicó que todos estaban contraindicados con el consumo de alcohol y la mayoría requería que Maradona no tuviera problemas ni de hígado ni de riñón. No era el caso.
“Muchas de estas medicaciones se metabolizan en el hígado y el paciente tenía una cirrosis, según se supo en la autopsia. Además se eliminan por el riñón, es decir que el paciente tiene que tener buena función renal para saber que esa medicación que le estamos dando se va a poder eliminar. Y además, con la quetiapina, lurasidona y venlafaxina hay que tener un control cardiológico porque puede provocar una afección cardíaca. Hay que estar muy atento. Son controles de rutina”, dijo ante los jueces.
Consultado sobre si durante la internación domiciliaria se realizaron análisis para monitorear estos riesgos, el toxicólogo afirmó que no encontró registros de tales controles. Respecto al analgésico ketorolac, que también tomaba, advirtió que debía utilizarse con suma precaución porque podía agravar los problemas renales ya existentes y que, en este tipo de pacientes, la decisión de su uso debía basarse en una cuidadosa evaluación de riesgo-beneficio y con monitoreos de laboratorio.
En su declaración, aseguró también que el exfutbolista era un paciente de alto riesgo debido a su historial de consumo de cocaína y sostuvo que la internación domiciliaria no era adecuada para un paciente con ese perfil. En este contexto, señaló que hubiera requerido un nivel de atención mucho más riguroso, incluso una internación involuntaria. “Maradona tenía mucha gente cerca y nadie podía pararlo”, aseguró.
Finalmente, consultado sobre las dosis, el toxicólogo explicó que las cantidades de fármacos administradas estaban dentro de los rangos terapéuticos y lejos de los máximos permitidos. Sin embargo, insistió en que la buena práctica médica exige realizar un electrocardiograma y estudios de laboratorio antes de indicar estos medicamentos y repetirlos de manera periódica durante el tratamiento.










