El día que China puso fin a la controvertida política del hijo único, pero no logró revertir la caída de la natalidad

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Una pareja cuida a un bebé en un parque en Pekín (China), en una fotografía de archivo. EFE/Mark R. Cristino

Con un anuncio publicado el 29 de octubre de 2015 por la agencia oficial de noticias Xinhua, China ponía fin a su controvertida política que limitaba a las familias a tener un solo hijo.

La restricción había comenzado a aplicarse en 1979, cuando el Gobierno buscaba frenar el crecimiento de una población cercana a los 1.000 millones de habitantes. El gobierno liderado por Deng Xiaoping temía las consecuencias que ese crecimiento podría tener para sus planes de desarrollo económico y consideró necesario poner un freno a la natalidad. Así fue como, en septiembre de 1980, el Partido Comunista instó formalmente a sus miembros a tener un solo hijo y luego extendió la planificación familiar como política estatal. Según una estimación del Gobierno chino, la medida habría evitado unos 400 millones de nacimientos.

Dos mujeres fueron fotografiadas al pasear con sus hijos por un parque de Pekín. EFE/Roman Pilipey/Archivo

Reglas distintas según el lugar y la familia

La política no afectó a todos por igual. En las ciudades, donde el control fue más riguroso, muchas parejas necesitaban autorización para tener un segundo hijo. En áreas rurales, algunas provincias permitieron un segundo nacimiento si el primero era una niña; las minorías étnicas también tuvieron excepciones. Las normas concretas variaron según la región y a lo largo de los años.

El cumplimiento combinó incentivos para quienes aceptaban el límite, como mejores oportunidades laborales y beneficios en el acceso al crédito y la vivienda. También se ofrecían atención pediátrica preferencial y una licencia de maternidad más extensa. En cambio, quienes incumplían la norma podían recibir sanciones. Entre las consecuencias figuraban multas, que en algunos casos eran equivalentes a un año de ingresos familiares por cada “hijo excedente” y la pérdida del empleo. Organizaciones de derechos humanos y medios internacionales documentaron, además, casos de abortos y esterilizaciones forzadas, prácticas que marcaron la experiencia de numerosas mujeres y familias.

Cartel de propaganda de China de la década de 1980 que promueve la política del hijo único

Por otra parte, la preferencia tradicional por los hijos varones, sumada a esta política, contribuyó a que muchas niñas fueran abandonadas o terminaran en orfanatos. También se registraron abortos selectivos por género e incluso casos de infanticidio femenino. En la actualidad, la población masculina de China supera a la femenina, aunque la diferencia no es muy amplia. Según el Séptimo Censo Nacional de China, realizado en 2020 y publicado en 2021, la población era de aproximadamente 1.412 millones de personas. De ellas, 723,3 millones eran hombres (51,24%) y 688,4 millones eran mujeres (48,76%). La proporción era de unos 105 hombres por cada 100 mujeres. Sin embargo, la distribución varía según la edad: mientras que algunas generaciones tienen más hombres, entre las personas mayores la proporción se equilibra e incluso puede haber más mujeres, debido a su mayor esperanza de vida.

La medida dejó una generación de hijos únicos, muchos de los cuales ahora enfrentan una doble responsabilidad: criar a sus hijos y hacerse cargo de sus padres ancianos.

Una infografía detalla la transición demográfica de China desde la política de hijo único en 1979 hasta los subsidios actuales para fomentar la natalidad frente al costo de vida. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La preocupación por el envejecimiento de la población y la reducción de la fuerza laboral que sostiene a quienes ya no están en edad de trabajar llevaron a una flexibilización gradual de la política. En 2013, las parejas en las que uno de los integrantes era hijo único pudieron solicitar autorización para tener un segundo hijo.

Deng Xiaoping, el líder supremo de la República Popular China desde 1978 hasta 1989

El anuncio de que las parejas casadas podrían tener dos hijos se hizo el 29 de octubre de 2015, aunque la nueva norma entró en vigor el 1 de enero de 2016. El final de la restricción no implicó, sin embargo, que las familias optaran automáticamente por tener más hijos. Los costos de vivienda y la educación, la inestabilidad laboral, el cuidado de los adultos mayores y el cambio de mentalidad pasaron a ocupar el centro de las decisiones reproductivas.

Desde 2021, las parejas pueden tener hasta tres hijos, según la ley nacional, una política introducida ese año para intentar frenar el envejecimiento de la población y la caída de la natalidad. La realidad es que las familias optan por tener un hijo, si es que deciden tenerlo.

Subsidios que no alcanzan para criar un hijo

Mi Ya, madre de 34 años y residente de Shanghái, considera que los beneficios estatales no compensan los gastos de formar una familia. “El costo de criar hijos en las grandes áreas urbanas es simplemente demasiado alto y los subsidios parecen una gota en el océano”, afirmó a CNN.

Las autoridades locales han ofrecido exenciones fiscales, ayudas para vivienda, pagos directos y extensiones de la licencia por maternidad. Durante el último año, el Gobierno chino concedió bonificaciones anuales de 3.600 yuanes, unos USD 500, a las familias con hijos menores de tres años. También anunció que para 2026 eliminaría los gastos de parto en hospitales y presentó un proyecto de ley sobre servicios de cuidado infantil.

El Gobierno chino implementó bonificaciones anuales de 3.600 yuanes por niño menor de tres años para incentivar los nacimientos

No obstante, algunas mujeres denunciaron que trabajadores sociales las llamaron para preguntarles por sus planes de maternidad. Esos contactos alimentaron el temor a que la promoción oficial de la natalidad derive en nuevas presiones sobre las decisiones reproductivas.

Jóvenes con trabajo que aún dependen de sus padres

Para Zhou, un ingeniero de 27 años de Hefei, tener trabajo no alcanza para proyectar una familia. El joven explicó que todavía depende económicamente de sus padres y resumió su situación con una pregunta: “Si no podés ganar dinero, ¿cómo te atrevés a tener hijos?”

El desempleo juvenil, la desaceleración económica y las dificultades de los recién graduados para conseguir empleo redujeron la predisposición de muchas personas a casarse o tener descendencia. La incertidumbre económica se suma al costo de la vivienda y la educación en las grandes ciudades.

propaganda de 1986 de la República Popular China que promueve la política del hijo único, con el lema en inglés «Carry out family planning, implement the basic national policy» (Llevar a cabo la planificación familiar, implementar la política nacional básica

El rechazo de muchas mujeres a cargar solas con la crianza

La decisión de no tener hijos también está vinculada a las expectativas sobre el papel de las mujeres dentro del hogar. Muchas jóvenes cuestionan un modelo en el que deben sostener un empleo de tiempo completo y asumir la mayor parte de las tareas de crianza.

Liu, una estudiante de máster de 24 años, dijo que no quería vivir “solo para tener hijos”, sino para sí misma. Su testimonio expone un cambio de expectativas personales que las ayudas económicas no han logrado revertir.

La natalidad de China cayó durante los tres años previos a 2024. Aunque los nacimientos aumentaron levemente ese año, siguieron por debajo de las muertes, informó CNN. Las personas mayores de 60 años ya representan más del 20% de una población de 1.400 millones de habitantes.

Yao Yang, decano del Instituto de Finanzas Avanzadas Di Shui Hu de la Universidad de Finanzas y Economía de Shanghái, sostuvo que las políticas públicas pueden generar oscilaciones y cierta estabilidad, pero advirtió que “la caída de la tasa de natalidad es irreversible”.